miércoles, 30 de abril de 2008

José María, escribe

Voy a terciar, en el más estricto sentido de la palabra, en la interesante y profunda conversación que mantienen Fernando y Antonio.

Tengo que comenzar mi reflexión con una célebre y esclarecedora frase de Engels: “La cuestión fundamental de toda filosofía... está en determinar la relación entre el Pensamiento y el Ser, entre el Espíritu y la Naturaleza”.

Quizás haya que analizar el concepto de “Materia” con premisas diferentes a las clásicas que establecía el Hilemorfismo Aristotélico. El concepto de “Materia Metafísica” queda hoy reducido a una concepción científico natural en la que la materia clásica pierde las dimensiones meta-empíricas que la convertían en una realidad esencial constitutiva de lo real. En un análisis objetivo, la “materia” -la entendamos como materia orgánica, materia psíquica o sistematización energética-, es la realidad una y única -permanente, indestructible, constante y evolutiva- que conforma lo real. Los cuerpos pueden cambiar de masa, de volumen y forma, pero las últimas partículas, sea cual sea el nombre con que se las denominen, son inalterables.

Estas afirmaciones conducen a un concepto de “Materia” que está en la base de toda realidad evolutiva. Superado, al menos científicamente, el “genero literario” de la septenaria creación bíblica, surge la pregunta: ¿Cómo evoluciona la materia para que, en virtud de su propio dinamismo interno, vayan surgiendo de ella las variadas y distintas formas de lo real?

La realidad material, por su dinamismo evolutivo, cambia “cuantitativamente”: una vez que su realización se ha saturado en un determinado estadio “salta”, cuantitativamente, a una etapa de vida superior, más compleja. Sin embargo, el “salto” fundamental -posible salto cualitativo-, es el que se da en el tránsito de la simple materia extensa a una actividad, aparentemente inmaterial, como es la de la conciencia. ¿Lo que, lógicamente, sería un determinado y específico salto cuantitativo podría convertirse en salto cualitativo, al que sería necesario recurrir para revestir la realidad de características básicamente esencialista?

La respuesta estaría cercana al análisis que nuestro amigo, el Profesor Antonio Espinosa, nos hace en su entrada del día 29 de abril: nuestros procesos neuronales, lentamente, pero de manera continua, en su proceso de enriquecimiento y evolución, van “produciendo determinadas proteínas que, formando parte de nuestras células, impulsan maneras diferentes de responder a estímulos iguales”.

El “algo más que Genoma” que apunta Antonio y “la psique, que vehicula al espíritu en forma de deseo”, de la que habla Fernando, pueden resultar premisas interesantes, sugerentes... Dejo al científico y al psicólogo ahondar más el tema. Es estimulante, sin duda, adentrarse en estos intrincados y casi mágicos vericuetos mentales, aunque el pensamiento se encuentre casi siempre con una pregunta indefinida de difícil respuesta... Preguntarse es lo humano. Quizás, a base de preguntarse... y preguntarse... vayan surgiendo, poco a poco, las repuestas.

martes, 29 de abril de 2008

Antonio escribe

El tema suscitado es interesantísimo. A veces explico a mis alumnos la cuestión del genoma. Y siempre termino diciendo que somos algo más que genoma. Coincido con Fernando que somos seres en renovación total. Pero también coincido con José María en que "somos viviendo". Nuestros procesos homeostáticos renuevan nuestros tejidos, pero parece que hay uno de ellos, el tejido neuronal, que o no se renueva o lo hace demasiado lentamente. Un alumno me preguntó cierto día que yo explicaba el sistema adrenérgico (la noradrenalina, que en la canción de Guerra toma la expresión de bilirrubina, que es otra cosa muy distinta), ¿por qué no reaccionamos todos de la misma forma ante cualquier hecho externo? (esto significaría que por qué no todos vivimos la misma vida). Y yo le respondí que no somos sólo genoma. Explíquese profesor, me dijo. Cada geneoma tiene la facultad de producir unas determinadas proteínas y éstas forman parte de nuestas células y responde de manera diferente a estímulos iguales. Así, cada vida es diferente a cualquier otra vida, respondí. Entonces, me replicó, yo debería responder de la misma forma siempre que responda al mismo estímulo, y eso no es así. Cierto, repliqué yo. somos algo más que genoma. Y aquí viene el conflicto: unos piensan que si yo soy yo y mis circunstancias; otros que existe el alma (que sería lo mismo que admitir que existe un destino prefabricado para cada uno), otros pensamos que existe la corporeidad y que mi cuerpo tiene la facultad de fabricar mis sentimientos. No es fácil asumir qué es la vida, pero mientras resolvemos qué es la vida, lo importante es vivirla en un quehacer diario que, a veces, será intelectual, otras se transformará en un trabajo, en las más ese quehacer diario tomará el cuerpo de una conversación o de un relato en un blog como este. Finalmente, la vivencia cobrará forma de arroz con bogavante. Lo importante en la vida es que ésta sea multidimensional, que equivale a decir que lo importante de la vida es vivirla. Y lo triste es que muchos humanos no tienen opción a este carácter multidimensional de la vida.
En algún sitio he leído (posiblemente lo he escrito yo mismo) que alguien se definía como "un maniático de la vida". Ser un maniático de la vida es ser un ser afortunado. Y no todos los seres lo son.

Fernando escribe

Del comentario de José Mª interpreto que la tarea de vivir consiste en crear sentido y significación de valor a la vida, que se expresa individualmente en la realidad psico-soma que nos constituye.
Pero es sabido que los átomos de nuestro cuerpo se renuevan cada año casi en su totalidad. Materialmente o celularmente cada año no soy el mismo: soy un ser en permanente recomposición. Igual sucede con nuestra psique y nuestro carácter: cada experiencia vivida, cada situación superada o fracasada, cada emoción suscitada, cada pensamiento recolectado, se van integrando y sintetizando permanentemente en la construcción evolutiva de lo que yo “voy siendo y haciendo de mí mismo”. Mi identidad (que es como decir mi ”Yo”) consiste básicamente en la información almacenada en mi genoma original, que es lo que me permite conservar consciencia de unidad e identidad a través e todos los cambios evolutivos de mi compuesto material orgánico y de la forma caracterial que me singulariza. Esto suena a hilemorfismo de la filosofía aristotélica: la materia y la forma que componen los cuerpos. La materia viva en evolución continua, como los ríos (“nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar / que es el morir...”) y la forma caracterial conformándose, reformándose, reestructurándose y resintetizándose en un proceso incesante hacia la “perfección”.

Parece esto de la “perfección” demasiado pretencioso y rimbombante, cuando uno se mira a sí mismo y es tan consciente de sus infinitas imperfecciones. Pero la perfección vegetal de un árbol es crecer al límite de sus posibilidades y dar sus flores y sus frutos, y su cobijo de sombras… Pues igual. Además este es el ideal ético que nos propuso el maestro Kant: hacer de uno mismo una obra de Arte, lo mismo –pienso yo- que el violín, desde su armazón de maderas frágiles y perecederas, y de sus cuerdas materiales, puede crear armonías de perfección imperecedera…

lunes, 28 de abril de 2008

Antonio escribe

He pasado un fin de semana como siempre y distinto de siempre: a mí me complace ir al mar y eso he hecho. Por eso es igual que siempre. Pero normalmente abro mi ordenador y leo, escribo y miro los e-mails. Este fin de semana no lo he hecho. Solamente he disfrutado de sol y de familia, de un buen arroz con bogavante y del cariño de mis nietos.
Hoy lunes abro el ordenador de nuevo y, a modo de extraña costumbre que adopta más los tonos de una superstición, entro en el Diario Atemporal. Y he disfrutado leyendo vuestro saber histórico. Me ha complacido muchísimo saber de nuestros antepasados. Y me ha arribado a la mente un pensamiento hecho palabra: nuestra lengua fue también modificada por lo árabe. Por ejemplo, en italiano alcachofa se dice "carchofa", sin la partícula "al". Podríamos poner muchísimos otros ejemplos. Nosotros, los del Al-Andalus somos una extraña mezcla de historia -que es nuestro pasado- (y que tan magistralmente habéis retratado en esas pinceladas escritas) y de presente, que viene representado por la tecnología que usamos y los valores en los que creemos. Hace unos días escribí que las fotografías y los sueños "son cosas del pasado". Nadie sueña en futuro y nadie puede obtener una foto de pasado mañana. Ahora debo incluir también a la Historia. Sobre todo a esa historia contada por vosotros tan magistralmente.

domingo, 27 de abril de 2008

José María, escribe

Fernando y Antonio J. me han hecho evocar la figura de uno de los más novelescos personajes de la Edad Media Española: el rey Al-Mu’tamid de Sevilla (1040-1095), que logró conquistar Córdoba y unirla al Reino de Taifas de Sevilla. Mi encuentro con el rey Al-Mu’tamid fue al investigar el origen de Linares, en una obra que publiqué hace unos años (Linares, de Aldea a Villa).

Al-Mu’tamid, intervino en la conquista de Toledo, que hasta ese momento había pertenecido a los cristianos, durante el reinado de Alfonso VI. El hijo de éste, Alfonso VII, que continuó las conquistas de las tierras andaluzas para la Coronade Castilla y, en concreto, el reino de Baiasa (Baeza) donó, algún tiempo después, “illa aldea quae dicet Linares” (aquella aldea que se llamará Linares) al Maestre de Campo de la Orden de Calatrava, Suero Díaz.

Al-Mu’tamid se enamoró y casó con Rummaykiya. Cierto día, Rummaykiya quedó asombrada porque había caído sobre Isbilyya (Sevilla) una inusual agua-nieve. Ante la admiración de su esposa, Al-Mu’tamid le prometió que todas las primaveras volvería a nevar para su deleite. Para ello, el rey plantó en la vega del Wadi Al-Kabir (Guadalquivir, el río grande), gran cantidad de guindos, perales, cerezos, manzanos, granados y mil árboles más que recordaban la belleza blanca de la nieve cuando florecían.

La tradición cuenta que Al-Mu’tamid lo hizo emulando al gran Abderraman III, que un siglo antes para engrandecer a Qurtuba (Córdoba) y, según cuenta la leyenda, para complacer, también, a su concubina al-Zahra, construyó una ciudad, posiblemente, en aquel tiempo la más fastuosa del mundo: arcos de marfil y ébano, puertas de bronce bruñido, mármoles, jaspes, fuentes y acequias, pájaros exóticos. Sin embargo, al-Zahra vivía con melancolía recordando la Iliberis granadina. Sabiéndolo el califa, y para agradarla, puebla con miles de almendros toda la llanura cordobesa (Madinat al-Zahra), para recordar la nieve que al-Zahra había visto cuando niña en los campos de Granada.

Hasta aquí la historia y la leyenda. Al-Mu’tamid poeta, por encima de todo, recreaba en los dos poemas que a continuación transcribo, sus días de gloria y también los días tristes en los que él mismo, que se creía el Elegido (Mahdí, Imán oculto, el león invencible), pasaba sus últimos días en el destierro del Magreb:

--“¿Quién entre los reyes ha llegado a los extremos de este rey valiente? / ¡Largo! ¡Ha llegado a vosotros el reino del Mahdí! / Pedí en matrimonio a Córdoba, la bella, cuando había / rechazado a los que la pretendían con espadas y lanzas. / ¡Cuánto tiempo estuvo desnuda!, mas me presenté yo / y se cubrió de bellas túnicas y joyas. / ¡Boda real! Celebraremos nupcias en su palacio, /mientras los otros reyes estarán en el cortejo del miedo. / ¡Mirad, hijos de puta, que se acerca el ataque de un león / envuelto en una armadura de valor!”.


--“Yo era amigo del rocío, señor de la indulgencia, / amado de las almas y de los espíritus; / mi diestra regalaba el día de los dones, / y mataba, el día del combate; / mi izquierda sujetaba todas las riendas que dominaban / a los corceles en los campos de batalla. / Hoy soy rehén, de la cadena y de la pobreza / apresado, con las alas rotas”.

(Pensaba introducir estas ideas como “comentario” a las entradas de Fernando y Antonio J. Sin embargo, por el interés aclaratorio que el tema tiene os las envío como entrada para todos. Siento que sea excesivamente larga pero sea así en honor de los almendros en flor…)

sábado, 26 de abril de 2008

Fernando escribe

Con esta irrupción soleada y floral de la primavera, pasados ya los aguaceros y fríos de un invierno rezagado, mañana atravesarán nuestras avenidas carrozas festivas, inaugurando anticipadamente, con batalla de flores, las Cruces y los Patios del mayo cordobés…

Camino de nuestro desayuno ritual de fin de semana, al atravesar esta mañana, Julia y yo, los jardines paralelos de la avenida de Vallellano, esos dos ríos vegetales de olas verdes y espuma de azahares, y percibir los aromas de la primavera en flor, le he recordado a Julia que el legendario rey Almutamid hizo plantar de almendros la campiña de Córdoba para que en los inviernos, a falta de nieve, la tierra estuviera blanca de flores…

jueves, 24 de abril de 2008

Fernando escribe

Para responder a la inquietud de José Mª y a la que Antonio sobre la fenomenología del acto de escribir, os recuerdo los famosos versos de Manuel Machado: "Hasta que el pueblo las canta,/ las coplas, coplas no son;/y cuando las canta el pueblo,/ ya nadie sabe su autor".

Sin embargo, volveré a mi matraca de que escribir y leer tiene -diría con Freud- una proyección libidinal: es, como dije con Panniker, “un modo de emparejamiento”.

La vida de un libro no tiene más consistencia que la que tú le das, como lector, con tu presencia ante él. Mientras lo tomas entre tus manos, lo despojas de sus cubiertas, introduces tus dedos entre los repliegues de sus páginas y las acaricias cuidadosamente, y rozas con la yema de tu dedo índice cada una de sus líneas palpitantes y de sus venas, y posas tus ojos sobre la abierta desnudez con que se te ofrece y se te entrega, para ti solo, y vas avanzando desde la curiosidad primera, a través de la sorpresa, el interés, la emoción contenida, la fruición, la posesión, de la identificación, de la evocación, después, y del recuerdo… Entonces es que has hecho, que has ido haciendo, de tu lectura un acto vivo, vivencial, y una gozosa, ilusionada, tal vez dolorosa, a veces, experiencia de amor.
Hay muchos modos de hacer el amor, y ¿quién me dice si otro es mejor que éste? Si es más pleno, más intenso, más íntimo, más gratificante, más enriquecedor...

Pero lo que sí es una verdad incontestable es que el espacio del encuentro, en intimidad interpersonal, es la experiencia más rica, y más colmada, de relación humana: el “emparejamiento mental”, dentro de la “interior bodega” donde se bebe y se degusta el vino embriagador de la confianza, de la confidencia, de la entrega.. Es el espacio del amor. Y en ámbito de la intimidad y el amor –como el aire que lo envuelve y le susurra- es la Palabra...
Lo que dice la Biblia: Que en el principio, antes que nada, en la base y raíz de todo, estaba la Palabra... Y que por la palabra se ha hecho todo lo que ha sido hecho...

Antonio escribe

¿A dónde van los temas escritos en este blog?, os hacéis esa pregunta, a la que me uno yo también. Canto para quien me acompaña, escribe Fernando aludiendo al romance del conde Arnaldo. Pessoa se desasosiega pensando en ¿quién leerá los versos?, unos versos que han sido escrito para ser leídos. O, como dice Faustina, pensando en Paul Auster, la literatura es esencialmente soledad, una soledad que permite la comunicación entre humanos. A todas estas reflexiones me apunto ventajosamente. Pero, yo inquiero en otro aspecto relacionado con la letra escrita: ¿por qué han sido escritos los versos, de dónde nace el sentimiento que impulsa a escribirlos, qué queda en la corporeidad de quien los ha escrito?
Cito a Pessoa, "escribo porque escribiendo se me pasará la necesidad compulsiva de escribir". Lo escrito irá a quien lo lea, a quien nosacompañe, a nadie porque se quedarán en la soledad del escritor, pero cada "escribidor" necesita deshacerse de ellos, extraerlos de su caverna en la que se fabrican los sentimientos, las ideas, los pensamientos, el amor, el odio o la necesidad de comunicarse o de estar en silencio. La palabra escrita es, como el paisaje que nos rodea, un instrumento de aislamiento o de comunicación. Eso dependerá de quien se enfrente a ellos. El escritor necesita de soledad cuando escribe, pero nadie escribiría ni una sola palabra viviendo solamente en la soledad. El escritor vive. Luego se aísla para escribir, porque necesita deshacerse del pesado saco de palabras que ha almacenado. La pregunta que me hago es la siguiente: ¿qué queda dentro de uno cuando hace pública la palabra? Me imagino el siguiente ejemplo: los sentimientos pertenecen a lo más íntimo nuestro, pero cuando los hacemos públicos, o lo compartimos, por ejemplo, el amor, el sentimiento deja de pertenecernos en exclusividad.
Pienso que la palabra escrito se comporta de la misma manera: la compartimos para que deje de apretarnos dentro.
Buen día a todos

José María, escribe

Pensaba hace unos días sobre la caducidad -temporal, en nuestro caso-, de nuestras entradas al blog. Palabras que se van acumulando, pobladas de ideas y estilos valiosos, que quedan perdidos en la oscuridad insondable de la red.

Es claro que nuestra comunicación interpersonal se realiza siempre con dirección alternativa: emisor-receptor. Sabemos, de antemano, que la “aceptación” (consenso o disenso) de nuestra interlocución tiene una respuesta asegurada en un “tú” presente, al que nos dirigimos. Sin embargo, lo que sucede en la red en la “red” es diferente: el interlocutor, exceptuando un grupo minoritario de amigos próximos, es anónimo, lejano, desconocido. Todo queda, por ello, probablemente, reducido a un “huerto cerrado”, a “un interior del alma”, donde habitan unos pocos amigos, próximos en ideas e intereses.

Hablan de esta dificultad dialogal las dos últimas entradas de nuestro blog: Faustina, en palabras de Paul Auster, dice que se escribe y se lee en soledad. A pesar de ello, añade, la comunicación del escritor con su interlocutor (se entiende), es profunda. Fernando, por su parte, encontrando siempre, en sus palabras de “escribidor”, confianza y compañía, dialoga, igual que el Conde Arnaldo, con “quien con él va...”

Y he recordado, pensando en todo esto, unos versos que leí hace algún tiempo en Fernando Pessoa, en un poema que tituló “Guardador de Rebaños”: “Desde la ventana más alta de mi casa, con un pañuelo blanco digo adiós / a mis versos, que viajan hacia la humanidad. / Y no estoy alegre ni triste. / Ese es el destino de los versos. // Los escribí y debo enseñárselos a todos / porque no puedo hacer lo contrario, /como la flor no puede esconder el color, / ni el río ocultar que corre, / ni el árbol ocultar que da frutos... // ¿Quién sabe quién los leerá? / ¿Quién sabe a qué manos irán?”

Hasta aquí Pessoa. Y aquí está nuestra palabra, siempre abierta a nuestro interlocutor, sea el que sea, que convertirá, con su callada, silenciosa, pero segura respuesta, nuestro “cerrado huerto” en jardín, con árboles y frutos, para todos.

miércoles, 23 de abril de 2008

Fernando escribe

La aparente contradicción entre las ideas de Austen de la cita que nos aporta Faustina (lectura es soledad y lectura es comunicación), se resuelve en cuanto que todo escritor escribe solo, pero en relación virtual e imaginaria con el cada uno de sus lectores; y cada lector lee solo, pero en relación afectiva y compenetrativa con su “escribidor”.
Y me ha recordado algo que le leí a Ramón Panniker en su “Cuaderno amarillo”: que escribir es un modo de emparejamiento.
Quizás la razón sea porque, en el libro, el que lo escribe y el que lo lee se encuentran, se con-penetran, se alientan y, juntos, levantan también el vuelo de la fantasía, de las ideas y de los recuerdos... Y tal vez sea también la razón por la que cada uno de los capítulos de mi libro “Construye tu pirámide”, los comencé con un mismo sintagma: “Te confieso que...” Porque buscaba instintivamente, pienso yo, penetrar en ese espacio privilegiado del encuentro, de la confianza, de la confidencia, de la amistad, de la intimidad: La “interior bodega” de San Juan de la Cruz, el “huerto cerrado” del Cantar de los Cantares, o el “rincón del alma” de Alberto Cortés.


Que quien escribe, lo mismo que el que canta o la que canta, busca el encuentro humano, la compañía, la confianza, la intimidad y el amor...., nos lo viene diciendo, por lo menos desde el siglo XV, el que fuera autor de aquel precioso, subyugante, Romance del Conde Arnaldo. ¿Lo recordáis? El marinero que gobierna una galera, en “la mañana de San Juan” (eso dice el romance) . Describe la escena y sigue:
“Marinero que la manda, diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma, los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo, arriba los hace andar;
las aves que andan volando, las hace al mástil posar...
Allí habló el Conde Arnaldos, bien oiréis lo que dirá:
Por Dios os ruego, marinero, digásme hora ese cantar:
Respondióle el marinero, tal respuesta le fue a dar:

YO NO DIGO MI CANCIÓN, SINO A QUIEN CONMIGO VA”.


Faustina, escribe

Las manos, a veces realizan movimientos contrarios a la voluntad. Es lo que me ha pasado con la entrada que escribí esta mañana. No sé donde tecleé pero no ha aparecido. Intentaré reproducir mis pensamientos matutinos:Dice Cervantes: en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia.
Hoy, día internacional del Libro y del Derecho de Autor, quiero felicitar a mis amigos y contertulios que gozan de sus autorías. Los que leemos a los demás, buscamos en ellos esas frases a las que alude Cervantes y convertimos la lectura en ventana y también en espejo, como la define Muñoz Molina. Un espejo con nuestro reflejo y el de todos los que se asomaron a él. Al hilo de lo que comentan Fernando y Antonio y desde una perspectiva diferente, se me antoja imaginar que, al abrir un libro, abrimos ese armario variopinto de cuerpos y almas con las que nos vestimos mientras dura su lectura. Cuerpos y almas que han sido, son o fingen serlo y que cobran su sentido cada vez que son revestidas de nuevo.
Hoy realizo una actividad con " mis niños" sobre el libro y la he comenzado escribiendo en la pizarra un proverbio hindú:" Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora."Mi error informático me obliga a recortar ahora mi contribución en este día pero no podía dejar de celebrarlo con la palabra y entre vosotros.
Por cierto, supongo que sabéis que ni Shakespeare ni Cervantes murieron exactamente el día 23 de abril. Al segundo lo enterraron ese día, pero tratándose de literatura se puede permitir una licencia histórica ¿no os parece?." La literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad; se lee en soledad y, pese a todo, el acto de la lectura permite una comunicación profunda entre los seres humanos". Paul Auster.

Antonio escribe

Después de leer la entrada de Fernando relacionada con el libro y con nuestra amistosa conversación telefónica de anoche no tengo nada o casi nada que añadir. Solamente decir que me gustó la idea de necesitar diferentes cuerpos para nuestra alma o diferentes almas para nuestro cuerpo. Somos complejos, o quizá tan asombrosamente sencillos que necesitamos complicar nuestra vida. Los primitivos hombres de Altamira creían que dibujando con precisión al animal conseguirían apoderarse de su alma y de su cuerpo, sobre todo de su cuerpo para poder alimentarse. Nosotros somos más evolucionados porque "podemos cambiar de cuerpo y de alma". Yo he sentido esa sensación cada vez que me embuto (como si de la carne de un morcón se tratase), dentro de un libro. Uno de los autores actuales que más consiguen ese efecto de mí es Murakami. Y también Pamuk. Coincido con Fernando en que el libro obra ese poder sobre nosotros.Hoy día de San Jorge, daros todos por felicitados con un libro y una rosa imaginaria. Y que libro y rosa sirvan para hacer sentir la necesidad de buscar esa otra parte vuestra y mía.

(José María, por favor, corrige mi entrada en falso en El Ágora. Como ves, soy un desastre informático: un virus informático o algo así)

martes, 22 de abril de 2008

Fernando escribe

Le comenté a Antonio Espinosa esta noche, en una ocasional conversación telefónica, haberle leído a Unamuno que algunas personas han logrado encontrar como un segundo cuerpo para su alma, en la naturaleza que lo envuelve y que llega a integrase en la consciencia de sí mismo. A Antonio le gustó la idea y me confesó que él, a veces, busca una segunda alma para su cuerpo…

Después escuché (leí) a José Mª hablando sobre el libro y pensé que el libro quizás era para mí ese segundo cuerpo, esa membrana o corteza que envuelve mi alma y la vivifica y revivifica cada día. Y he recordado la referencia de Alberto Manguel al Quijote, cuando el cura y el barbero hacen que se le tapie su biblioteca, porque la creían la fuente de sus desvaríos. Y es impresionante y conmovedor el cuadro del Caballero cuando se levanta de la cama para ir en busca de sus libros y no encuentra la habitación donde los guardaba… Es una angustiosa pesadilla. Y encierra una profunda simbología: si desaparecieran mis libros, los que han fecundado mis pensamiento, los que han aventado mis fantasías, los que identificado mis experiencias…quizás llegaría a creer que no soy la misma persona, que he perdido mi propia identidad… Eran -y son- un cuerpo para mi alma, o quizás, como para Antonio, un alma para mi cuerpo…

José María, escribe

EL LIBRO

El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes, Shakesperae y el Inca Gracilazo de la Vega. Esta fecha -23 de abril-, tan simbólica para la literatura universal, fue escogida por la UNESCO para rendir un homenaje mundial al libro. La idea de esta celebración partió de Cataluña, donde este día, ya es tradicional, se regala una rosa al comprador de un libro. Digamos, también, nosotros una palabra sobre él, en nuestro blog, libro digítal.

Quizás sea por la variedad del material trasmisor del libro, y por sus orígenes primitivos, por lo que la palabra “libro”, etimológicamente, deriva del latín “liber” (membrana, corteza del árbol). Se utilizaban las cortezas del árbol, una vez alisadas, para confeccionar el conjunto de hojas que componía lo que conocemos como libro.

A lo largo de la historia, sirvieron como materiales para trasmitir la cultura humana, elementos rudos, simple y transportables: la piedra, el bronce, los ladrillos de arcilla, las tablillas de madera o cortezas de árbol. Los egipcios utilizaron láminas de médula de papiro, parecidas a hojas. Los chinos, adoptaron la seda. En Grecia y, después, en Roma se escribían los rollos y documentos en pergaminos de piel de carnero, de cabra o ternera, blanqueada y curtida.

La andadura del libro ha sido larga. Traspasando las fronteras del papel, tan usado en la confección de documentos impresos, en 1971 comenzó a desarrollarse el libro digital o electrónico. En 1981 sale a la venta el primer libro electrónico. Pero será en 2001 cuando el libro digital adquiera su máxima expansión gracias a la aparición en la red de la novela de Stephen King, Riding the Bullet. (En 48 horas se vendieron en la red más medio millón de libros de esta novela, al precio de dos dólares y medio).

Hoy los escritores dan a conocer sus libros a través de los blogs. La red se ha convertido, hoy, en la mejor editorial del libro. El blog es espacio reconocido de difusión de lo que escribimos y leemos.

Del 7 al 11 de Junio de 1982 se celebró en Londres el Congreso Mundial del Libro. Su epígrafe era “Hacia una Sociedad Lectora”. En sus conclusiones se recomienda a los gobiernos el establecimiento de programas interesados en la creación, producción y uso del libro... Reafirmamos, dice el Congreso, la validez de la Carta del Libro... y la meta de “Libros para todos”, que todavía está por alcanzarse.

Antonio escribe

Buenos días a todos. Mi mirada ha estado perdida en la química durante unos días. Mi cuerpo y mi alma la han acompañado también y todos juntos hemos viajado a El Escorial. Allí hemos hecho química y hemos mirado juntos la química hecha por otros. Mientras esto sucedía, en la calle la lluvia impregnaba a todo de su color: el color de la lluvia infuyó en el color de mi mirada. Y pensé, mientras fuera llovía, que mi mirada busca siempre lo sorprendente, lo desconocido, la menos natural, lo que estimula mi alma. Como el árbol caído de Faustina. Posiblemente ella no habría mirado en esa dirección, pero El Árbol Caído era un atractivo porque establecía lo nuevo, lo diferente. Pienso que ningún momento de nuestras vidas puede considerarse como repetición de algo ya vivido. Cada instante de la vida es original. Y nuestra mirada se encuentra cada día con un conjunto de visiones todas originales... pero sabe seleccionar aquellas que son capaces de llamar al recuerdo, al sentimiento olvidado, al sentido de lo bello. Por eso recordamos ciertas miradas y no todas. En El Escorial tuve el placer de escuchar un concierto de órgano en el Monasterio mientras mis ojos dirigían su mirada inquisidora a cada uno de los azules que ornamentan el techo del mismo. Al final todo se confundió en una única cosa: mirada y música fueron por unos instantes la misma cosa.
Después vino de nuevo la química. Y mis ojos se cerraron al exterior para fijarse en una pantalla iluminada por la desfilaban una tras otra un conjunto de moléculas interesantes.
Y pienso, de acuerdo con Pessoa, quien dijo "el corazón, si pudiera pensar, se pararía"; y yo digo, "la mirada, si pudiera pensar, se haría opaca". El mundo es como es, amigos. El corazón no debe pensar y la mirada tampoco.
Que tengáis un buen día

lunes, 21 de abril de 2008

Faustina escribe

Hemos puesto mirada y sonrisa a la voz y a la palabra. Mi palabra de hoy es la que desea una nueva y feliz semana a los rostros amigos y a los que se sumarán.
Mi mirada ha mirado con muchas de esas formas que bien habeis descritos y también ha contemplado. Es hermoso contemplar, por el puro placer de hacerlo. La mirada tiene un tiempo. AL contemplar, se te olvida contarlo.
Hoy miro desde mi ventana, con mirada adormecida de lunes, un árbol caido por el viento, tendido sobre las olivas, raices al aire, gigante vencido.Bajo el cielo plomizo, algo ha cambiado en el paisaje de cada dia. Y es fácil asociar esa imagen con la vida y los orgullos y la fuerza de lo que no ves llegar. Ese árbol, ayer erguido, robusto, visible, ya es otra imagen que estorba y distorsiona. Sí, es fácil cargarse de ideas y reflexiones. Pero sólo voy a contemplarlo un rato para seguir mirando a los que siguen en pie.

sábado, 19 de abril de 2008

Fernando escribe

El escritor argentino Alberto Manguel, que hace pocas semanas estuvo por aquí, en Córdoba, refiriéndose a un libro de otro escritor, Machado de Assís (brasileño del siglo XIX), escribe: “Es un libro para leer mientras llueve”.

Esta mañana, sentado aquí, en mi biblioteca, viendo por la amplia ventana caer la lluvia intensa –intensamente deseada- sobre el verdor múltiple de los árboles del parque de Vallellano, y los cristales deshaciéndose de lágrimas deslizantes (siempre la lluvia rezuma melancolías), me he estado fertilizando con la lectura de un artículo que me envía, escrito por ella, mi amiga y colega Tánger. Comenta, elucubrando sobre el verbo ‘contemplar’ que cuando nos deleitamos en las cosas o en las personas sin necesidad de poseerlas, es cuando alcanzamos el alma de las mismas (“La mirada de la voluntad es impura y ardiente” –afirmaba Herman Hesse). Si a la hora de mirar nuestra mirada está impregnada de codicia, de propósitos, exigencias, temores, esperanzas, lo que miramos se convierte en algo condicionado por nuestros deseos y por nuestra voluntad. En cambio, si al mirar nos entregamos a la delicia de contemplar, estaremos convirtiendo ese momento en un instante de amor. Y es amor porque hay entrega. Y no hay exigencias.

Mientras, “llueve, llueve dulcemente…” (diría Juan Ramón)

miércoles, 16 de abril de 2008

Fernando escribe

Voy a transcribir aquí un fragmento de IV Canto de “Os Lusiadas”, admirablemente traducido por el escritor argentino Alberto Manguel.

Lo hago -y no quiero pasarme de mordaz- después de haber estado contemplando por TV los fastos, ceremonias y aderezos que se han producido con ocasión del recibimiento del nuevo equipo ministerial:

“¡Oh gloria del mandar, vana codicia
De la soberbia que decimos fama ¡

¡Oh fraudulento gusto, que se inficia
con el aura vulgar que honra se llama!

¡Qué castigos impones, qué justicias
En el vano mortal que tanto te ama!

¡Qué peligros, qué luchas, qué tormentas,
Qué crueldades en él experimentas!

¡Dura inquietud del alma y de la vida
fuente de desamparos y adulterios,

sagaz consumidora conocida
de haciendas, y de reinos, y de imperios…

Llámante ilustre, grande, esclarecida´
siendo digna de infames vituperios:

Llámante fama y dulcedumbre extraña,
nombre con que al cerril pueblo se engaña…

lunes, 14 de abril de 2008

José María, escribe

En la entrada del Domingo 13 de Fernando, se escenifica, en poética y viajera plasmación, la realidad profunda de lo que deseaba comunicar en mi anterior reflexión sobre el tiempo: su experiencia gastronómico-cultural, recuerdo y evocación de antiguas y clásicas narraciones viajeras, recoge la idea de que en nuestro ahora, como os decía en mi última entrada, pervive el pasado como presencia viva en el presente. El almuerzo asturiano..., el vaso de sidra de barril, los impresionantes frescos de Goya, preludios iniciales del expresionismo, se guardan en su conciencia personal, convertidos en realidad de su “yo” presente. El recuerdo, igual que la vivencia que lo acompaña, no es solamente pasado. Sigue siendo presente. Igual que son presentes el sonar de los pasos de Lope, Cervantes, Góngora por las callejas de un Madrid que revive en presencia el paso clásico de los que ya no están, pero que constituyen la conciencia actual de quien revive, ahora, un ayer que aún pervive en el presente.

Faustina escribe

En el fugaz transcurso de un mes, hemos coincidido en el espacio del ocio y la sensación, Fernando. Tú estabas admirando los Modigliani y yo pisaba las letras de Lope antes de entrar en su casa. Y pensé y sentí lo mismo. Pronto volveremos mi hija y yo a Madrid para recargarnos de arte, música y anonimato.
Mi fin de semana ha sido un acopio de tiempo sereno en casa y compartiendo los silencios , cargados de pasado, de los compañeros de mi madre en la residencia de ancianos. Reducir la casa de trecientos metros en la que hemos hecho nuestras vidas, a una acogedora habitación con vistas a un limonero, es un ejercicio intenso de resignación, tristeza, alivio y cariño. Todo a la vez. Nada fácil ,pero impuesto por la vida. Esa vida que nos permite tiempos de remanso, para escaparnos en la distancia y el espacio al Madrid de otras calles y otras gentes.
Ahora iniciamos la semana en el puesto de vigilancia asignado y desde el que controlamos que todo suceda lo más parecido a todos esos otros dias que no son los que contamos porque ya, a estas alturas de vivir, son incontables. Pero es una semana de sol, con renacer de colores brillantes y aromados . Es la semana presente desde la que nos proyectamos en los tiempos compartidos con las cosas y personas de la cotidianidad. Y pasará muy deprisa.
Buenos dias a todos y buena semana. Lo de buena suerte sonaría aquí muy de película aunque realmente en la película sonaba muy bien. ¿no os parece?.

Antonio escribe

He leído vuestras consideraciones sobre el tiempo. Estoy fundamentalmente de acuerdo con casi todo lo dicho. Yo he vuelto de mi mar, de mi pasión de fin de semana, de contemplar un cielo azul que se confunde con el blanco, de saborear un espeto de sardinas, de disfrutar con mis nietos Guillermo, Gloria y Alberto. Este último tiene tres años y habla correctamente el español y el catalán. Te contesta en la lengua, de entre las dos antes dichas, que tú le hables. En fin, vengo de mi tiempo de ayer y de antesdeayer. Ya de mi pasado. Mi pasado, como el de Fernando, descrito es su ballísima narración, y el de José María, dedicado a menesteres más profundos y filosóficos, mi pasado, digo, tiene dos características fundamentales:
a) El tiempo de cada uno es eso, tiempo personal. No creo que exista el tiempo, porque él necesita de nosotros para existir y darle contenido. ¿Qué es un segundo después de otro si no existe nadie para quien eso pueda ser su pasado?
b) El tiempo pasado son sólo palabras escritas o pensadas, dichas o retenidas en el corazón o la mente, pero palabras al fin y al cabo. La característica más interesante del tiempo, al menos para mí, es que es un generador de palabras. Lo que ayer no tenía, hoy lo tengo, lo que ayer dije, hoy son palabras. Transformamos el tiempo en palabras y éstas quedan en algún sitio de nuestra corporeidad.
De esta forma, yo hoy puedo decir que ayer estuve y disfruté con mis nietos, Fernando hoy puede expresar con palabras que ayer disfrutó de un Madrid romántico y lleno de historia, y nuestro querido José María puede hoy expresar con palabras que ayer reflexionó sobre el valor del tiempo.
Palabras y deseos se confunden en nosotros. Planteo la siguiente cuestión, ¿qué sucedería con alguien que, tras sufrir un accidente, tener una extraña enfermedad, o simplemente por un trastorno genético, desarrolle la facultad de ver el futuro y olvidar completamente lo ya realizado?. Sería un ser contrario a nosotros, que almacenamos en palabras nuestro pasado y desconocemos lo que nos va a suceder en el futuro.
Amigos del Diario Atemporal, os comunico que estoy escribiendo un pequeño relato sobre este tema desde hace ya un par de semanas. Vuestras disgresiones sobre el fenómeno llamado tiempo, que yo transformo en el tiempo de cada uno, me han ayudado muchísimo.
Buen día para todos.

domingo, 13 de abril de 2008

Fernando escribe

Leyendo a José Mª, pienso que mi tiempo, hoy, ahora, se exprime en el regreso de un sosegado Madrid de fin de semana, suavemente caldeado y luminoso, tras una escapada de intensificación convivencial con Julia y con nuestra hija, con ocasión del santo de ambas. Como de costumbre, buena experiencia gastronómico-cultural: almuerzo asturiano, ayer, de fabes con almejas, pulpo con cachelos, queso de cabrales…y, en la cena, cazuela belga de mejillones al estragón. Y después de un delicioso vaso de sidra de barril en una tasca castiza de la glorieta de San Antonio de la Florida, visita a la ermita del santo, donde los impresionantes frescos de Goya de la cúpula nos deslumbran de transparencia real y transcendente, y prenuncian en algunas de sus figuras el futuro -entonces- “expresionismo”. La experiencia cultural se completa con una muestra de pintura minimalista en la Fundación March, que no me produce ninguna emoción; en el Museo del Traje, con las peripecias mágicas de Ouka Leele, inspirada desde el objetivo resplandeciente de su cámara fotográfica; y con el paseo ocasional por la incomparablemente excepcional calle Huertas, que sintetiza la diacronía del paso y habitación concurrente en ella de nuestros mejores literatos, desde el Siglo de Oro hasta el Romanticisismo: Lope, Cervantes, Góngora (éstos en sincronía), Moratin, Zorrilla, Becquer, Espronceda, Pérez Galdós, Echagaray, Larra..., de quienes algunos de sus pensamientos fuimos leyendo, en recortes, con letras de bronce incrustradas en el pavimento que ellos pisaron "ayer" y que nosotros pateamos "hoy".
De vuelta en el Ave, escuchando, Julia y yo, música de Mozart, Tchaykovsky, Debussy, entre montes y campiñas reverdecidos por las recientes lluvias y aguaceros, comida a bordo, en bandeja y miniatura, regada con un buen tinto Cune de crianza…Esta es la circunstancia concreta que, según nos dice José Mª, sintetiza, en mi hoy, el “continuo” fluyente de mi fin de semana.

José María, escribe

Hace unos días, en este blog, hablábamos del tiempo. Decíamos que es estructura básica de lo que somos. Pero esta afirmación es, sencillamente, generalista y vacua por su universalidad. Es necesario, para que tenga valor de presente, adecuarla a nuestra circunstancia concreta humana y personal.

Nuestro tiempo, siempre es el de hoy. El de ayer, queda lejos. Pero en nuestro avance temporal el pasado se conserva en sí mismo. Pervive en nuestro hoy. No solamente sigue nuestros pasos, sino que irrumpe en el presente prefigurando el tiempo que vendrá. Nuestras vivencias no son momentos “discontinuos” de algo transitorio. No están aisladas en un ser temporal imaginario. Están “aquí y ahora” engarzadas en un “continuo” que conforma nuestro vida hoy. Nos hacemos con hechos sucesivos. El ayer y el mañana sintetizan y encierran toda nuestra historia. Las sombras del pasado y el mañana-proyecto determinan siempre el ser de lo que somos y lo que vamos siendo.

Es verdad que el presente es el punto imaginario, la hoja delgadísima que separa el ayer, que ya no es, del mañana, aún inexistente. Sin embargo, el “ahora”, nuestro tiempo presente, está amasado con el tiempo vivido y con toda su antigua carga vivencial: nace de la riqueza que acumula el pasado.

El tiempo, así, como “eón” discontinuo es inexistente. Nuestro “ahora”, tiempo inamovible casi imaginario por su frugal estaticidad, juega a ser como una adelantada eternidad temporal. Él es todo lo que somos y todo lo que “en” y “con” él continuamos siendo.

viernes, 4 de abril de 2008

Antonio Escribe

Haciendo vida

Aquí te descuidas un par de días y el blog se llena de nuevos pensamientos, nuevas sensaciones, nuevos amigos, bienvenido José Antonio, y nuevos conceptos. ¡Hay tantas ideas expresadas por Faustina y por José A! Yo acabo de tomar carretera y manta y me he plantado en el mar, en donde podré ver la luna y el agua, que hablan si sabes escuchar. Estoy leyendo a Kawabata (Primera nieve en el monte Fuji). Hay un momento en el que, hablando de los monumentos funerarios pequeños, o stuppa, dice que dicen que si acercas tu oreja escuchas el agua hervir, un agua que se necesita para el té. Y dice el escritor y P. Nobel, "Si se cree, se puede esciuchar algo". Pues bien, yo creo en ese tren de la vida. Más de una vez me he referido a él. Una vez escribí

Hago vida
deteniendome en el mismo peldaño,
que me hace alcanzar la cima
y tomar el tren
que se detiene largamente en cada parada.

Creo que no vivimos sino que hacemos vida, creamos vida, la nuestra y la de otros.
Faustina, tu no tendrás probetas ni puertas en tu laboratorio, pero cuando te pones la batga eres capaz de hacer vida.
José A., el tren está siempre caminando y lleno de gente, pero no siempre la misma.
Que tengáis un feliz fin de semana. Yo lo intentaré

Faustina escribe

Hoy sólo tengo tiempo para dar la bienvenida a José Antonio. Me gustan las casas con muchas ventanas para que la luz entre por todos sus costados, en todos sus matices. Gracias por abrir la tuya en este espacio de todos los que lo sentimos nuestro. Espero que también lo hayas percibido así y te mantengas dentro.
Un abrazo a todos y feliz fin de semana.

José María, escribe

El tiempo, esta estructura básica en la que somos, imprime a todo lo nuestro un profundo sentido de transitoriedad, de paso. Nuestra vida se desarrolla en una especie de estación de tránsito, para seguir usando el símil de nuestro amigo José Antonio, -amigo desconocido que irrumpe afectuosa y amigablemente entre nosotros-. Y desde esta nuestra obligada estación, contemplamos el ir y venir de unos trenes que se pierden de vista, envueltos en la bruma que origina la velocidad.

Aquí parece más que “todo pasa”. Los trenes que se van, en su apariencia, son de sentido único... Se marchan para no volver... Lorca lo decía: “Las cosas que se van no vuelven nunca, / Todo el mundo lo sabe, / Y entre el claro gentío de los vientos / es inútil quejarse”. Ese tren que se ha ido, así parece, no volverá a pasar por nuestro andén... Quizás sea lo mejor el “carpe diem” y olvidar, por ello, viajes y aventuras... Perder el tren parece ser derrota ineludible de lo nuestro...

Sin embargo, también hay que decirlo, algunos trenes son de rutas cíclicas. Volverán a pasar y a ofrecer su destino al viajero que espera. Para tomarlo, sólo es preciso esperar con paciencia. La misteriosa frase de nuestro amigo José Antonio, “la felicidad es tan habitable como el andén de un AVE”, cobra aquí sentido y proporción. Porque quizás la felicidad no consista específicamente en tomar el tren, sino en tener la certeza de que va a llegar, de que nosotros lo tomaremos y de que nos conducirá a buen término.

Pensamos, casi siempre, en la felicidad como si se tratara de una situación estática donde el gozo logrado nos inundará de paz y de sosiego Pero es posible que nuestra mayor felicidad consista en el dinamismo de lo que vamos siendo, en saber tomar cada día ese tren que nos conduce al objetivo único, en saber gozar más de las “inmanencias” que de las “trascendencias”.

Fernando escribe

En la “entrada“ de Faustina del día 2 de abril, ha irrumpido a borbotones, como de una fuente escondida, el comentario de nuestro incógnito amigo Jose Antonio, quien, por lo que dice, se nos ha estado acercando silencioso, mirándonos desde las sombras…Hoy no ha querido contenerse porque no le gusta que “policromemos” (es su lucida metáfora) los sentimientos de envidia, si de verdad los tenemos, que son feos y herrumbrosos. Aunque acepta y asume los -para él más amables- sentimientos de “celos”. Es curioso que, en francés se denominan con una sola palabra, “jalusie”, que hace sinónimos los celos y la envidia, sea rasa o policromada.
Sin duda, y José A lo sabe, hay celos patológicos y yo os confieso , desde mi privilegiado puesto de observación clínica, que son realmente una experiencia dramática y estremecedora, la prueba fehaciente del sufrimiento humano químicamente (tal vez, hormonalmente) puro, la “pasión inútil” con la que Sartre identificaba, desde su existencialismo, el filosófico “absurdo” de vivir. Y como su caldo de cultivo es la Fantasía, se configuran en lo que técnicamente se llama Fantasma mental, tantas veces, por desgracia, aterrador y hasta asesino…

Paro también hay celos amables, como los de José Antonio, o como la envidia policroma que definió Faustina, que no son sino como un piloto que se enciende señalando caminos. Los celos normales, como todo sentimiento normal, son necesarios factores de equilibrio psíquico: tienen una función adaptativa y movilizan energías libidinales (diría Freud) para alzarse hacia las alturas deseo..., a las que ya alcanza José Antonio con las alas de su sensibilidad y bien decir.

jueves, 3 de abril de 2008

faustina escribe

Buenos dias.
Hoy ha amanecido mi jornada con unas exultantes imágenes de naturaleza increiblemente viva y bella, que os he reenviado a algunos. Y también he conocido la imagen física de Fernando, que ya adivinaba por sus palabras. Y he comenzado la tarea abrochando la bata blanca( como Antonio) para recortar flores de cartulina con las manos inocentes y generosas de mis " niños". Mi laboratorio no tiene paredes, ni puerta, ni probetas. Se me cuela con fuerza entre las manos como el agua sonora del ppps mañanero. Agua limpia y blanca que renace en ella misma a cada caída. Incesante. Con nosotros y despúes de nosotros. ME atrae el agua en todas sus apariencias naturales pero os confieso que también la temo. No supero el miedo de sumergir mi cabeza en ella ni adentrarme más allá de donde su magnitud me cubra. Reconozco que me estoy perdiendo sensaciones maravillosas pero realmente no puedo y quizás, por eso, me fascina más.
LA luna nos habla, Antonio, y el agua. Nos cuentan los días claros de nuestras bonanzas y las noches oscuras de cada miedo. ! Y son tan hermosas la luna y el agua!.
Os deseo un dia bañado de agua briosa y cristalina y que la luna os cuente esta noche un cuento mágico.

Antonio, escribe

BONITA MAÑANA

Mi ignorancia en estos temas del blog me jugó ayer una mala pasada. No conseguía ver las diferentes entradas que deberían haberse producido (la mía entre ellas). Comencé a hacer lo que todos los humanos profanos e inexpertos hacemos cuando no sabemos qué hacer: tocar a todos los botones. Y héteme aquí que de pronto veo una entrada de Fernando relacionada con mi cuento. Hasta esta mañana no he podido entrar al blog bien. ¡Hay que darle de vez en cuando a esa flechita doblada que significa actualizar! Entonces he podido disfrutar de las entradas de todos vosotros. De José María profundo, sabio, conocedor, filósofo, y poeta. De una Faustina increiblemente sensible, acertada en todas y cada una de las palabras que emplea, de una Faustina en dientes de sierra (así estamos todos, querida amiga), exquisita en sus manifestaciones, como siempre lo ha sido, profesional en sus juicios, como siempre lo ha sido. Y a un Fernando que cabalga entre los sentimientos de la vida real y la utopía de la vida pensada y estética.
Cada día aprendo de vosotros, amigos.
Fernando, amigo, gracias por la valoración que haces de mi cuentecillo sobre La Luna. Yo siempre he pensado que escribir era una forma de vaciar el alma fuera de uno y que el contenido de mi alma era tan insustancial que no podría despertar "conversaciones con la luna" en los demás. Gracias, amigo por tus palabras.
Y que tengáis todos un día maravilloso. Yo ahora voy a cambiar mi chaqueta por la bata de laboratorio, la pluma por el matraz, el libro de poemas por la libreta de laboratorio, la libertad de pensar por la cuadrícula de la mente científica.
Un abrazo para todos

miércoles, 2 de abril de 2008

Fernando escribe

Antonio: Tu cuento, tan ágil y bellamente escrito y descrito, se me ha quedado entre las manos como una gavilla de sugerencias... Sólo te diré, después de releerlo, lo que la joven le repetía, cada mañana, a su maestro: que también a mí, leyéndote, me ha hablado la luna.


…Y oyendo la voz precisa de Faustina, desde el letargo primaveral, que intenta llenar de colores los momentos huecos de cada día, esos colores del mundo que José Mª descubre en el candor de la mirada de Rocío, nacida junto a su sombra (y sus luces)…¿quién me habla, desde dónde, la franciscana luna, las estrellas, los soles, el árbol florecido, las aves peregrinas, las orugas…?

Escribe Faustina

Envidia blanca, por ser buena. Roja porque provoca sentimiento atemporal. Azul por ser la calma de un mar de sensaciones. Verde por florecer naturalmente.
Yo también envidio a estos dos poetas del día y de la vida que tejen palabras e historias con hilos de lírica y conocimiento. Si Fernando y Jose Maria se han reencontrado en el oficio de juglar moderno, otros, al leerlos, podemos despertar del letargo rutinario e intentar colorear los momentos huecos de cada dia, con pinceladas de sentir poético.
Sabe mi amigo del alma mi falta de disciplina en esto del mester literario. Me muevo por impulsos y ciclos y ahora me balanceo entre la astenia primaveral y la comodidad de lectora pasiva. Pero aquí estoy y escribo con la ilusión de ser partícipe y bailar el baile de las imágenes y las ideas. Es un placer sumarme a este espacio en el tiempo atemporal de comunicarse, siendo.

Escribe Antonio

Después de un tiempo alejado del blog vuelvo hoy, con una especie de saludo, con el deseo de que nadie piense que mi lejanía es fruto de mi olvido. Nada más lejos de la verdad. Cada uno es lo que es el entorno en el que se mueve, y yo he tenido la gran fortuna de haber sido aceptado en el entorno de la amistad. No existe nada mejor que la amistad. La amistad es generosa. Hace unos días me decía una persona que tiene problemas, "yo necesito que alguien me deje mostrar todo lo que soy capaz de dar", y yo me quedé pensativo y me prometí escribir algún día un cuento sobre la amistad.
Mientras llega ese momento, y a modo de saludo a mis amigos/as del blog, os voy a contar otro cuentecillo. Es algo que escribí hace tiempo, uno de los doce cuentos del otro lado. Pensé escribir doce cuentos y titularlos con nombres de planetas, estrellas o constelaciones. Iban a ser algo así como un instrumento anti lógico. De ahí lo de Cuentos del otro lado.
Me vais a permitir que os cuente el cuento de La Luna.


LA LUNA

Pasear es un buen deporte; sobre todo pasear durante la atardecida, sobre la playa, con los pies descalzos pisando el agua del mar, la mirada puesta en el horizonte, relajada, viendo sin mirar, jugando con los pensamientos que afloran espontáneamente sin querer pensar , o mejor, haciendo que agua, mar, camino y pensamiento sea todo una forma de jugar. Ése es el deporte preferido por ella, la muchacha que, ataviada con un amplio vestido que le llega hasta media pierna, lleva un libro sujeto con el brazo haciendo una leve presión con el codo. Vista desde lejos parece una mujer irreal, un personaje femenino sacado de un cuento. No se sabe por qué, pero todas las mujeres de los cuentos tienen el cabello rubio, excepto las brujas; mas la protagonista de este paseo marítimo luce una melena negra, muy negra, corta pero llena de vida, como llenos de vida parecen estar cada uno de sus rasgos físicos, sobre todo su sonrisa. A su lado camina un hombre de edad madura que ha recogido sus pantalones dándose unas pocas vueltas. Ambos llevan en las manos, ella en la derecha y él en la izquierda, sus zapatos o sandalias. De vez en cuando, como si fuese parte de su conversación, ambos levantan sus cabezas para observar a la luna, ahora en cuarto creciente.
- Maestro, dijo ella, te voy a hacer la pregunta que todo el mundo se hace alguna vez pero cuya respuesta concreta jamás he podido leer o escuchar, ¿qué es vivir? Y otra más del mismo tipo, ¿para qué estamos aquí?
- Verás, mujer, dijo el viejo profesor a la inquieta muchacha de ojos que todo lo cuentan, de gesto que todo lo habla y de labios que todo exigen, verás, ni siquiera los sabios del mundo han logrado dejar claro y sin ambigüedad qué es vivir y para qué estamos aquí. Sin embargo, se cuenta en la mitología que el gran padre Zeus tenía en el dedo medio de su mano izquierda un bello anillo en el que estaba grabada la siguiente frase: Diez no son doce.
La bella mujer que tanto había luchado para serlo, no bella sino mujer, solicitó que su viejo maestro le sacara de sus dudas y, con un hilillo de su envolvente voz, suplicó.
- Maestro, ¿qué quiso decir Zeus con esa frase escrita en su anillo?
- ¡Buena pregunta!. Tu pregunta es buena porque has usado la lógica para formularla. Pues bien, con esa frase Zeus quiso darle lógica al mundo, la misma que tú has empleado para formular la pregunta. Vivir es usar la lógica y a través de ella sabemos que el hombre anda sobre los dos pies, la nieve enfría y lo caliente quema.
- ¿Acaso vivir es usar siempre la lógica, querido maestro?
- ¿Crees tú que estaríamos dando este hermoso paseo si vivir fuese sólo usar la lógica? No, querida amiga, no. Pero la has empleado para entender que existen cosas en la vida que se salen de la lógica. Porque, ¿cómo explicar que el hombre honrado cumple con su deber, que el audaz se impone al débil y que el hombre necesita al hombre para cumplir sus grandes fines, que mil gotas componen el mar y que mucha agua mueve molino?
- Entonces, dijo la jovencita, el mundo está lleno de cosas lógicas y de otras no lógicas, y si esto es así, qué conducta debo tener yo?
El viejo profesor parecía atrapado porque no es necesario usar la lógica para entender todo lo que los sentidos son capaces de conocer, ni para comprender que no existe una moral sino cientos de ellas, tantas como sean necesarias para justificar en cada momento lo injustificable. Tampoco existe una única filosofía que explique el mundo, ni un profesor que lo aclare todo desde su cátedra. Tampoco los problemas son resueltos por la política, ¿qué hacer, qué decir?
- Verás, mujer, dijo el viejo maestro, escucha y entiende bien, lo único que mantiene al mundo es la propia naturaleza. De esta forma, vivir debe ser identificarte armoniosamente con la propia naturaleza, formar parte de ella, entender lo que te dice sin palabras.

Éste es el sueño que acompaña cada noche el sereno dormir de la joven. Cada noche se repite incansablemente y cada mañana, al ver a su viejo amigo le dice:
- Buenos días maestro, esta noche también me ha hablado la luna.

martes, 1 de abril de 2008

José María, escribe

En cierta ocasión, recordando a Gerard Brenan, Fernando hablaba de la “envidia blanca”. Se refería, en su caso, a la admiración profunda que se experimenta al percibir la hondura y la calidad en el buen decir de otros. “Envidia buena” que suscita el deseo de alcanzar esas cotas expresivas logradas.

Esta es la sensación que he tenido al leer los dos poemas que Fernando nos ha ofrecido en el blog. “Envidia blanca” ante la ajustada precisión lingüística y ante la riqueza y profundidad del sentimiento que ambos poemas dejan entrever. Y he recordado, en sintonía ya antigua con Fernando, un poema que yo dediqué a mi hija Rocío hace algún tiempo. Sin pretender convertir nuestro blog en una “justa poética”, propia de los antiguos “mester de juglaría”, os lo ofrezco también:

Yo no sé si en tus noches
hay revuelos de pájaros,
ni sé si en tus mañanas,
plenas de amaneceres,
huele a tierra mojada.

No sé si entre tus manos
guardas todo el azul del cielo,
o meces entre ellas
una muñeca rota,
con cantos de recuerdo.

Sólo te sé yo a ti,
erguida y blanca en continua presencia.

Sí sé que en tu mirada,
-de niña o de mujer, no lo sé bien-
se asoman los secretos de quien descubre,
entre candores súbitos,
todo el color del mundo

Creciste en estos años,
en tu ser de mujer,
al lado de mi sombra.
Y al mirar hoy tu imagen,
veo en ella
vestigios de mi paso.

¡La he visto dibujando
el gozo de tu sonrisa limpia...!

Hoy la sé toda azul, tempranera, traslúcida...

¡Anhelo que tu vuelo
tenga un cielo delante...!

Mientras tanto,
en esta mi solitaria y ya antigua ribera,
queda tu nombre escrito
en la frágil arena del recuerdo...