viernes, 13 de junio de 2008

Antonio escribe

Gracias Fernando por la contestación a mi entrada "A vueltas con la felicidad". Es cierto, la felicidad puede consistir en vivir, simplemente. Yo tambíén atravesé momentos de dificultad cardiovascular y, cuando superé el más delicado de todos, al abrir los ojos me sentí inmensamente feliz. Había superado el momento agudo. Ya han pasado más de diez años de aquel momento singular. Ahora dejo volar mi recuerdo para contemplar los días de mi infancia y juventud, los duros entrenamientos en el instituto, las dificultades que tuvimos para echar a andar el cineforum en el instituto. Dejo a mi recuerdo que juegue con la cara de la primera chica por la que sentí algo, me entretengo con las primeras imágenes de mis primeros ensayos teatrales, dirigidos por el insigne Martín Recuerda, me enredo con las caras de los que frecuentábamos los primeros guateques, algunas ya desaparecidas para siempre, me deleito con la primera imagen que tuve de Granada un día 2 de septiembre de 1950, con la visión del primer tranvía que vi en mi vida. Y todo ello me lleva a sentirme como en un nirvana de felicidad. De una felicidad incompleta porque "el recuerdo te provoca satisfacción pero no felicidad". Entonces dejo volar mi imaginación para ver la vida que todavía no he vivido, la vida auténtica, porque la vida es siempre lo pendiente de vivir. Y a veces coincido con Carmen Martín Gaite y su libro "Lo raro es vivir". Entonces siento también esa clase de felicidad incompleta, porque lo no vivido no produce felicidad sino ansiedad, ilusión y, a veces, desasosiego. Todo ello dentro de la felicidad. Finalmente, despierto de mi letargo -el recuerdo y la imaginación- y sitúo los pies en el suelo, y me aferro a la vida de este instante, y me pregunto si soy feliz. Y llego a la conclusión de que sí. Y vuelvo a emplezar recordando a Carlos Cano, como tu muy bien lo decías en tu intervención última, y después dejo volar mi imaginación y luego mis recuerdos. Somos péndulos que oscilan entre la utopía del recuerdo y la imaginación y el realismo vitalista del sentir de cada momento y, posiblemente, en este ir y venir, en ese movimiento oscilatorio y pendular, veamos el mundo, el mundo que existe en este momento, el que existió y el que tendrá que venir. Y de esta sencilla forma nos sentimos felices. Dicho en otras palabras, la felicidad podría consistir en hacer un mundo completo, una vida completa de cada instante de nuestras vidas.

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