martes, 22 de abril de 2008

Fernando escribe

Le comenté a Antonio Espinosa esta noche, en una ocasional conversación telefónica, haberle leído a Unamuno que algunas personas han logrado encontrar como un segundo cuerpo para su alma, en la naturaleza que lo envuelve y que llega a integrase en la consciencia de sí mismo. A Antonio le gustó la idea y me confesó que él, a veces, busca una segunda alma para su cuerpo…

Después escuché (leí) a José Mª hablando sobre el libro y pensé que el libro quizás era para mí ese segundo cuerpo, esa membrana o corteza que envuelve mi alma y la vivifica y revivifica cada día. Y he recordado la referencia de Alberto Manguel al Quijote, cuando el cura y el barbero hacen que se le tapie su biblioteca, porque la creían la fuente de sus desvaríos. Y es impresionante y conmovedor el cuadro del Caballero cuando se levanta de la cama para ir en busca de sus libros y no encuentra la habitación donde los guardaba… Es una angustiosa pesadilla. Y encierra una profunda simbología: si desaparecieran mis libros, los que han fecundado mis pensamiento, los que han aventado mis fantasías, los que identificado mis experiencias…quizás llegaría a creer que no soy la misma persona, que he perdido mi propia identidad… Eran -y son- un cuerpo para mi alma, o quizás, como para Antonio, un alma para mi cuerpo…

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