viernes, 13 de junio de 2008

LA FELICIDAD, NUESTRA COMÚN PALABRA


JOSÉ MARÍA, escribe

Amigos Antonio y Fernando: he asistido silencioso a vuestro diálogo sobre la felicidad. Y me he admirado al comprobar la gran calidad que late en vuestras líneas... Los “colores del agua” de estos ríos, turbulentos o plácidos, del fluir cotidiano, al tornarse diáfanos, se ofrecen en una rica paleta de color, para pintar lo que es la vida auténtica del vivir de siempre.

Me he preguntado, a veces, si la felicidad se vive solamente de manera individual. Es pregunta crucial. Y me respondo ahora, a la vista de vuestra sincera reflexión sobre el tema, que no hay ni egoísmo ni individualidad solipsista cuando la vida se comparte, cuando la vivencia, la emoción y el afecto, (los colores de la amistad), se viven en comunión con otros. Así he contemplado, en esta casi cercana lejanía, nuestro ya prolongado diálogo: como un “feliz” encuentro... En vuestra palabra -y en la mía, también-, la felicidad se corporeiza. Y, así, vibramos juntos contemplando estas hermosas aguas que descienden, encendidas en colores brillantes, desde los altos montes. Corren felices nuestras propias aguas...

Asumir lúcidamente nuestra vida, compartirla con otros, es vivir felizmente. En aunar horizontes de vida, en vivenciarlos juntos, se guarda nuestro destino ineludible hacia la felicidad común. Profundizarla más, es potenciar nuestro mejor “color”, nuestro mejor “ser hombres”...

San Agustín lo sintetizaba bien: “bene vivere” (vivir una vida buena, auténtica, compartida) es, sin duda, “beate vivere” (vivir felizmente).

INTELIGENCIA EMOCIONAL

FERNANDO escribe:


Amigo Antonio: Impresionante el testimonio de felicidad y de “buen metal” personal que nos has trasmitido, precisamente hoy, el día de tu nombre, Antonio que, por su etimología, significa “florecido” (un árbol florecido es signo universal de felicidad).
Aunque un ejemplo, el tuyo, vale más que mil palabras, voy a añadir un touche psicológico el concepto de Felicidad. Muchas personas orientan sus esfuerzos a liberarse de lo que no quieren ser, a evitar dirigirse adonde no quieren llegar, cuando lo importante es invertir las fuerzas en conseguir ser lo que se quiere ser y en alcanzar las propias metas. Es lo que hoy se entiende, con Goleman, por inteligencia emocional, que define a la persona integralmente inteligente, como lo eres tú, y representa al prototipo de “hombre autorrealizado” que delineó Abraham MASLOW. La verdadera inteligencia es la inteligencia emocional, no lo olvidemos, la que consiste en la capacidad de organizar nuestras emociones, y la orientación de nuestra existencia, a pesar de todas las dificultades y contratiempos, hacia el verdadero objetivo final de todo ser humano: la Felicidad. Pero a sabiendas de que la Felicidad no es solamente la meta, sino que también es el camino, inteligentemente trazado y elegido, y gozosamente recorrido...
Haciendo referencia función autorreguladora del YO, les solía proponer a mis alumnos de Psicología esta reflexión, (a partir de la experiencia de paciencia y perseverancia que todos derrochamos para aprender a conducir el automóvil) que merece mucho la pena y el esfuerzo de derrochar paciencia, ilusión y perseverancia en “aprender a autoconducirnos”, único modo de poder alcanzar nuestros auténticos y personales objetivos existenciales y seguir el camino que nos conduce a nosotros mismos. Y esto es para mí la Felicidad. Saber que dirigimos nuestra vida hacia nuestras propias metas y que avanzamos paulatinamente, con ilusión, paciencia, perseverancia y alegría, en ese camino.
Rabindranath Tagore escribió que no se sentía feliz: “Mi corazón está triste porque no sabe a dónde lo están llamando”. Cuando sepamos, con conscienca de nosotros mismos, a dónde nos llama nuestro corazón, y avancemos en ese camino, experimentaremos, como tú, eso que se llama Felicidad.

Antonio escribe

Gracias Fernando por la contestación a mi entrada "A vueltas con la felicidad". Es cierto, la felicidad puede consistir en vivir, simplemente. Yo tambíén atravesé momentos de dificultad cardiovascular y, cuando superé el más delicado de todos, al abrir los ojos me sentí inmensamente feliz. Había superado el momento agudo. Ya han pasado más de diez años de aquel momento singular. Ahora dejo volar mi recuerdo para contemplar los días de mi infancia y juventud, los duros entrenamientos en el instituto, las dificultades que tuvimos para echar a andar el cineforum en el instituto. Dejo a mi recuerdo que juegue con la cara de la primera chica por la que sentí algo, me entretengo con las primeras imágenes de mis primeros ensayos teatrales, dirigidos por el insigne Martín Recuerda, me enredo con las caras de los que frecuentábamos los primeros guateques, algunas ya desaparecidas para siempre, me deleito con la primera imagen que tuve de Granada un día 2 de septiembre de 1950, con la visión del primer tranvía que vi en mi vida. Y todo ello me lleva a sentirme como en un nirvana de felicidad. De una felicidad incompleta porque "el recuerdo te provoca satisfacción pero no felicidad". Entonces dejo volar mi imaginación para ver la vida que todavía no he vivido, la vida auténtica, porque la vida es siempre lo pendiente de vivir. Y a veces coincido con Carmen Martín Gaite y su libro "Lo raro es vivir". Entonces siento también esa clase de felicidad incompleta, porque lo no vivido no produce felicidad sino ansiedad, ilusión y, a veces, desasosiego. Todo ello dentro de la felicidad. Finalmente, despierto de mi letargo -el recuerdo y la imaginación- y sitúo los pies en el suelo, y me aferro a la vida de este instante, y me pregunto si soy feliz. Y llego a la conclusión de que sí. Y vuelvo a emplezar recordando a Carlos Cano, como tu muy bien lo decías en tu intervención última, y después dejo volar mi imaginación y luego mis recuerdos. Somos péndulos que oscilan entre la utopía del recuerdo y la imaginación y el realismo vitalista del sentir de cada momento y, posiblemente, en este ir y venir, en ese movimiento oscilatorio y pendular, veamos el mundo, el mundo que existe en este momento, el que existió y el que tendrá que venir. Y de esta sencilla forma nos sentimos felices. Dicho en otras palabras, la felicidad podría consistir en hacer un mundo completo, una vida completa de cada instante de nuestras vidas.

jueves, 12 de junio de 2008

FELICIDAD Y/O SATISFACCIÓN

Fernando escribe:

Sí, Antonio, a pesar de todos los contratiempos que relatas, no puedes disimularlo: eres un hombre feliz. Le escuché a tu paisano, el cantante Carlos Cano, en una entrevista televisiva a raíz de una operación que le practicaron en Nueva York, que él se había preguntado muchas veces, igual que todo el mundo, qué es la felicidad, y que ahora, después de haber estado al borde de la muerte, ya lo sabía: La felicidad es vivir, a pesar de todas las insatisfacciones y contratiempos que la vida conlleva. Yo diría que sí, que es saber conectar con la vida que bulle dentro de nosotros mismos y que se expande, con el dinamismo de la alegría, la ilusión y la esperanza hacia su plenitud y autorrealización.

Erich Fromm , en su libro “Psicoanálisis de la Sociedad contemporánea”, nos viene a decir, entre otras muchas cosas, que el animal “es feliz” si sus necesidades fisiológicas (hambre, sed, descanso, apetito sexual…) están satisfechos. En la medida en que la persona es también animal, estas necesidades son en ella igualmente imperiosas y deben ser satisfechas para sobrevivir. Pero en la medida en que la persona es, no sólo animal, sino también humano, “tener esas necesidades instintivas satisfechas no basta para hacerlo feliz, ni basta tampoco para mantenerlo sano”. Conviene clarificar bien la diferencia entre los conceptos experienciales de Satisfacción y Felicidad, que con tanta frecuencia confundimos o superponemos. Y acuérdense del antiguo apólogo “La camisa del hombre feliz”: que aquel hombre feliz no tenía camisa…

A vueltas con la felicidad

Antonio escribe.

He leído con atención la entrada de José María relacionada con el concepto de felicidad. Realmente, nuestro querido filósofo ha vuelto a dar una lección de filosofía. Desde el punto de vista filosófico, insisto, el tema ha quedado perfectamente acotado. Si uno entra en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, uno encuentra tres acepciones a este concepto: a) la primera está relacionada con la posesión, como decía José María, y es el estado del ánimo que se complace con la posesión de un bien; b) la segunda, representa un estado de ánimo de satisfacción, gusto o contento, y c) la tercera acepción consiste en algo que nos viene y valoramos como suerte feliz.
A mí me gustaría analizar la felicidad como ese estado del ánimo de satisfacción, gusto, suerte feliz o contento porque creo que representa el sentir cotidiano de la gente. Me siento feliz, no soy feliz, cuando estoy contento, experimento una sensación de suerte feliz y, a veces, sólo a veces, ese estado deriva de la posesión de algún bien. En general, valoro más el estado del ánimo.
La felicidad es una apreciación subjetiva, como el dolor. Nadie dice "me duelo" sino "me duele". Es decir, me duele a mí. De la misma forma que nadie puede decir "soy feliz", sino "me siento feliz", ahora y en este preciso momento, sin que ello suponga que he alcanzado un peldaño de la felicidad del que ya no podré descender. Lo que menos importa en la felicidad son las causas que la producen. Si las conozco, mejor. Sin embargo, una parte importante de mi felicidad no depende de mí sino de lo que me rodea, de lo que hemos llamado las causas que la producen.
Pongo un ejemplo, una persona que se levanta con una gran sensación de felicidad debe ser considerada una persona feliz, aunque no haya causas para ello. Esa persona sale a la calle y se le tuercen las cosas, porque no llega el autobús a su hora, porque está metido en un atasco de tráfico, porque llega a su trabajo y le dan una órdenes inaceptables, porque el café sabe mal, porque se ha encontrado con su peor enemigo, porque... y vuelve a su casa desprovisto de esa sensación que le acompañó al levantarse. ¿Es feliz?
Perdonad estas extrañas digresiones sobre un tema tan apasionante, pero hoy he dormido a pierna suelta y me he levantado feliz, después he ido a echar gasoil y no había, he dejado el coche en casa y el autobús ha llegado media hora más tarde, he llegado a la facultad y el café estaba malísimo, y ahora mismo estoy corrigiendo exámenes y acabo de suspender a un alumno que creo es bueno.

martes, 10 de junio de 2008

EL CONCEPTO DE FELICIDAD

JOSE MARIA, escribe
Uno de los temas más complejos, discutido desde diferentes ángulos en la historia de nuestro pensamiento occidental, es el de la determinación de la felicidad. Leyéndoos, en el blog, Fernando y Antonio, me animo a abordar el asunto porque creo que puede resultar de interés su clarificación.

Tengo la impresión que estamos aludiendo, al referirnos a la felicidad, a una especial situación cenestésica, gozosa y placentera, originada por el bien conseguido. Se trata de un estado de quietud y fruición interior que se origina por la consecución o logro del proyecto anhelado. Habría, por ello, que incluir a la felicidad entre los actos de la potencia volitiva: el fin ya ha sido conseguido y la voluntad se deleita en él.

La felicidad, así, estaría cerca de la experiencia sensitiva. La fruición, consiguiente a la posesión, implica reposo, descanso, quietud en el bien poseído. Para comprenderla habría, pues, que distinguir entre amor, tendencia, posesión y gozo.

Ya Aristóteles, ante un tema de raíces psicológicas complejas como éste, partía, para determinarlo, de las tres dimensiones posibles de vida del ser humano (“bios apolaustikós”, “bios políticos” y “bios theoréticos”). E iIdentificaba, así, la felicidad con el placer, con la virtud y con la contemplación.

Aunque los autores modernos hayan tratado de la felicidad de manera diferente a como lo hicieron los antiguos y los medievales, hay algo común en todos ellos: la felicidad no es nunca un bien en sí mismo. Para saber lo que es hay que conocer el bien o bienes que la producen.

Es claro que el concepto de felicidad se inscribe dentro del “eudaimonismo”: la felicidad radica en la posesión del sumo bien. ¿Será la infinitud del bien supremo la que constituirá la felicidad total? De acuerdo a determinadas especificaciones de escuela, así se sostuvo durante mucho tiempo. Y se elaboró una ética de bienes y de fines, que fue base dominante del pensamiento ético, hasta la aparición de la filosofía kantiana.

Hoy, probablemente, habrá que abandonar estos rigores especulativos para valorar la felicidad tomando como parámetros otras significaciones más sencillas, pero, sin duda más vitales. El hombre es feliz cuando logra su proyecto, entre las múltiples y variadas gamas con las que se le ofrece la posibilidad, buena y anhelada para él.

domingo, 8 de junio de 2008

Antonio escribe

Amigo Fernando: ante todo presentar mis disculpas por el error de apreciación cometido por mí en la autoría de una de tus entradas.
Ante todo, asumo tus dos últimas entradas al pie de la letra. Hace ya muchos años leí a Schiller. Me gustaba su poesía filosófica. Un verso decia más o menos

Hemos nacido para lo mejor
y no es de locos pensar en ello.

El poema es Hoffnung (Esperanza) y más adelante decía algo así como

Que la esperanza me acompañe
hasta dentro de la tumba

Es cierto que la esperanza es uno de los componentes principales de la felicidad y también es cierta la interpretación de que la felicidad no consiste en tener lo que se quiere.

Asumo, pues, todo el discurso. Hasta tal punto que me he transformado en un casi predicador de los versos de Schiller, un predicador entre los amigos. Y digo predicador porque intento convencer de la cada uno define lo que para él es lo mejor, que decía Schiller. Y no hay nada mejor que la felicidad.

Pero el mundo es otro y nuevos alientos merodean, como decía Guillén, el granadino y poeta. Y entonces, sólo entonces, me planteo todas esas reflexiones, por ejemplo, ¿podría hoy surgir un Sócrates, el mismo de hace tantos años, y decir las mismas cosas? Entonces el hombre vivía en un lugar concreto; allí pagaba sus diezmos y primicias, allí sufría las bondades y las tiranías de sus gobernantes, allí moría a menos que uno de los gobernantes le diera por hacer una guerra, una guerra de machete y flechas, estilo "300". Allí vivía su descendencia y, a los más importantes se les reconocía por el lugar de su nacimiento (Tales de Mileto, etc). Hoy el mundo está, dicen, globalizado. Hoy una mano anónima y fantasmal se abre para llevarse nuestros diezmos y primicias. Hoy hay tantísimas personas que firman una hipoteca y ven como se modifican las bases y mes a mes deben pagar más a esa mano fantasmal. Posiblemente la semana que viene vivamos un proceso de desabastecimiento por algo que nación no sé dónde.

En este mundo nuestro somos felices porque somos capaces de desprendernos de lo extraordinario para vivir lo que sucede cada día. Pero posiblemente, sea otro tipo de felicidad. Digo que posiblemente. Por eso, no pude más que conmoverme cuando mi amiga poeta, viendo un amanecer, se sintió feliz y se preguntaba que cuánto duraría.

Pero insisto, que en el sentido filosófico de felicidad, yo me siento un hombre feliz. Y como yo muchísimos más.

sábado, 7 de junio de 2008

FELICIDAD DURADERA

FERNANDO escribe:

Amigo Antonio: Aunque me has confundido con José Mª, por lo que me siento honrado, voy a comentar algo, que quizás sirva de respuesta parcial a algunos de los interrogantes que te ha suscitado mi anterior entrada.
Recordarás que en el budismo se dice que el deseo del nirvana impide el nirvana. Porque el deseo, y en concreto el deseo de felicidad, desarraiga al YO de la realidad presente y lo coloca mentalmente en el momento de su dudosa consecución. La esperanza, sin embargo, que es otro de los componentes ontológicos de la felicidad, instala al YO en el presente: lo que hagas hoy tendrá sentido mañana, lo que hoy siembres, se recogerá mañana, porque, tú lo sabes, el aleteo de una mariposa, hoy, podrá provocar, mañana, un huracán en algún lugar.
La felicidad, igual que el amor, es una algo a experimentar en cada memento. Suelo comentar que nuestro YO renace cada día con un nuevo cargamento de amor y de felicidad (que vienen a ser “convertibles”) para gastarlo ese día.. Y me conforta recordar el dicho del sabio: “La felicidad pasajera es de quienes sólo aman lo extra-ordinario. El la felicidad, y el amor, duradero es el de quienes aman lo ordinario, porque amándolo lo hacemos extraordinario, fuente de felicidad”.
El amor exclusivizado a lo extra-ordinario adecua el deseo del YO con su fantasía, y lo hace incompatible con la realidad actual. Y es que la realidad supone una toma de consciencia del límite de las posibilidades, que adecua el amor, y la búsqueda de felicidad, a lo ordinario, conforme a la sentencia, que tantas veces hemos repetido, de Séneca: que el Yo feliz no es el de quien tiene lo que quiere, sino el de quien quiere lo que tiene. Y añado: y sabe gozar de ello, o aceptarlo con sosiego, o superarlo a fuerza de amor y de ilusión.

Antonio Escribe

A peopósito de la idea de felicidad desarrollada por José María, quisiera contaros las impresiones de una amiga con alma de poeta, andaluza como muchos de los que aquí escribimos. Me contaba lo siguiente: "Hoy he visto amanecer con todo lujo de detalles; te explico. He podido contemplar cómo miles, qué digo, millones! de puntos rutilantes desaparecían para transformarse en cielo por un período corto de tiempo. Entonces he pensado que la felicidad la alcanzamos cuando en cada amanecer hacemos como las estrellas, desaparecer durante un corto período, es decir, cuando las circunstancias no son las adecuadas para seguir resplandeciendo, para aparecer después". Y continuaba, "ahora mismo soy feliz, ¿cuánto tiempo me durará?
He pensado mucho en esta idea porque está llena de motivos de reflexión.
Primer motivo, el "soy yo y mis circunstancias" de Ortega, me lleva a considerar si la felicidad depende solamente de uno.
Segundo motivo de reflexión, en tal caso, como defiende José María, deberíamos admitir que existen diferentes tipos de felicidad.
Tercer motivo para pensar, ¿debe ser duradera la felicidad? El Paraíso creo que no es más que el intento fallido de situar a los humanos en la idea de felicidad duradera.
Pensando, pensando, me he sentido ligado a unos versos de un poeta granadino que aún vive, Rafael Guillén, que os invito a leer a continuación:

Un nuevo aliento merodea. Llegan
Otros sonidos hasta el borde y piden
Su momento para existir. Afluyen
Nuevas formas de vida
Que al final toman cuerpo y se acomodan.
Pero el tiempo ya es otro y el espacio
Ya es otro y no es posible
Revivir lo que el tiempo desordena.
Pero quedan los huecos, queda el tiempo.
El tiempo es un conjunto
De irrellenables huecos sucesivos.
Donde sonó una risa queda un hueco,
Un coágulo de nada, una lejana
Polvareda que fue,
Que ya no está, pero que sigue hablando,
Diciendo al alma que, en alguna parte,
Algo cruzó al galope y se ha perdido.

Pertenecemos a un mundo complejo: la sencilla idea de tiempo no la entendemos, el concepto de vida tampoco lo entendemos sin considerar el tiempo, el espacio en el que vivimos es inimaginable si no entendemos qué es la vida y qué es el tiempo; ¿cómo comprender, con una imagen física, un retrato, que el universo es un espacio infinito en continua expansión? No es mi intención afirmar que la ciencia es irrefutable. Si he aprendido algo de ella es que la verdad es algo cambiante. Pero pienso que nada tiene valor por sí mismo si no es en el marco del todo en el que vivimos. E incluyo aquí también el concepto de felicidad, algo tan relativo como ese bello amanecer, relatado por mi amiga poeta, en el que las estrellas dejan de ser estrellas -permaneciendo con su identidad como tales, para convertirse en cielo.

viernes, 6 de junio de 2008

¿Eres feliz?

FERNANDO escribe:
Una buena amiga y colega me manda un cuentecillo, desde la lejana Asunción de Paraguy, en cuya Universidad fui profesor invitado en mi casi olvidada juventud. Se titula el cuento: ¿…Eres Feliz?
"En cierta ocasión, durante una elegante recepción de bienvenida al nuevo Director de marketing de una importante compañía londinense, algunas de las esposas de los otros directores, que querían conocer a la esposa del festejado, le preguntaron con cierto morbo: ¿Te hace feliz tu esposo, verdaderamente te hace feliz? El esposo, quien en ese momento no estaba a su lado, pero si lo suficientemente cerca para escuchar la pregunta, prestó atención a la conversación e incorporó ligeramente su postura, en señal de seguridad, y hasta hinchó un poco el pecho orgullosamente, pues sabía que su esposa diría que sí, ya que ella jamás se había quejado durante su matrimonio.
Sin embargo, para sorpresa suya y de los demás, la esposa respondió con un rotundo: No, no me hace feliz. En la sala se hizo un incómodo silencio como si todos los presentes hubieran escuchado la respuesta de la mujer. El marido estaba petrificado. No podía dar crédito a lo que su esposa decía, y menos en un momento tan importante para él. Ante el asombro del marido y de todos, ella simplemente se acomodó enigmáticamente sobre su cabeza su elegante chalina de seda negra y continuó: No, él no me hace feliz …¡Yo soy feliz…! El hecho de que yo sea feliz o no, no depende de él, sino de mí. Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad. Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si mi> felicidad dependiera de otra persona, de otra cosa o circunstancia sobre la faz de esta tierra, estaría en serios problemas. Todo lo que existe en esta vida cambia continuamente: el ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el clima, los placeres, etc. Y así podría decir una lista interminable…A través de toda mi vida, he aprendido algo: Yo decido ser feliz y lo demás son "experiencias o circunstancias", como ayudar, comprender, aceptar, escuchar, consolar, y junto a mi esposo lo he vivido y practicado tantas veces… La felicidad siempre se apoyará en el verdadero perdón y en el amor a si mismo y a los demás. No es responsabilidad de mi esposo hacerme feliz... Él también tiene sus "experiencias o circunstancias", lo amo y él me ama, muy a pesar de sus circunstancias y de las mías. El amar verdaderamente es difícil, es dar amor y perdonar incondicionalmente, vivir, tomar las "experiencias o circunstancias" como son, enfrentarlas juntos y ser felices por convencimiento. Hay gente que dice: No puedo ser feliz porque estoy enfermo, porque no tengo dinero, porque hace mucho calor, porque me insultaron, porque alguien ha dejado de amarme, porque alguien no me valoró! Pero lo que no sabes es que puedes ser feliz aunque estés enfermo, aunque haga calor, tengas o no dinero, aunque alguien te haya insultado, o alguien no te haya amado o no te haya valorado. Ser feliz es una actitud ante la vida y cada uno decide!... Ser feliz, depende de ti!"

Es lo que yo he pensado y he experimentado siempre, y creo que incluso lo he dejado escrito en alguna de mis entradas al blog: que nadie hace feliz a otra persona, que lo más que hacemos es compartir la felicidad que cada uno es capaz de generar dentro de sí mismo. Y así, como se dice, los gozos compartidos se suman y acrecientan, y las penas compartidas se dividen y disminuyen...
Como también he pensado siempre que nadie llena el vacío de su corazón con lo que recibe de otros, sino con lo que cada uno acumula en su corazón para dar y compartir.
Y recuerdo lo que nos dijo una vez Antonio Espinosa sobre el amor como “la felicidad imperfecta”…Porque la felicidad perfecta -le comenté entonces- es una utopía que requeriría, para su realización total, un genuino y también perfecto amor a uno mismo, que es adonde se dirige, con todo su potencial energético natural, la dinámica biológica de nuestro instinto.

martes, 3 de junio de 2008

DOGMATISMOS Y FUNDAMENTALISMOS

JOSE MARIA, escribe
Hablar de dogmatismos, de principios e ideas inconmovibles, es hablar de fundamentalismos. Para éstos “su verdad” se patenta siempre como verdad única, con valor universal y necesaria para vivir en la objetividad ética y cognoscitiva. Si este fundamentalismo sustenta un movimiento religioso “soteriológico”, las verdades únicas son el especial pasaporte para una eternidad feliz. Religión, verdad absoluta, leyes únicas e inmutables, salvación eterna..., son los mejores exponentes de los aires fundamentalistas.

Hace años escribí, en una revista universitaria, un artículo al que titulé “Moral Esencialista contra Moral Existencialista”. Buscaba las raíces, el fundamento de lo moral y analizaba la mutabilidad histórica de las verdades absolutas. Indagaba el carácter dinámico o estático de las normas éticas y analizaba, en consecuencia, el alcance de inmutabilidad y estaticidad que, hasta el siglo XIX, habían poseído algunas verdades y leyes (la Ley Natural, por ejemplo), a las que se las dotaba de un valor y carácter inmutables. Sin embargo, este sentido estático de la ley chocaba frontalmente con el carácter dinámico que se manifestaba en las corrientes filosóficas existenciales e historicistas del momento.

En mi docencia, para evitar un manifiesto relativismo, admitía una tesis que, aparentemente, solucionaba el asunto, aunque siempre me dejó la impresión de que era una solución más aparente que real. Creo que aquella solución que entonces sostenía, era más un juego de palabras que un análisis coherente y acabado del problema. Sin embargo, por la curiosidad intelectual que implicaba, os la expongo ahora.

Distinguían, los autores que abordaban con sentido avanzado y progresista el tema, entre el valor inmutable de la verdad (emanada de principios dogmáticos naturales), su manifestación contextual histórica y el conocimiento que el hombre tiene de ella. Esta distinción tripartita, aparentemente al menos, solucionaba el problema: la verdad en sí era estática, inmutable, objetiva. Su variabilidad temporal le venía dada por un deficiente conocimiento o por las limitaciones que le imponía el momento en el que históricamente se manifestaba. Nuestro conocimiento y el momento histórico están sujetos a la variabilidad de lo temporal. La verdad en sí, no. Siempre será coherente afirmar, según esta tesis, que la verdad es objetiva e inmutable y que su mutabilidad dependerá de las limitaciones cognoscitivas o de sus circunstanciales manifestaciones históricas.

Ahora, mientras escribo, he de confesar que el asunto me ha interesado siempre y que, de mil maneras, he intentado conjugar en el hombre su estaticidad, si es que existe alguna, y su dinamismo. Comprendo que el dilema es complejo. Por eso, hoy, este análisis, sobre los dogmatismos fundamentalistas y sobre los relativismos, es suficiente. Otro día profundizaremos más aún sobre el asunto.

jueves, 29 de mayo de 2008

Antonio escribe

A vueltas con el dogmatismo

Suscribo completamente lo escrito por Fernando bajo el título ¿dogmatismo? Mi actividad diaria me ha mostrado un camino... que se abre en múltiples veredas, infinitas veredas, imposible de recorrer todas a la vez. Os podré un ejemplo de la vida diaria: iba en cierta ocasión a Aveiro, en Portugal. Me aventurá por la sierra de la estrella. Un error si quería llegar antes, un acierto para disfrutar de un paisaje increíble y de una luna siempre frente a mí. Primer relativismo. Al llegar a un punto encontré tres caminos y en todos ellos había un carte que decía "A Coimbra". Segundo relativismo, cualquier camino vale para llegar. Me detuve, pensé y no tuve elementos para decidir por qué camino ir. Elegí uno al azar. Una hora después llegué al mismo punto fatídico. "A Coimbra", señalaban los tres carteles. Pensé que era cuestión de alargar otra hora más el viaje y eso me permitiría seguir contemplando la luna, siempre frente a mí. Otro relativismo, cada cosa tiene ventajas e inconvenientes, el valor dependerá de lo que yo decida, no de las cosas. Elegí otro camino que me llevó a Coimbra. ¿Qué habría sucedido si lo hubiese elegido en primer lugar?, pienso, y concluyo, habría llegado antes... y no habría disfrutado de esa luna, lunera, que me miraba siempre, y no me habría tomado ese café con bizcocho tan exquisito.
Otros viajan por esas tierras con planos, guias de carreteras y navegador. Llegan antes, pero nada más. No disfrutan del camino. Para ellos el camino es algo que hay que atravesar para llegar. Para mí es una forma de conocer y de conocerme. Relativismo. El de Pessoa.
Esta tarde, pensando por pensar, he escrito algo que algún día será un poema, y hoy son sólo líneas escritas que quieren decir algo.
Os lo doy aquí

A vueltas con el dogmatismo

Surcando los campos de España,
Al sur encuentro las resecas tierras,
Y al norte las mojadas, verdes praderas,
¿dónde se halla la línea que las separa?

Alguien que sabe escribir, un día escribió,
Dos Españas hay en esta tierra nuestra,
Y yo, habitante de una de ellas, inquiero,
Maestro, ¿es la mía la tierra reseca?

La España que tú habitas es reseca tierra,
mas a la que tú perteneces es otra,
está la España sin dogmas y la dogmatizada,
búscate en una y en la otra. Y a ti te hallarás en ella.


Granada, 29 de mayo de 2008

miércoles, 28 de mayo de 2008

¿DOGMATISMO?

FERNANDO dice:
Terciando en el intercambio conceptual entre José Mª y Antonio, quiero recordar haber leído unas reflexiones de mi admirado poeta luso Fernando Pessoa, sobre la desconfianza que en él generaban esas personas que se jactan de ser inconmovibles en sus principios y en sus ideas, aduciendo (Pessoa) la razón de que los principios y las ideas son, al par que las personas, evolutivos y mutantes, y requieren, para no quedar secuestrados en un inmovilismo retrógrado y dogmático, ir progresando, matizándose y adaptándose permanentemente a las nuevas circunstancias también dinamizadas y cambiantes. Ya lo sabían los viejos romanos, cuando sintetizaron la fórmula “Sapientium est mutare consilia”, reconociendo la sabiduría de flexibilizar las opiniones. En este sentido, cuando escucho decir a alguien “es que yo tengo este modo de pensar y no lo voy a cambiar”, lo contrapongo al criterio de quienes saben y opinan que el modo de pensar no “se tiene” o se cosifica, como una posesión permanente e inmutable, no está nunca hecho, sino que se va haciendo, construyendo, completando, reformando, adaptativamente, según el punto de mira desde el que, en cada etapa o momento de la vida, contempla uno la realidad, o las circunstancias incitan y estimulan a contemplarla. Realidad que es también, como fluir de los ríos, permanentemente cambiante.

martes, 27 de mayo de 2008

EL "CANON" OBJETIVO DE NUESTRO CONOCIMIENTO

JOSE MARIA, escribe
Antonio, utilizando su criterio científico, introduce en nuestro debate una variable que toca en profundidad nuestra concepción sobre la palabra y su máximo-subjetivo comunicante: el concepto de relatividad en nuestras apreciaciones. Relatividad que él une al concepto, tan vital para el desarrollo social, como es el de la libertad.

Es cierto: la situacionalidad (nuestro “aquí” y “ahora” circunstancial) y la temporalidad, en las que se inscribe todo lo humano, dan a lo del hombre un hondo sentido transitorio y relativo, sobre todo por la contingencia e irrepetibilidad de su operar. Aparentemente, al menos, no existe un ”canon” objetivo que regule, sirviendo de paradigma, las acciones del hombre. Si existiera, sería irreal y sólo podría ser postulado como un principio esencialista. Los empirismos, los positivismos, los fenomenismos, los historicismos, los pragmatismos... hablan con claridad del ello y se mueven en la ausencia de estas normas reguladoras objetivas.

Sin embargo, por su radical dinamismo, que pretende trascender el finito, el hombre tiende la lo objetivo-absoluto. Busca normas que den valor de universalidad impersonal, a lo que hace. Pero, en realidad, ¿puede el hombre percibir con objetividad total la realidad de su percepción?

Es claro que la clave del lenguaje indicativo está en la interpretación. Al hablar o al escuchar, el hombre, interpreta: pretende adecuar siempre, lo máximo posible, la interpretación que hace, con lo interpretado. Juzga así la propiedad o impropiedad de sus juicios o comportamientos. Pero al quedar lo interpretado fuera del alcance de sus posibilidades objetivas, (nunca captamos o entendemos máximos objetivos), el lenguaje indicativo y la apreciación tenida son sólo aproximaciones a la realidad. Somos objetivamente aproximados. Lo que nos parece, lo convertimos en la verdad total. Probablemente, por nuestro límite y nuestra pretensión, tiene que ser así. Para evitarlo, en un esfuerzo intelectual vacuo, los filósofos clásicos hablaban de la “verdad ontológica”: la adecuación del ser consigo mismo... Pero este afán no era otra cosa que pretender abarcar lo inabarcable. Lo hacían con divisiones y subdivisiones de la realidad. En definitiva, de tanto parcelar las cosas, las mataban.

domingo, 25 de mayo de 2008

Antonio escribe

Después de regresar de mi viaje por tierras italianas, entro en el blog y me encuentro con la agradable sorpresa del debate sobre libertad, liberalismo, y tantos otros conceptos relacionados. Es un debate interesante..., entre dos concepciones diversas, la psicológica, a la que no renuncia Fernando, y la filosófica e histórica, a la que tampoco quiere renunciar nuestro profesor José María.
Yo he vivido en Italia unos hechos que, al menos, hacen pensar: lo sucedido en Nápoles y la decisión del gobierno italiano de considerar delito la inmigración ilegal. Mi pregunta es la siguiente, ¿con otro gobierno de otro color, el mismo hecho habría tenido la misma respuesta? Esto me lleva a introducir, como científico que debe asirse a la realidad de lo que me rodea, el concepto de relatividad en nuestras apreciaciones, incluyendo también el concepto de libertad. A la sabia pregunta del proverbio popular, ¿puede un preso esperar a ser libre para sentir la libertad?, yo propongo otra, que también es un sentimiento popular, ¿yo que soy libre, porque estoy en libertad, puedo sentirme privado de ella? Todo es relativo, amigos. Dada la dimensión social del hombre, nada debe existir en términos absolutamente teóricos si no es aplicable al hombre. ¿De dónde viene el concepto de frontera, que significa, de dónde viene el concepto de nación? Me refiero a hoy, no a lo que sucedió hace tantos años ya. ¿Es hoy aplicable el concepto de libertad de una forma generalizada?
Voy caminando por el mundo en línea recta y me veo obligado a detener mi marcha, ahora por motivaciones religiosas, después por la lengua, un poco más tarde, por un fusil que me apunta, en otras ocasiones, de forma más educada, por la interpretación que se da al concepto de libertad.
Es un tema sugerente.
Feliz domingo.

jueves, 22 de mayo de 2008

"MÁXIMO-SUBJETIVO"

FERNANDO, escribe:
Nuestro amigo el profesor José Mª, para hacernos comprensible sus filosóficos conceptos, nos ha puesto bajo el microscopio mental, el término “nación”.

La palabra (o monema) “nación” es, en su expresión mínima, una “imagen acústica”, igual que todos los términos compuestos por fonemas. Esta imagen acústica representa un concepto objetivo mínimo (“mínimo-objetivo”, le llama José Mª), pero que despierta en cada persona vibraciones múltiples y multiplicadoras, según sus singulares convicciones, circunstancias y experiencias. Ese mínimo-objetivo que representa la palabra nación, fue originariamente un concepto cultural, que ha ido concentrando en cada persona, o grupos de personas, una diversa “carga vivencial”, que transforma en “máximo-subjetivo” el contenido conceptual del monema nación. Quienes maximalizan políticamente el concepto de nación (cualquiera que sea), que es originariamente cultural e integrador, en sentimiento excluyente, engendran el NACIONALISMO, como “máximo-subjetivo” segregador, separatista, fanático, megalómano, ilusamente elitista y prácticamente racista.

Y yo sigo fascinado, quizás ilusoriamente, ante el pensamiento, excelsamente integrador, del poeta Miguel Hernández cuando, desde la terrible exclusión de la cárcel, comparte con su esposa los sentimientos ante el próximo alumbramiento de su hijo: “Porque la especie humana / nos dieron por herencia, / la familia del hijo / será la especie humana…”

Es una maximización subjetiva del concepto nación, integradora, trascendente, solidaria, acogedora, tolerante, a pesar de las diferenciaciones culturales que a todos –a la especie humana- nos enriquece y enaltece.

martes, 20 de mayo de 2008

"MÁXIMOS OBJETIVOS" EN LA COMUNICACIÓN

JOSE MARÍA, escribe:
Analizar el alcance y la autenticidad expresiva de las palabras es abocarse necesariamente al análisis del encuentro interpersonal. La mayor parte de las veces nos comunicamos con palabras, lo que nos coloca ante una realidad compleja que no discurre siempre por cauces bien delimitados.

Sabemos que la palabra, para que sea íntegramente asumida en su alcance expresivo, requiere descodificación. El “significante verbal” va siempre envuelto en una compleja red de significantes adicionales que, si se desconocen, impiden una auténtica comunicación. Responden a un “máximo-objetivo” -caldo de cultivo en el que nace la palabra-, que el hablante transmite cuando habla. Sin embargo, este “máximo” es percibido, casi necesariamente, como un “mínimo-objetivo” por el receptor. La carga descriptiva de cualquier palabra viene dada, siempre, entre dimensiones situacionales individuales. Sobre la dualidad significante-significado, ya he hablado en otras ocasiones. Pero estimo importante volver sobre ello. Creo que anotar y subrayar algunas ideas puede clarificar nuestra concepción lingüística.

Si pronunciamos la palabra “nación”, por ejemplo (usando una palabra polisémica cargada hoy de sentidos múltiples), expresamos en ella, paralelamente al mínimo significante verbal, vivencias, modelos familiares, ideologías largamente asumidas, convicciones propias, mantenidos con el objeto expresado en la palabra. Difícilmente esta palabra, dicha al interlocutor, será entendida con la carga vivencial con la que el hablante la pronuncia. El receptor recibirá sólo un “mínimo-objetivo” que, en su más elemental significación, podrá ser percibida unívocamente por todos, lo que nos permitirá sólo un conocimiento analógico del contenido de la expresión.

Tomando el ejemplo lingüístico de Fernando, en su última entrada al blog, los vocablos “derechas” e “izquierdas” van cargados, en su expresividad lingüística, de connotaciones personales difícilmente trasmisibles en la simple literalidad inmediata y expresiva de la palabra. La herencia, el grupo familiar, la confesionalidad religiosa, la clase social, la ideología política familiar, etc. constituyen la historia personal de la palabra. Es su “máximo-objetivo”. Pero con seguridad los diálogos basados en vocablos, con contenidos de “máximos”, se convierten, casi imperceptiblemente, en monólogos yuxtapuestos. Los “mínimos-objetivos” no suelen ser percibidos e interiorizados con facilidad.

La pretensión burda de obligar, o presuponer, que nuestro “máximo-objetivo” es también el “máximo-objetivo” del otro, implica privar a nuestro interlocutor no sólo de libertad sino, incluso, de ideas y de historia biográfica personal. Cuando lo aproximativo del diálogo queremos convertirlo en verdad absoluta estamos infringiendo una clara manipulación en la comunicación. Olvidamos que las ideas siempre tienen su historia y que ésta es muy difícilmente modificable en una somera y manipulada información exterior.

El esfuerzo por el diálogo entre hombres que tratan de acercar sus “máximos-objetivos”, viene expresado en frases comunes que encierran profundos mensajes: “Hagamos juntos nuestro mundo”... “Miremos juntos en la misma dirección...”

domingo, 18 de mayo de 2008

Lenguaje manipulativo

FERNANDO ESCRIBE
Después de un espléndido fin de semana en Costa Lago, hemos vuelto, Julia y yo, con los ojos coloreados de sangrantes buganvillas, jacarandas malvas y moradas, adelfas rosas, y del loco verdor de las palmeras desmelenándose al viento mediterráneo…El sábado, sentado frente al mar de azul inquieto, mientras leía las mismas noticias en distintos periódicos, estuve rememorando un texto de Freud, de su libro Introducción al Psicoanálisis, donde afirma que “las palabras fueron originariamente magia, y que todavía hoy la palabra conserva su antiguo poder. Que mediante la palabra una persona puede hacer feliz a otra o arrastrarla a la desesperación, que a través de la palabra el maestro transmite los conocimientos o condiciona y modula la mente de sus alumnos, que con la palabra el orador subyuga a sus oyentes y los predispone a determinados juicios y decisiones”. Hoy entenderíamos por “orador” el presentador de T.V., el guía de un programa de radio, o el periodista de las páginas de opinión de cualquier periódico.

Es lo que se ha denominado empleo táctico-persuasivo del lenguaje, una sutil manipulación semántica, que consiste en imprimirle al significante verbal un contenido adicional no definido, muy galvanizado de corriente emocional. La intención de la palabra deja de ser descriptiva y pasa a ser táctica o manipulativa, dirigida subliminalmente a crear una actitud o una reacción a favor o en contra. Un ejemplo muy evidente en política es el de etiquetar a las personas como de derechas o de izquierdas, convirtiendo estos vocablos en arma arrojadiza, lanzada acusadoramente y despectivamente sobre el rostro de los oponentes políticos o ideológicos, con una visión maniquea de película de buenos y malos. Estos términos verbales así manipulados desenfocan el auténtico significado de actitudes y comportamientos políticos y sociales, sustituyendo, con eslóganes huecos, el interés y el esfuerzo por conocer la verdad de la que es portadora cada persona, y de calibrar el valor de sus posicionamientos, necesarios todos e insustituibles para el equilibrio de la convivencia en la polis.

viernes, 16 de mayo de 2008

EL REGATO DE LA LIBERTAD

JOSÉ MARÍA, escribe:
Afortunadamente, Fernando, las aguas de nuestra pequeña geografía son múltiples y los molinos, en gran número, se muestran en lontananza. Es posible dirigir, por ello, nuestras aguas por regatos diversos. Ellas, de una forma o de otra, llegarán ciertas al molino. Unas veces, el arroyo político conducirá las aguas, otras el psicológico, y siempre, por encima de todos, nuestro regato humano. De estas múltiples aguas, las que corren por los arroyos límpidos de nuestro pensamiento, azules como el color del cielo, quiero conversar contigo hoy. La libertad, lo has traslucido tú, es el mar al que, definitivamente, van a parar todos los arroyos del vivir humano.

Tu marco referencial sobre la libertad, junto a la agudeza de la advertencia de D. Quijote a Sancho, coloca a la libertad en una oscilación permanentemente pendular, que, a menudo, no se percibe y que, sin embargo, encierra matices diferentes en su elongación angular: De una parte, en un ángulo de la pendulación, la libertad de un hombre que se siente parte del “cosmos” y busca su sentido en él y, de otra, la libertad que brota de los valores del espíritu humano y que representa una auténtica sistematización antropológica de la manera de actuar del hombre.

La “libertad cosmológica” del hombre, su elongación primera, expresa lo que aporta de específico la aparición del hombre en la naturaleza, de la que surge. Mediante su libertad se enfrenta al resto de la naturaleza, la domina, la humaniza y la transforma. Es el hombre, con su libertad, quien conduce a la naturaleza a las metas que ella lleva inscritas en las leyes de su evolución.

Desde el ámbito intrapsíquico, en la elongación opuesta, la libertad da relevancia al hombre individual. Lo desvincula de la obligatoriedad electiva. Ante él aparece la opción como su mayor rasgo distintivo. El autodominio se convierte en su más profunda realidad esencial.

Este hombre, “dueño de sí”, nunca hay que entenderlo como un hombre “encerrado en sí”. Un ser “cerrado en sí”, aunque fuera “dueño de sí”, sería lo más opuesto al hombre, en quien, como decía Don Alonso Quijano, su hermosura “está en el entendimiento, en la honestidad, en la liberalidad...” El hombre “cerrado en sí” conduciría a la persona humana a una dimensión solipsista y empobrecida. La APERTURA es, por el contrario, el existencial más radical y profundo del hombre. La mayor hermosura, parafraseemos, de nuevo, a D. Quijote, consiste en mostrar la liberalidad, la buena crianza y el valor que hacen brotar el amor con “ímpetu y ventajas”.

Mi regato me ha llevado, en esta ocasión, por cauces paralelos a los tuyos. ¡Riqueza y grandeza de lo humano...!

jueves, 15 de mayo de 2008

La rutas liberales

FERNANDO escribe:
José Mª ha llevado las aguas al molino político, lo que no es de extrañar ya que nunca dejamos de ser, aunque lo pretendiéramos, el zoón politikón que definió Aristóteles. Pero yo las voy a devolver, las aguas liberales, a mi regato psicológico, con una breve reflexión: Que en el terreno intrapsíquico y ético de la autorrealización personal, la Libertad, más que un valor, es la matriz de todos los valores, la madre, el vientre donde se conciben, se nutren y se desarrollan todos los demás valores; es la Libertad el condicionante primordial, la “conditio sine qua non” para que exista el valor. Para quien el mismo Aristóteles denominaba, entre los otros “animales”, el ántrhopos (“el que mira hacia lo alto”, “el que levanta la mirada”), no hay valor que “valga”, sino para quien libremente lo adopta y con libertad lo interioriza y lo ejercita.

También quiero recordar que el “Mito del Carro Alado”, que hemos citado otras veces, antes que su aplicación política, Platón lo adujo para conceptualizar al “animal humano”, quien, según él, está conformado por la articulación de sus tres “almas”: el alma “irascible” (caballo negro), el alma “concupiscible” (caballo blanco) y el alma “racional” (el Auriga). Y nunca correrá por las rutas de la Libertad y de los Valores, si el Auriga no logra controlar y guiar su doble cabalgadura hacia los objetivos de valor libremente y liberalmente asumidos.

miércoles, 14 de mayo de 2008

EL ELEMENTO CORRECTOR DEL LIBERALISMO

JOSE MARÍA, escribe
Fernando, en respuesta a mi entrada sobre “La ideología del Individualismo”, nos ha expuesto de manera diáfana y precisa su concepción sobre lo que significa “ser liberal”. Al tiempo que delimita el concepto de libertad, matizando varios aspectos de esta profunda “inspiración del espíritu”, corrobora con sus palabras la conciencia de una vivencia metafísica profunda. Vivir la libertad, no es sólo una afirmación que trasciende la simple consideración científica y positivística del hombre. Sentir la libertad es descubrir, en el hecho moral del comportamiento humano, el sentido profundo de lo que somos.

Nuestro análisis (¿o, quizás, divagación?) sobre el liberalismo y sobre su fundamento –la libertad-, me ha retrotraído a esquemas filosóficos, políticos y antropológicos, antiguos. Cualquier sistema de acción, para que esté bien fundado, debe basarse en derechos y principios radicales de la persona. Platón, por ejemplo, del que ya hemos hablado ampliamente en este blog, antes de llegar a la culminación de su concepción política, estableció, como fundamento de la misma, bases antropológicas y psicológicas como adecuado basamento a su teoría.

Para el buen discurrir de la ciudad, pensaba Platón, igual que para el correcto equilibrio del actuar humano, se necesita una “triada”, (las tres almas y las tres estructuras componentes de la sociedad), que servirían, funcionando adecuada y subordinadamente, para regular el funcionamiento del todo. En caso de desequilibrio, -ya es de sobra conocida la tesis platónica-, la “razón”, o el “filósofo” en su caso, deberían corregir el exceso o el desequilibrio. El “todo ordenado platónico” exigía, en caso de desequilibrio, un elemento o fuerza correctora.

Con los movimientos sociales o políticos que, como en el caso del liberalismo, fundamentan su razón de ser en la libertad del hombre, sucede igual. La libertad puede desordenarse por excesivos egoísmos. Tiene, en consecuencia, que existir un elemento correctivo que vuelva a sus auténticos límites esa libertad del hombre.

Cuando en el liberalismo, como sistema político, el egoísmo humano se desordena anulando la libertad debida a todos, es preciso encontrar una estructura supra-personal que salve el equilibrio del actuar social del hombre. Entiendo que esa es, la pretensión política de la socialdemocracia: regular la actividad social, fundamentalmente económica, evitando que intereses egoístas anulen los derechos de la mayoría.

Los socialdemócratas mantienen que es posible compaginar, con un adecuado control, la economía capitalista de mercado y la sociedad de bienestar. Para que ambas estructuras funcionen adecuadamente, el estado deberá poseer atribuciones suficientes para garantizar a todos los ciudadanos la debida protección social. Hoy existen gobiernos europeos, incluso, que han intentado aplicar una variante más próxima aún al liberalismo: el socio-liberalismo, con un menor intervencionismo y con una mayor presencia de la empresa pública, pero con el mantenimiento de las ayudas y subvenciones típicas de la socialdemocracia.

lunes, 12 de mayo de 2008

"Ser liberal"

Fernando escribe:


Con independencia de las connotaciones historicas, económicas o políticas, de las que José Mª nos ha hecho un esbozo profesoral muy bien condensado, quiero deciros que entiendo por “ser liberal” la actitud fundamental de ejercer, respetar y promover la Libertad. Esta actitud supone además una permanente inspiración del espíritu (el espíritu, como facultad suprema, encendido y alumbrado por el valor Libertad), y un contenido mental: la convicción cognitiva de ese valor.

En una encuesta de hace pocos años a estudiantes de la Comunidad Europea, se impuso, como primer valor en el ranking axiológico, la Libertad. Pero quiero aclarar que no entiendo solamente la libertad del liberal como la consecución de libertades extrínsecas. Sino la liberación del “ananqué” interior (en la lengua griega clásica “ananqué” significa algo así como “necesidad interior imperiosa, presión incoercible, esclavizante”). Dice viejo un proverbio: “El preso que espere salir de la cárcel para ser libre, no será libre nunca en ninguna parte donde esté. Que aprenda a sentirse libre dentro de la cárcel y siempre será y se sentirá libre por muchas restricciones externas que padezca”. No me refiero solamente a tener (tener libertades), sino a ser (ser intrínsecamente libre). Puede una persona verse beneficiada por muchas libertades (las que proporciona el dinero, las que promueve un Régimen Democrático…) y no ser liberal de espíritu.

Tampoco entiendo por Libertad la capacidad de cumplir mis deseos, o "hacer lo que me da la gana", sino el cumplimiento del deseo que se configura en la realidad, donde conviven otras personas con el mismo derecho a ejercer y defender sus libertades, y con quienes anudo, necesariamente, mis compromisos. Pienso que el compromiso necesario no limita la libertad personal, sino que la canaliza hacia otro valor, anclado en la insoslayable realidad, que es la presencia y la existencia de “el otro”, frente al que ejerzo el respeto a su propia libertad y a sus derechos, la responsabilidad y la solidaridad. Eso es “ser liberal”.

El concepto de Liberalidad que comporta, según Monteigne, el sabor y el sentido de la Libertad, se enseña desde el desapego razonable a las posesiones, y desde la libertad interior que me permite compartirlas. Es la capacidad aprendida y desarrollada de hacer participar a otros de los propios recursos y de los propios bienes (mentales, culturales, educacionales, técnicos, materiales...). Es en algún sentido sinónimo de Generosidad, y supone la disposición de no concederse a sí mismo cualquier ganancia o ventaja personal a costa de otros. También eso es “ser liberal”.

He leído hace poco algo que cuenta Van Gogh, en carta a se hermano Theo: que los marineros cuando se disponen a cumplir el compromiso laboral de transportar un ancla muy pesada entre varios, donde cada uno aporta su propio esfuerzo individual, se ponen a cantar todos al mismo tiempo, para darse el ánimo y el impulso necesario para realizar la tarea. Esta imagen de portar el peso comprometido, solidariamente y cantando, es para mí muy descriptiva de lo que entiendo por “ser liberal”.

LA IDEOLOGIA DEL INDIVIDUALISMO

JOSE MARIA, escribe:
Hay momentos en los que, si se quiere participar activamente en el debate social, es preciso expresar la opinión y el comentario. Así sucede, ahora, con el tema “liberal”, muy “traído” y “llevado” estos días entre políticos y tertulianos. Sin duda, el movimiento liberal ha sido ampliamente estudiado y ha proporcionado positivas influencias en la concepción y en el desarrollo social, sobre todo en el ámbito del Derecho Civil y Comercial. Apuntemos, ahora, algunas líneas de su pensamiento para hacer más lúcido, si es posible, nuestro criterio social.

Tuve ocasión, hace algunos años, de dictar unas lecciones sobre la Ideología del Individualismo. Partiendo del concepto, que ya he expuesto en otras ocasiones, de que toda ideología es un marco teórico que ilumina y orienta el actuar práctico del individuo, analizaba, en el curso, diversos movimientos individualistas, precursores de la posición ideológica liberal, de la que hoy se habla frecuentemente. Diferenciaba dos concepciones individualistas precursoras de cualquier movimiento liberal: la del individualismo como actividad práctica de vida y la del individualismo como convicción teórica. De hecho, en los últimos siglos, en Europa, el individualismo, en ambos sentidos, ha dominado como una clara escuela consistente de pensamiento filosófico. Penetró diferentes sectores de la vida social y en todos ellos dejó marcadas influencias: la filosofía, la política, la pedagogía, la economía... Habría que recordar nombres como Descartes, John Locke, Rousseau, Adam Smith, etc.

En la concepción individualista-liberal, la libertad personal es incuestionable. Es el eje de la vida social. En la vida política y civil los ciudadanos, iguales ante la ley, deberán tener idéntica consideración jurídica e idéntico tratamiento legal. No existen, por ello, en la sociedad, ni la discriminación ni la prebenda entre ciudadanos. Cuando hoy la globalización social ha abierto la frontera de las naciones, este principio es de especial actualidad.

El desarrollo económico, como elemento fundamental, se vincula a la capacidad de los individuos para generar riqueza. El pilar económico es la propiedad privada. Ella regula las leyes del mercado. Deberá, incluso, ser protegida por el Estado, si es necesario, con el uso de la fuerza.

Paralelamente a estas corrientes individualistas, han surgido otras que han intentado atemperar los excesos que sistemas, “exageradamente” liberales, ocasionaron en la vida social. Entre ellas habría que apuntar la importancia revolucionaria de los socialismos utópicos franceses (Fourier y Saint-Simón), el socialismo clásico de Marx y Engels, la social democracia y la vía intermedia -la democracia cristiana- de escasa influencia en la Europa actual. Todos ellos, sistemas, que subrayan total, o parcialmente, el carácter social del hombre. Hay que recordar, sobre todo dentro de la corriente social demócrata, en un sentido amplio, nombres como Adenauer, Benjamín Franklin, Friedman, Ortega y Gasset, Francois Ravel, Stauart Mill, etc.: liberales clásicos en el extenso ámbito de la cultura de Occidente.

domingo, 11 de mayo de 2008

Fernando escribe

Os contaré –como ya os había sugerido- cuál es, según el maestro Freud, ese tsunami devastador, como dice Antonio, el que arrasa, arrastra, arrebata y arruina las más altas aspiraciones de felicidad…Os reproduzco las mismas palabras Freud:

“Jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos. Jamás somos tan desesperadamente infelices como cuando hemos perdido al ser amado, o su amor.”

¿Habrá alguien que no lo haya experimentado alguna vez? Sin embargo, si algo del amor persiste, si no lo hemos convertido del todo en desamor, en odio, en desesperación, en rabia, en amargura, si queda encendida, entre nuestras manos, aunque sea una pequeña llamarada del amor…entonces, oíd lo que os dice, con su larga barba blanca, el poeta indio Rabindranath Tagore:

“Amor: cuando vienes con la ardiente lámpara del dolor en tu mano, a su reflejo yo puedo ver tu rostro…, y te reconozco como la Dicha”.

sábado, 10 de mayo de 2008

Antonio escribe

Precioso tema el que trae Fernando al blog. Coindido con su planteamiento de que son pocas las cosas que nos hacen infelices y muchas las que actúan excitatoriamente sobre nuestro sistema de interpretación de la felicidad. Pero el hecho indubitable es que, en general, hay más personas infelices en el mundo y, por otro lado, los que se declaran felices son también infelices largos períodos de tiempo.
Tengo la impresión, sólo eso, la impresión, de que la vida humana está desordenada por el vendaval de los sentimientos. Los sentimientos provocan en nosotros auténticos tsunamis en lo que definimos como mla felicidad. Muchos encuentran la felicidad en el propio tsunami, en la propia lucha. Otros necesitan tiempos más "veraniegos", más constantes desde el punto de vista de los sentimientos. La monotonía de los sentimientos provoca felicidad. Pero también la propia lucha de ellos, de nuestros sentimientos.
Insisto en que estas palabras no son más que una impresión a vuelapluma de las palabras de Fernando y de Vila-Matas.
No existe un patrón de felicidad y tampoco un medicamento para alcanzarla.
Aquí el viento lo remueve todo, las hojas caídas, los árboles que no están quietos ni un segundo, el agua del mar, que ha hecho un pacto con todos los tonos del verdes inimaginables, los toldos de las casas. Y yo, después de leer la entrada de Fernando, he pensado que también puede remover nuestros sentimientos. Por eso he dicho que vivimos en un continuo tsunami.

Fernando escribe

Mirando, desde junto a la ventana donde escribo, cómo se va difuminando el sol entre suaves reflejos nacarados bajo un cielo zafiro de acuarela desvaída, he estado rememorando mis sesiones terapéuticas del día, y reflexionando en las cosas que pueden hacer feliz a una persona: son numerosísimas, insospechables, casi infinitas…, todas cuantas posibilidades de vuelo tiene la fantasía calidoscópica de cada singular ser humano.

Sin embargo, el repertorio de las cosas que nos hacen infelices a cualquiera, a todos, no deja de ser reducido, igual, con pocos matices, para cada uno de los hijos del pesaroso Adán (el de la fábula bíblica), ese “pobre hombrecillo” que delineó el malhadado Wilhem Reich, mientras buscaba el “Orgón” de la suprema felicidad.

Recuerdo que en un libro de Enrique Vila- Matas se nos propone un elenco de los motivos de infelicidad personal o desesperación. Lo busco en mis revueltas librerías. El libro es “París no se acaba nunca”. Son éstos los motivos, según Vila-Matas: La volubilidad del amor; la fragilidad de nuestro cuerpo; la abrumadora mezquindad que domina la vida social; la trágica soledad en la que en el fondo vivimos todos; los reveses de la amistad; la monotonía e insensibilidad que trae aparejada la costumbre de vivir…

¿Queda alguno? Vendría bien aportar aquí una certera y probadísima comprobación de mi viejo maestro Freud. Pero no quiero alongarme ahora…

miércoles, 7 de mayo de 2008

MIRAR LO INVISIBLE

Fernando escribe:

José Mª: Me confesaba esta mañana un paciente haber aprendido de su abuelo (hombre criado en un huerto, sin escuelas ni maestros) la gran lección de su vida: a mirar lo invisible mientras veía la cosas del cada presente de sus días. Por eso el abuelo besaba los árboles, se reía con las formas cambiantes de la nubes, lloraba ante una flor pisada…

Los clásicos latinos acuñaron unas frases como “Tempus fugit” de Ovidio, “Transit irreparabile tempus” de Virgilio, para significar la experiencia del tiempo que pasa, con sus días y sus estaciones sucesivas, con sus frutas verdes o maduras, con sus hojas secas o relucientes, el tiempo que nos envuelve con su magia y su misterio, a veces tan desconcertante o demoledor..., con el sabor, tantas veces, de nostalgia, o de horror, dejándonos en el alma ecos embrujadores, a veces; dolorosos y degarradores, tantas otras veces, como lo expresa tan subyugadoramente el famoso poema de Worsword, terminados en aquellos versos que inspiraron y dieron título a una memorable película, “Esplendor en la hierba”: “aunque ya no han de volver los días del esplendor en la hierba / y de la gloria en la flores, / no hay que afligirse porque la belleza pervive en el recuerdo”.

Para esa sensación de vacío existencial, el ser humano, descendiente entre nosotros de los primates de Atapuerca, ha inventado, entre otras cosas, el remedio mágico de la escritura y la lectura que sirven, además, para exorcizar la vulgaridad, redimir lo ordinario, lo trivial, lo rutinario de la vida, gracias al fenómeno de la re-creación literaria, que tiene el doble significado semántico de “crear” y de “recrearse”, que no son posibles sino en el presente vital. Quizás sea para eso por lo que escribe sus cuentos Antonio, y por lo que tú y yo, José Mª, hemos desandado “nuestros antiguos surcos” y hemos recreado nuestra experiencia existencial en ese libro que está a punto de salir de la editorial…


Escribir es indagar en la esencia de la vida, es ver lo invisible, descubrir lo inédito o lo oculto que siempre hay detrás o en los entresijos de las cosas que vemos al paso superficial de la mirada... Escribir es sorprenderse, permanentemente...

REPENSANDO EL TIEMPO

JOSE MARIA, escribe:

He leído estos días, con agrado, un cuento de nuestro amigo Antonio Espinosa (“La Fotografía”) de gran riqueza descriptiva y simbólica. En él, Antonio, perdiéndose en “sus” tiempos pasado y futuro indaga la versatilidad de la vida, partiendo, para ello, del análisis que hace “milímetro a milímetro” de unas antiguas y descoloridas fotografías familiares: la fotografía del pasado es “imagen y palabra”, dice. Y, desde ella, indaga el futuro buscando, la cara oculta de un tiempo aún por llegar.

La lectura del “La Fotografía” me ha llevado a pensar sobre el tiempo. Ya lo he hecho infinidad de veces, pero esta estructura tan radical en nosotros (“Somos seres y tiempo”, como afirmaría Heidegger), me lleva a descubrir dimensiones, cada día, nuevas y enriquecedoras.

El presente, como punto de partida, está “aquí” siempre, mantenido forzosa e inevitablemente en su presencialidad. El ayer ya se fue; el mañana, todavía no es. Por eso, es desde el hoy, desde “nuestro aquí y ahora” existencial, desde donde hemos de entender y entretejer nuestra pequeña biografía personal. Estar presentes en nuestro presente es asumir lúcidamente el momento en que somos. Para ello, es preciso huir del pasado cuando se nos aparece como una especie de paraíso perdido, al que hay que volver la vista, como amparo ante frustraciones presentes. Encerrarse en el recuerdo, falsamente bello por antiguo, es evadir el presente.

Hay que escapar, también, del sueño de un futuro -por ser la mayor parte de las veces ilusorio-, falso en sus promesas, aunque esté pintado con colorido mágico y fantástico.

El pasado y el futuro, son, es cierto, origen y proyecto de nuestra biografía personal. Pero ambos deben ser siempre objeto de interpretación inteligente. Nunca se pueden convertir en asideros para superar el cansancio o el monótono y cotidiano aburrimiento existencial.

La seguridad que da el pasado, como grato lugar de reclusión, o la virtualidad de éxito que puede prometer la espera de un futuro que “aparece” siempre, en estos casos, con colores diáfanos, a pesar de su tangible lejanía, suelen ser seguridades falsas que, en el fondo, empobrecen el vivir, obligándonos a escribir, por ello, una mediocre historia.

Recuerdo, a este propósito, el fragmento 13 de la “Antiphon Le Sophiste”, publicado por Cernet en París en 1923: “Hay gente que no vive la vida presente: con la mayor aplicación diríase que se disponen a vivir otra vida, no ésta. Mientras tanto dejan perder el tiempo”.

lunes, 5 de mayo de 2008

Antonio escribe

He aprovechado los ratos de aislamiento que he podido disfrutar en estos días de mayor relajación para leer. He aprovechado el silencio para leer y la soledad para pensar y el azul, clasi rayando en el blanco quemante, del cielo para exhortar las cualidades de la belleza, y tantas otras cosas antes de hacer lo que millones de españoles: antes de jugarme la vida en el temido regreso en coche. Coloqué el limitador de velocidad en 120 Kms/h y me quedé el último. Y pensé, ¡qué ganas de jugarse la vida cada semana de forma inútil! Y me introduje, como sin querer, en la misma idea que ha mantenido el trabajo intelectual estos días de José María: el sentido cíclico de la vida , y cayó en mis manos un libro de Pamuk, y leí el contenido y también era cíclico. El libro es Me llamo rojo.
Las reflexiones de Séneca y las de Empédocles dan que pensar. Pero no dan menos que pensar el razonamiento de lo sugerido por Fernando.
Yo quisiera recuperar y traer aquí un poema de Rafael Guillén, un poeta granadino que vive en la actualidad, pero que escribió este poema hace ya muchísimos años.

El libro se llama Límites y el poema también. Es de 1970. Dice

Un nuevo aliento merodea. Llegan
otros sonidos hasta el borde y piden
su momento para existir. Afluyen
nuevas formas de vida
que al final toman cuerpo y se acomodan,
pero el tiempo ya es otro y el espacio
ya es otro y no es posible
revivir lo que el tiempo desordena.
Pero quedan los huecos, queda el tiempo,
el tiempo es un conjunto
de irrellanables huecos sucesivos.
Donde sonó una risa queda un hueco,
un coágulo de nada, una lejana
polvareda que fue,
que ya no está, pero que sigue hablando,
diciendo al alma que, en alguna parte,
alguien cruzó al galope y se ha perdido.

Leí este poema hace ya muchos años. Me hizo pensar. ¿Es cíclica la vida?, ¿es lineal la vida?. ¿cambiamos nosotros de un momento al siguiente, como la risa que se transforma en hueco?, ¿somos nosotros siempre los mismos?

No lo sé, no intento saberlo, no quiero saberlo, sólo intento ser esa risa y ese alguien que cruzó al galope y se ha perdido. Espero que uno se pierda en la felicidad.

LA BUENA NOTICIA

FERNANDO ESCRIBE:
Mi rutina de cada día, ese devenir circular que, tal como nos recuerda José Mª, desesperaba hasta al mismo maestro Séneca, me ha amanecido, esta mañana temprano, con reflejos celestes y rosas, en la estación, adonde he ido a acompañar a mi hija, que no había encontrado billete para haberse vuelto ayer a Madrid.

Viendo pasar el AVE, desde el puente de la estación, recordé unos versos de un largo poema que le escribí hace tres años, cuando se fue a la Universidad por primera vez y empezó a vivir aparte de nosotros:
“El día que ya no estés / encenderé una vela / tras de cada ventana / y entornaré la puerta / para oír el sigilo de tu paso, / esperándote…”.


Después, de nuevo en casa, y con la luz del día abierto desbordándose por las ventanas, encontré en un e-mail estos pensamientos de Facundo Cabral:

Cada mañana es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor, es un soldado menos.... Cuando me marché de mi casa, niño aún, tenía siete años, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida y, el segundo, la libertad para vivirla.”

A lo mejor no tenía razón Séneca, y hasta el acontecer circular de las mismas cosas, a la luz celeste y rosa de los repetidos amaneceres de primavera, nos traen la buena noticia del nuevo día…

SÉNECA Y LOS “CAMINOS SOBRE LA MAR”

JOSÉ MARIA, escribe:

Lejos y cerca de esa fragancia de la nueva primavera de la que nos habla Fernando, este largo fin de semana lo he dedicado a leer algunos trozos de un filósofo cordobés, a quien Nietzsche llamaba “toreador de la virtud”: Séneca y sus “Cartas a Lucilio”. En su carta XXIV escribe una espléndida, aunque desgarradora, reflexión:

“¿Hasta cuando las mismas cosas? Me despertaré, me dormiré, tendré apetito, me hartaré, tendré frío, tendré calor. Ninguna cosa tiene fin; sino que todas las cosas se ligan en círculo; huyen, se persiguen. La noche empuja al día, el estío termina en el otoño, al otoño le acucia el invierno, que es suplantado por la primavera; así que toda cosa pasa para volver. No hago nada nuevo; no veo nada nuevo; en fin de cuentas, esto da nausea...”

Este fragmento -oda al aburrimiento del devenir del todo, en mi opinión,- nos remite a la ya reiterada “apocatástasis”. Pero el pesimismo que anida en la expresión de Séneca se convierte, para él y, probablemente, también para nosotros, en profunda visión de la futilidad de lo que hay... El cambio de las cosas, que percibimos siempre con una admiración casi infantil y que nos hace indagar por doquier para entenderlo, es sólo una apariencia que habita entre nosotros mismos, porque ha habitado siempre.

En esta línea, he leído, también, la profunda visión de Heráclito, cuando se adelantaba a Empédocles, hablando de las “cuatro raíces” de las cosas:
“El fuego vive la muerte de la tierra; el aire vive la muerte del fuego; el agua vive la muerte del aire y la tierra, la del agua”...

“Todo pasa y todo queda...” decía nuestro poeta... Tendremos que seguir haciéndonos caminos “sobre la mar”, al menos para sentir que caminamos. Como dice Antonio Espinosa es ahí –“sobre la mar”- donde la paz refleja la tranquilidad de nuestra aparente mar serena.

domingo, 4 de mayo de 2008

El silencio y la amistad

FERNANDO ESCRIBE:
Envuelto y alentado por las fragancias de la nueva primavera cordobesa, he estado leyendo este fin de semana un libro exquisitamente editado por la Residencia de Estudiantes de Madrid, y donado a mí con ocasión de la Feria del Libro. Este libro recoge toda la correspondencia epistolar, telegramas, discursos, que se dirigieron a Juan Ramón Jiménez, desde todas las partes del mundo, cuando la concesión el premio Nóbel.
Me ha llamado la atención la carta que le escribe la esposa de Gregorio Martínez Sierra, María de la O Lejárraga, uniéndosele en su gloria de Premio Nóbel y en su dolor por la muerte coincidente de Zenobia. Después de evocar su antigua amistad –“nuestra callada amistad pluscuamperfecta”-, le pregunta:

“¿No le parece a usted que la forma esencial de la amistad es poder callar juntos sin que se rompa el lazo?”.

(Sin querer violar el aura de silencio blanco que envuelve un pensamiento tan excelso y sugerente, aclaro –en voz baja- que, para mi sorpresa, he encontrado en el libro una carta mía, de la que yo no conservaba el menor recuerdo, escrita con el mismo motivo a mi tío abuelo Juan Ramón. Me voy a permitir reproducir aquí dos párrafos de mi carta:

(…) “He ido siguiendo por los periódicos y por las cartas de mamá todo lo referente a tu premio, con la alegría que te puedes imaginar, y una gran pena también por la enfermedad de tía Zenobia. Cuando, por fin, me llegó la noticia de su muerte he comprendido lo mucho que toda la familia la queríamos. Sólo sentimos no estar ahora a tu lado, aunque el vacío de ella nunca te lo pudiéramos llenar del todo”.

(…) “Por aquí no sabemos con certeza si volverás a España. Para todos sería una alegría y un consuelo enorme poder abrazarte y compartir contigo la pena del recuerdo de tía Zenobia. ¡Cuánto hubiéramos querido poder abrazarla también a ella!”.

Es un desahogo, que me he permitido con vosotros, desde mis sentimientos emergentes de sorpresa y emoción, mezclado con los cálidos aromas de esta florecida primavera cordobesa…

jueves, 1 de mayo de 2008

Antonio escribe

Gracias Fernando por tus hermosas palabras llenas de amistad. Seguiré mirando ese mar mío inmenso, iluminado, refulgente, total y sincero.
Alguna vez, hace ya tiempo, me dio por escribir lo que llamaba "Pensamientos escritos a este lado del mar". Uno de ellos decía

Al mar, que cada día me habla,
en silencio yo le escucho;
hoy me ha gustado lo que me ha dicho.

Y también este otro,

La ingenuidad en la vida
es cosa de locos, y morir te dejan
o te ingresan en manicomios.

Pero a mí, caminar me gusta
por senderos desconocidos...
para así encontrar lo perdido.

Feliz noche

Antonio escribe

Desde la paz que se refleja en la mar y me alcanza, como alcanza todo lo que es reflejo, posiblemente deformada, filtrada, y no directamente, leo tu comentario, querido Fernando. Y pensando, alcanzo una conclusión y declaro una intención. Empiezo por ésta: posiblemente, deseando o no hacerlo, mi intervención sobre la corporeidad y sus consecuencias tuviese un cierto grado de polémica y fue hecha con un cierto grado de "provocación". No estoy cerrado a ninguna interpretación de la vida. Ayer leía que "la vida no se confronta con nada, ni siquiera con la muerte, porque ambas son la misma cosa". Mi espíritu ha estado, y continúa, abierto a todas las interpretaciones. Y sobre todo a la que expones con maestría y representa algo sugerente. También es sugerente que nuestros cuerpos, ese milagroso material evolutivo, tenga esa capacidad. En los días de retiro químico en El Escorial, un premio nobel, el francés Jean Marie Lehn, expuso sus resultados sobre una molécula totalmente sintética construida por él que tenía la particularidad de reconocerse a sí misma y crear sola otra fibra idéntica a ella sobre la que se enroscaba. Eso es, de manera artificial, lo que hacen nuestros filamentos que forman el ADN. Esto, al menos, da que pensar en esa sugerencia de la corporeidad. Y ahora voy con la conclusión. Creo en el espíritu y creo en la materia. Me gusta experimentar las vivencias de ambas dimensiones de la vida, como creo que sucede a todos los humanos. Y mientras se resuelve el paradigma del huevo y la gallina, me limito a vivir esas dos facetas. Y una adenda final, querido amigo: la llamada "química supramolecular" está realizando avances espectaculares en el ámbito de qué sucede cuando dos especies químicas diferentes se reconocen mutuamente y se unen a través de enlaces que no son los que se usan en la química "normal". Sea cual sea la interpretación, me gusta disfrutar de la amistad, y la tuya, y las vuestras, son muy importantes para mí.
Todo nuestro conocimiento, acabo como empecé, tiene la misma dimensión que la paz reflejada por el agua de la mar serena. Serena sólo por arriba, en la superficie, pero puede que movidísima a unos metros de profundidad.

miércoles, 30 de abril de 2008

José María, escribe

Voy a terciar, en el más estricto sentido de la palabra, en la interesante y profunda conversación que mantienen Fernando y Antonio.

Tengo que comenzar mi reflexión con una célebre y esclarecedora frase de Engels: “La cuestión fundamental de toda filosofía... está en determinar la relación entre el Pensamiento y el Ser, entre el Espíritu y la Naturaleza”.

Quizás haya que analizar el concepto de “Materia” con premisas diferentes a las clásicas que establecía el Hilemorfismo Aristotélico. El concepto de “Materia Metafísica” queda hoy reducido a una concepción científico natural en la que la materia clásica pierde las dimensiones meta-empíricas que la convertían en una realidad esencial constitutiva de lo real. En un análisis objetivo, la “materia” -la entendamos como materia orgánica, materia psíquica o sistematización energética-, es la realidad una y única -permanente, indestructible, constante y evolutiva- que conforma lo real. Los cuerpos pueden cambiar de masa, de volumen y forma, pero las últimas partículas, sea cual sea el nombre con que se las denominen, son inalterables.

Estas afirmaciones conducen a un concepto de “Materia” que está en la base de toda realidad evolutiva. Superado, al menos científicamente, el “genero literario” de la septenaria creación bíblica, surge la pregunta: ¿Cómo evoluciona la materia para que, en virtud de su propio dinamismo interno, vayan surgiendo de ella las variadas y distintas formas de lo real?

La realidad material, por su dinamismo evolutivo, cambia “cuantitativamente”: una vez que su realización se ha saturado en un determinado estadio “salta”, cuantitativamente, a una etapa de vida superior, más compleja. Sin embargo, el “salto” fundamental -posible salto cualitativo-, es el que se da en el tránsito de la simple materia extensa a una actividad, aparentemente inmaterial, como es la de la conciencia. ¿Lo que, lógicamente, sería un determinado y específico salto cuantitativo podría convertirse en salto cualitativo, al que sería necesario recurrir para revestir la realidad de características básicamente esencialista?

La respuesta estaría cercana al análisis que nuestro amigo, el Profesor Antonio Espinosa, nos hace en su entrada del día 29 de abril: nuestros procesos neuronales, lentamente, pero de manera continua, en su proceso de enriquecimiento y evolución, van “produciendo determinadas proteínas que, formando parte de nuestras células, impulsan maneras diferentes de responder a estímulos iguales”.

El “algo más que Genoma” que apunta Antonio y “la psique, que vehicula al espíritu en forma de deseo”, de la que habla Fernando, pueden resultar premisas interesantes, sugerentes... Dejo al científico y al psicólogo ahondar más el tema. Es estimulante, sin duda, adentrarse en estos intrincados y casi mágicos vericuetos mentales, aunque el pensamiento se encuentre casi siempre con una pregunta indefinida de difícil respuesta... Preguntarse es lo humano. Quizás, a base de preguntarse... y preguntarse... vayan surgiendo, poco a poco, las repuestas.

martes, 29 de abril de 2008

Antonio escribe

El tema suscitado es interesantísimo. A veces explico a mis alumnos la cuestión del genoma. Y siempre termino diciendo que somos algo más que genoma. Coincido con Fernando que somos seres en renovación total. Pero también coincido con José María en que "somos viviendo". Nuestros procesos homeostáticos renuevan nuestros tejidos, pero parece que hay uno de ellos, el tejido neuronal, que o no se renueva o lo hace demasiado lentamente. Un alumno me preguntó cierto día que yo explicaba el sistema adrenérgico (la noradrenalina, que en la canción de Guerra toma la expresión de bilirrubina, que es otra cosa muy distinta), ¿por qué no reaccionamos todos de la misma forma ante cualquier hecho externo? (esto significaría que por qué no todos vivimos la misma vida). Y yo le respondí que no somos sólo genoma. Explíquese profesor, me dijo. Cada geneoma tiene la facultad de producir unas determinadas proteínas y éstas forman parte de nuestas células y responde de manera diferente a estímulos iguales. Así, cada vida es diferente a cualquier otra vida, respondí. Entonces, me replicó, yo debería responder de la misma forma siempre que responda al mismo estímulo, y eso no es así. Cierto, repliqué yo. somos algo más que genoma. Y aquí viene el conflicto: unos piensan que si yo soy yo y mis circunstancias; otros que existe el alma (que sería lo mismo que admitir que existe un destino prefabricado para cada uno), otros pensamos que existe la corporeidad y que mi cuerpo tiene la facultad de fabricar mis sentimientos. No es fácil asumir qué es la vida, pero mientras resolvemos qué es la vida, lo importante es vivirla en un quehacer diario que, a veces, será intelectual, otras se transformará en un trabajo, en las más ese quehacer diario tomará el cuerpo de una conversación o de un relato en un blog como este. Finalmente, la vivencia cobrará forma de arroz con bogavante. Lo importante en la vida es que ésta sea multidimensional, que equivale a decir que lo importante de la vida es vivirla. Y lo triste es que muchos humanos no tienen opción a este carácter multidimensional de la vida.
En algún sitio he leído (posiblemente lo he escrito yo mismo) que alguien se definía como "un maniático de la vida". Ser un maniático de la vida es ser un ser afortunado. Y no todos los seres lo son.

Fernando escribe

Del comentario de José Mª interpreto que la tarea de vivir consiste en crear sentido y significación de valor a la vida, que se expresa individualmente en la realidad psico-soma que nos constituye.
Pero es sabido que los átomos de nuestro cuerpo se renuevan cada año casi en su totalidad. Materialmente o celularmente cada año no soy el mismo: soy un ser en permanente recomposición. Igual sucede con nuestra psique y nuestro carácter: cada experiencia vivida, cada situación superada o fracasada, cada emoción suscitada, cada pensamiento recolectado, se van integrando y sintetizando permanentemente en la construcción evolutiva de lo que yo “voy siendo y haciendo de mí mismo”. Mi identidad (que es como decir mi ”Yo”) consiste básicamente en la información almacenada en mi genoma original, que es lo que me permite conservar consciencia de unidad e identidad a través e todos los cambios evolutivos de mi compuesto material orgánico y de la forma caracterial que me singulariza. Esto suena a hilemorfismo de la filosofía aristotélica: la materia y la forma que componen los cuerpos. La materia viva en evolución continua, como los ríos (“nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar / que es el morir...”) y la forma caracterial conformándose, reformándose, reestructurándose y resintetizándose en un proceso incesante hacia la “perfección”.

Parece esto de la “perfección” demasiado pretencioso y rimbombante, cuando uno se mira a sí mismo y es tan consciente de sus infinitas imperfecciones. Pero la perfección vegetal de un árbol es crecer al límite de sus posibilidades y dar sus flores y sus frutos, y su cobijo de sombras… Pues igual. Además este es el ideal ético que nos propuso el maestro Kant: hacer de uno mismo una obra de Arte, lo mismo –pienso yo- que el violín, desde su armazón de maderas frágiles y perecederas, y de sus cuerdas materiales, puede crear armonías de perfección imperecedera…

lunes, 28 de abril de 2008

Antonio escribe

He pasado un fin de semana como siempre y distinto de siempre: a mí me complace ir al mar y eso he hecho. Por eso es igual que siempre. Pero normalmente abro mi ordenador y leo, escribo y miro los e-mails. Este fin de semana no lo he hecho. Solamente he disfrutado de sol y de familia, de un buen arroz con bogavante y del cariño de mis nietos.
Hoy lunes abro el ordenador de nuevo y, a modo de extraña costumbre que adopta más los tonos de una superstición, entro en el Diario Atemporal. Y he disfrutado leyendo vuestro saber histórico. Me ha complacido muchísimo saber de nuestros antepasados. Y me ha arribado a la mente un pensamiento hecho palabra: nuestra lengua fue también modificada por lo árabe. Por ejemplo, en italiano alcachofa se dice "carchofa", sin la partícula "al". Podríamos poner muchísimos otros ejemplos. Nosotros, los del Al-Andalus somos una extraña mezcla de historia -que es nuestro pasado- (y que tan magistralmente habéis retratado en esas pinceladas escritas) y de presente, que viene representado por la tecnología que usamos y los valores en los que creemos. Hace unos días escribí que las fotografías y los sueños "son cosas del pasado". Nadie sueña en futuro y nadie puede obtener una foto de pasado mañana. Ahora debo incluir también a la Historia. Sobre todo a esa historia contada por vosotros tan magistralmente.

domingo, 27 de abril de 2008

José María, escribe

Fernando y Antonio J. me han hecho evocar la figura de uno de los más novelescos personajes de la Edad Media Española: el rey Al-Mu’tamid de Sevilla (1040-1095), que logró conquistar Córdoba y unirla al Reino de Taifas de Sevilla. Mi encuentro con el rey Al-Mu’tamid fue al investigar el origen de Linares, en una obra que publiqué hace unos años (Linares, de Aldea a Villa).

Al-Mu’tamid, intervino en la conquista de Toledo, que hasta ese momento había pertenecido a los cristianos, durante el reinado de Alfonso VI. El hijo de éste, Alfonso VII, que continuó las conquistas de las tierras andaluzas para la Coronade Castilla y, en concreto, el reino de Baiasa (Baeza) donó, algún tiempo después, “illa aldea quae dicet Linares” (aquella aldea que se llamará Linares) al Maestre de Campo de la Orden de Calatrava, Suero Díaz.

Al-Mu’tamid se enamoró y casó con Rummaykiya. Cierto día, Rummaykiya quedó asombrada porque había caído sobre Isbilyya (Sevilla) una inusual agua-nieve. Ante la admiración de su esposa, Al-Mu’tamid le prometió que todas las primaveras volvería a nevar para su deleite. Para ello, el rey plantó en la vega del Wadi Al-Kabir (Guadalquivir, el río grande), gran cantidad de guindos, perales, cerezos, manzanos, granados y mil árboles más que recordaban la belleza blanca de la nieve cuando florecían.

La tradición cuenta que Al-Mu’tamid lo hizo emulando al gran Abderraman III, que un siglo antes para engrandecer a Qurtuba (Córdoba) y, según cuenta la leyenda, para complacer, también, a su concubina al-Zahra, construyó una ciudad, posiblemente, en aquel tiempo la más fastuosa del mundo: arcos de marfil y ébano, puertas de bronce bruñido, mármoles, jaspes, fuentes y acequias, pájaros exóticos. Sin embargo, al-Zahra vivía con melancolía recordando la Iliberis granadina. Sabiéndolo el califa, y para agradarla, puebla con miles de almendros toda la llanura cordobesa (Madinat al-Zahra), para recordar la nieve que al-Zahra había visto cuando niña en los campos de Granada.

Hasta aquí la historia y la leyenda. Al-Mu’tamid poeta, por encima de todo, recreaba en los dos poemas que a continuación transcribo, sus días de gloria y también los días tristes en los que él mismo, que se creía el Elegido (Mahdí, Imán oculto, el león invencible), pasaba sus últimos días en el destierro del Magreb:

--“¿Quién entre los reyes ha llegado a los extremos de este rey valiente? / ¡Largo! ¡Ha llegado a vosotros el reino del Mahdí! / Pedí en matrimonio a Córdoba, la bella, cuando había / rechazado a los que la pretendían con espadas y lanzas. / ¡Cuánto tiempo estuvo desnuda!, mas me presenté yo / y se cubrió de bellas túnicas y joyas. / ¡Boda real! Celebraremos nupcias en su palacio, /mientras los otros reyes estarán en el cortejo del miedo. / ¡Mirad, hijos de puta, que se acerca el ataque de un león / envuelto en una armadura de valor!”.


--“Yo era amigo del rocío, señor de la indulgencia, / amado de las almas y de los espíritus; / mi diestra regalaba el día de los dones, / y mataba, el día del combate; / mi izquierda sujetaba todas las riendas que dominaban / a los corceles en los campos de batalla. / Hoy soy rehén, de la cadena y de la pobreza / apresado, con las alas rotas”.

(Pensaba introducir estas ideas como “comentario” a las entradas de Fernando y Antonio J. Sin embargo, por el interés aclaratorio que el tema tiene os las envío como entrada para todos. Siento que sea excesivamente larga pero sea así en honor de los almendros en flor…)

sábado, 26 de abril de 2008

Fernando escribe

Con esta irrupción soleada y floral de la primavera, pasados ya los aguaceros y fríos de un invierno rezagado, mañana atravesarán nuestras avenidas carrozas festivas, inaugurando anticipadamente, con batalla de flores, las Cruces y los Patios del mayo cordobés…

Camino de nuestro desayuno ritual de fin de semana, al atravesar esta mañana, Julia y yo, los jardines paralelos de la avenida de Vallellano, esos dos ríos vegetales de olas verdes y espuma de azahares, y percibir los aromas de la primavera en flor, le he recordado a Julia que el legendario rey Almutamid hizo plantar de almendros la campiña de Córdoba para que en los inviernos, a falta de nieve, la tierra estuviera blanca de flores…

jueves, 24 de abril de 2008

Fernando escribe

Para responder a la inquietud de José Mª y a la que Antonio sobre la fenomenología del acto de escribir, os recuerdo los famosos versos de Manuel Machado: "Hasta que el pueblo las canta,/ las coplas, coplas no son;/y cuando las canta el pueblo,/ ya nadie sabe su autor".

Sin embargo, volveré a mi matraca de que escribir y leer tiene -diría con Freud- una proyección libidinal: es, como dije con Panniker, “un modo de emparejamiento”.

La vida de un libro no tiene más consistencia que la que tú le das, como lector, con tu presencia ante él. Mientras lo tomas entre tus manos, lo despojas de sus cubiertas, introduces tus dedos entre los repliegues de sus páginas y las acaricias cuidadosamente, y rozas con la yema de tu dedo índice cada una de sus líneas palpitantes y de sus venas, y posas tus ojos sobre la abierta desnudez con que se te ofrece y se te entrega, para ti solo, y vas avanzando desde la curiosidad primera, a través de la sorpresa, el interés, la emoción contenida, la fruición, la posesión, de la identificación, de la evocación, después, y del recuerdo… Entonces es que has hecho, que has ido haciendo, de tu lectura un acto vivo, vivencial, y una gozosa, ilusionada, tal vez dolorosa, a veces, experiencia de amor.
Hay muchos modos de hacer el amor, y ¿quién me dice si otro es mejor que éste? Si es más pleno, más intenso, más íntimo, más gratificante, más enriquecedor...

Pero lo que sí es una verdad incontestable es que el espacio del encuentro, en intimidad interpersonal, es la experiencia más rica, y más colmada, de relación humana: el “emparejamiento mental”, dentro de la “interior bodega” donde se bebe y se degusta el vino embriagador de la confianza, de la confidencia, de la entrega.. Es el espacio del amor. Y en ámbito de la intimidad y el amor –como el aire que lo envuelve y le susurra- es la Palabra...
Lo que dice la Biblia: Que en el principio, antes que nada, en la base y raíz de todo, estaba la Palabra... Y que por la palabra se ha hecho todo lo que ha sido hecho...

Antonio escribe

¿A dónde van los temas escritos en este blog?, os hacéis esa pregunta, a la que me uno yo también. Canto para quien me acompaña, escribe Fernando aludiendo al romance del conde Arnaldo. Pessoa se desasosiega pensando en ¿quién leerá los versos?, unos versos que han sido escrito para ser leídos. O, como dice Faustina, pensando en Paul Auster, la literatura es esencialmente soledad, una soledad que permite la comunicación entre humanos. A todas estas reflexiones me apunto ventajosamente. Pero, yo inquiero en otro aspecto relacionado con la letra escrita: ¿por qué han sido escritos los versos, de dónde nace el sentimiento que impulsa a escribirlos, qué queda en la corporeidad de quien los ha escrito?
Cito a Pessoa, "escribo porque escribiendo se me pasará la necesidad compulsiva de escribir". Lo escrito irá a quien lo lea, a quien nosacompañe, a nadie porque se quedarán en la soledad del escritor, pero cada "escribidor" necesita deshacerse de ellos, extraerlos de su caverna en la que se fabrican los sentimientos, las ideas, los pensamientos, el amor, el odio o la necesidad de comunicarse o de estar en silencio. La palabra escrita es, como el paisaje que nos rodea, un instrumento de aislamiento o de comunicación. Eso dependerá de quien se enfrente a ellos. El escritor necesita de soledad cuando escribe, pero nadie escribiría ni una sola palabra viviendo solamente en la soledad. El escritor vive. Luego se aísla para escribir, porque necesita deshacerse del pesado saco de palabras que ha almacenado. La pregunta que me hago es la siguiente: ¿qué queda dentro de uno cuando hace pública la palabra? Me imagino el siguiente ejemplo: los sentimientos pertenecen a lo más íntimo nuestro, pero cuando los hacemos públicos, o lo compartimos, por ejemplo, el amor, el sentimiento deja de pertenecernos en exclusividad.
Pienso que la palabra escrito se comporta de la misma manera: la compartimos para que deje de apretarnos dentro.
Buen día a todos

José María, escribe

Pensaba hace unos días sobre la caducidad -temporal, en nuestro caso-, de nuestras entradas al blog. Palabras que se van acumulando, pobladas de ideas y estilos valiosos, que quedan perdidos en la oscuridad insondable de la red.

Es claro que nuestra comunicación interpersonal se realiza siempre con dirección alternativa: emisor-receptor. Sabemos, de antemano, que la “aceptación” (consenso o disenso) de nuestra interlocución tiene una respuesta asegurada en un “tú” presente, al que nos dirigimos. Sin embargo, lo que sucede en la red en la “red” es diferente: el interlocutor, exceptuando un grupo minoritario de amigos próximos, es anónimo, lejano, desconocido. Todo queda, por ello, probablemente, reducido a un “huerto cerrado”, a “un interior del alma”, donde habitan unos pocos amigos, próximos en ideas e intereses.

Hablan de esta dificultad dialogal las dos últimas entradas de nuestro blog: Faustina, en palabras de Paul Auster, dice que se escribe y se lee en soledad. A pesar de ello, añade, la comunicación del escritor con su interlocutor (se entiende), es profunda. Fernando, por su parte, encontrando siempre, en sus palabras de “escribidor”, confianza y compañía, dialoga, igual que el Conde Arnaldo, con “quien con él va...”

Y he recordado, pensando en todo esto, unos versos que leí hace algún tiempo en Fernando Pessoa, en un poema que tituló “Guardador de Rebaños”: “Desde la ventana más alta de mi casa, con un pañuelo blanco digo adiós / a mis versos, que viajan hacia la humanidad. / Y no estoy alegre ni triste. / Ese es el destino de los versos. // Los escribí y debo enseñárselos a todos / porque no puedo hacer lo contrario, /como la flor no puede esconder el color, / ni el río ocultar que corre, / ni el árbol ocultar que da frutos... // ¿Quién sabe quién los leerá? / ¿Quién sabe a qué manos irán?”

Hasta aquí Pessoa. Y aquí está nuestra palabra, siempre abierta a nuestro interlocutor, sea el que sea, que convertirá, con su callada, silenciosa, pero segura respuesta, nuestro “cerrado huerto” en jardín, con árboles y frutos, para todos.

miércoles, 23 de abril de 2008

Fernando escribe

La aparente contradicción entre las ideas de Austen de la cita que nos aporta Faustina (lectura es soledad y lectura es comunicación), se resuelve en cuanto que todo escritor escribe solo, pero en relación virtual e imaginaria con el cada uno de sus lectores; y cada lector lee solo, pero en relación afectiva y compenetrativa con su “escribidor”.
Y me ha recordado algo que le leí a Ramón Panniker en su “Cuaderno amarillo”: que escribir es un modo de emparejamiento.
Quizás la razón sea porque, en el libro, el que lo escribe y el que lo lee se encuentran, se con-penetran, se alientan y, juntos, levantan también el vuelo de la fantasía, de las ideas y de los recuerdos... Y tal vez sea también la razón por la que cada uno de los capítulos de mi libro “Construye tu pirámide”, los comencé con un mismo sintagma: “Te confieso que...” Porque buscaba instintivamente, pienso yo, penetrar en ese espacio privilegiado del encuentro, de la confianza, de la confidencia, de la amistad, de la intimidad: La “interior bodega” de San Juan de la Cruz, el “huerto cerrado” del Cantar de los Cantares, o el “rincón del alma” de Alberto Cortés.


Que quien escribe, lo mismo que el que canta o la que canta, busca el encuentro humano, la compañía, la confianza, la intimidad y el amor...., nos lo viene diciendo, por lo menos desde el siglo XV, el que fuera autor de aquel precioso, subyugante, Romance del Conde Arnaldo. ¿Lo recordáis? El marinero que gobierna una galera, en “la mañana de San Juan” (eso dice el romance) . Describe la escena y sigue:
“Marinero que la manda, diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo, arriba los hace andar;
las aves que andan volando, las hace al mástil posar...
Allí habló el Conde Arnaldos, bien oiréis lo que dirá:
Por Dios os ruego, marinero, digásme hora ese cantar:
Respondióle el marinero, tal respuesta le fue a dar:

YO NO DIGO MI CANCIÓN, SINO A QUIEN CONMIGO VA”.