Antonio: Tu cuento, tan ágil y bellamente escrito y descrito, se me ha quedado entre las manos como una gavilla de sugerencias... Sólo te diré, después de releerlo, lo que la joven le repetía, cada mañana, a su maestro: que también a mí, leyéndote, me ha hablado la luna.
…Y oyendo la voz precisa de Faustina, desde el letargo primaveral, que intenta llenar de colores los momentos huecos de cada día, esos colores del mundo que José Mª descubre en el candor de la mirada de Rocío, nacida junto a su sombra (y sus luces)…¿quién me habla, desde dónde, la franciscana luna, las estrellas, los soles, el árbol florecido, las aves peregrinas, las orugas…?
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