domingo, 8 de junio de 2008

Antonio escribe

Amigo Fernando: ante todo presentar mis disculpas por el error de apreciación cometido por mí en la autoría de una de tus entradas.
Ante todo, asumo tus dos últimas entradas al pie de la letra. Hace ya muchos años leí a Schiller. Me gustaba su poesía filosófica. Un verso decia más o menos

Hemos nacido para lo mejor
y no es de locos pensar en ello.

El poema es Hoffnung (Esperanza) y más adelante decía algo así como

Que la esperanza me acompañe
hasta dentro de la tumba

Es cierto que la esperanza es uno de los componentes principales de la felicidad y también es cierta la interpretación de que la felicidad no consiste en tener lo que se quiere.

Asumo, pues, todo el discurso. Hasta tal punto que me he transformado en un casi predicador de los versos de Schiller, un predicador entre los amigos. Y digo predicador porque intento convencer de la cada uno define lo que para él es lo mejor, que decía Schiller. Y no hay nada mejor que la felicidad.

Pero el mundo es otro y nuevos alientos merodean, como decía Guillén, el granadino y poeta. Y entonces, sólo entonces, me planteo todas esas reflexiones, por ejemplo, ¿podría hoy surgir un Sócrates, el mismo de hace tantos años, y decir las mismas cosas? Entonces el hombre vivía en un lugar concreto; allí pagaba sus diezmos y primicias, allí sufría las bondades y las tiranías de sus gobernantes, allí moría a menos que uno de los gobernantes le diera por hacer una guerra, una guerra de machete y flechas, estilo "300". Allí vivía su descendencia y, a los más importantes se les reconocía por el lugar de su nacimiento (Tales de Mileto, etc). Hoy el mundo está, dicen, globalizado. Hoy una mano anónima y fantasmal se abre para llevarse nuestros diezmos y primicias. Hoy hay tantísimas personas que firman una hipoteca y ven como se modifican las bases y mes a mes deben pagar más a esa mano fantasmal. Posiblemente la semana que viene vivamos un proceso de desabastecimiento por algo que nación no sé dónde.

En este mundo nuestro somos felices porque somos capaces de desprendernos de lo extraordinario para vivir lo que sucede cada día. Pero posiblemente, sea otro tipo de felicidad. Digo que posiblemente. Por eso, no pude más que conmoverme cuando mi amiga poeta, viendo un amanecer, se sintió feliz y se preguntaba que cuánto duraría.

Pero insisto, que en el sentido filosófico de felicidad, yo me siento un hombre feliz. Y como yo muchísimos más.

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