martes, 10 de junio de 2008

EL CONCEPTO DE FELICIDAD

JOSE MARIA, escribe
Uno de los temas más complejos, discutido desde diferentes ángulos en la historia de nuestro pensamiento occidental, es el de la determinación de la felicidad. Leyéndoos, en el blog, Fernando y Antonio, me animo a abordar el asunto porque creo que puede resultar de interés su clarificación.

Tengo la impresión que estamos aludiendo, al referirnos a la felicidad, a una especial situación cenestésica, gozosa y placentera, originada por el bien conseguido. Se trata de un estado de quietud y fruición interior que se origina por la consecución o logro del proyecto anhelado. Habría, por ello, que incluir a la felicidad entre los actos de la potencia volitiva: el fin ya ha sido conseguido y la voluntad se deleita en él.

La felicidad, así, estaría cerca de la experiencia sensitiva. La fruición, consiguiente a la posesión, implica reposo, descanso, quietud en el bien poseído. Para comprenderla habría, pues, que distinguir entre amor, tendencia, posesión y gozo.

Ya Aristóteles, ante un tema de raíces psicológicas complejas como éste, partía, para determinarlo, de las tres dimensiones posibles de vida del ser humano (“bios apolaustikós”, “bios políticos” y “bios theoréticos”). E iIdentificaba, así, la felicidad con el placer, con la virtud y con la contemplación.

Aunque los autores modernos hayan tratado de la felicidad de manera diferente a como lo hicieron los antiguos y los medievales, hay algo común en todos ellos: la felicidad no es nunca un bien en sí mismo. Para saber lo que es hay que conocer el bien o bienes que la producen.

Es claro que el concepto de felicidad se inscribe dentro del “eudaimonismo”: la felicidad radica en la posesión del sumo bien. ¿Será la infinitud del bien supremo la que constituirá la felicidad total? De acuerdo a determinadas especificaciones de escuela, así se sostuvo durante mucho tiempo. Y se elaboró una ética de bienes y de fines, que fue base dominante del pensamiento ético, hasta la aparición de la filosofía kantiana.

Hoy, probablemente, habrá que abandonar estos rigores especulativos para valorar la felicidad tomando como parámetros otras significaciones más sencillas, pero, sin duda más vitales. El hombre es feliz cuando logra su proyecto, entre las múltiples y variadas gamas con las que se le ofrece la posibilidad, buena y anhelada para él.

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