jueves, 12 de junio de 2008

A vueltas con la felicidad

Antonio escribe.

He leído con atención la entrada de José María relacionada con el concepto de felicidad. Realmente, nuestro querido filósofo ha vuelto a dar una lección de filosofía. Desde el punto de vista filosófico, insisto, el tema ha quedado perfectamente acotado. Si uno entra en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, uno encuentra tres acepciones a este concepto: a) la primera está relacionada con la posesión, como decía José María, y es el estado del ánimo que se complace con la posesión de un bien; b) la segunda, representa un estado de ánimo de satisfacción, gusto o contento, y c) la tercera acepción consiste en algo que nos viene y valoramos como suerte feliz.
A mí me gustaría analizar la felicidad como ese estado del ánimo de satisfacción, gusto, suerte feliz o contento porque creo que representa el sentir cotidiano de la gente. Me siento feliz, no soy feliz, cuando estoy contento, experimento una sensación de suerte feliz y, a veces, sólo a veces, ese estado deriva de la posesión de algún bien. En general, valoro más el estado del ánimo.
La felicidad es una apreciación subjetiva, como el dolor. Nadie dice "me duelo" sino "me duele". Es decir, me duele a mí. De la misma forma que nadie puede decir "soy feliz", sino "me siento feliz", ahora y en este preciso momento, sin que ello suponga que he alcanzado un peldaño de la felicidad del que ya no podré descender. Lo que menos importa en la felicidad son las causas que la producen. Si las conozco, mejor. Sin embargo, una parte importante de mi felicidad no depende de mí sino de lo que me rodea, de lo que hemos llamado las causas que la producen.
Pongo un ejemplo, una persona que se levanta con una gran sensación de felicidad debe ser considerada una persona feliz, aunque no haya causas para ello. Esa persona sale a la calle y se le tuercen las cosas, porque no llega el autobús a su hora, porque está metido en un atasco de tráfico, porque llega a su trabajo y le dan una órdenes inaceptables, porque el café sabe mal, porque se ha encontrado con su peor enemigo, porque... y vuelve a su casa desprovisto de esa sensación que le acompañó al levantarse. ¿Es feliz?
Perdonad estas extrañas digresiones sobre un tema tan apasionante, pero hoy he dormido a pierna suelta y me he levantado feliz, después he ido a echar gasoil y no había, he dejado el coche en casa y el autobús ha llegado media hora más tarde, he llegado a la facultad y el café estaba malísimo, y ahora mismo estoy corrigiendo exámenes y acabo de suspender a un alumno que creo es bueno.

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