miércoles, 30 de abril de 2008

José María, escribe

Voy a terciar, en el más estricto sentido de la palabra, en la interesante y profunda conversación que mantienen Fernando y Antonio.

Tengo que comenzar mi reflexión con una célebre y esclarecedora frase de Engels: “La cuestión fundamental de toda filosofía... está en determinar la relación entre el Pensamiento y el Ser, entre el Espíritu y la Naturaleza”.

Quizás haya que analizar el concepto de “Materia” con premisas diferentes a las clásicas que establecía el Hilemorfismo Aristotélico. El concepto de “Materia Metafísica” queda hoy reducido a una concepción científico natural en la que la materia clásica pierde las dimensiones meta-empíricas que la convertían en una realidad esencial constitutiva de lo real. En un análisis objetivo, la “materia” -la entendamos como materia orgánica, materia psíquica o sistematización energética-, es la realidad una y única -permanente, indestructible, constante y evolutiva- que conforma lo real. Los cuerpos pueden cambiar de masa, de volumen y forma, pero las últimas partículas, sea cual sea el nombre con que se las denominen, son inalterables.

Estas afirmaciones conducen a un concepto de “Materia” que está en la base de toda realidad evolutiva. Superado, al menos científicamente, el “genero literario” de la septenaria creación bíblica, surge la pregunta: ¿Cómo evoluciona la materia para que, en virtud de su propio dinamismo interno, vayan surgiendo de ella las variadas y distintas formas de lo real?

La realidad material, por su dinamismo evolutivo, cambia “cuantitativamente”: una vez que su realización se ha saturado en un determinado estadio “salta”, cuantitativamente, a una etapa de vida superior, más compleja. Sin embargo, el “salto” fundamental -posible salto cualitativo-, es el que se da en el tránsito de la simple materia extensa a una actividad, aparentemente inmaterial, como es la de la conciencia. ¿Lo que, lógicamente, sería un determinado y específico salto cuantitativo podría convertirse en salto cualitativo, al que sería necesario recurrir para revestir la realidad de características básicamente esencialista?

La respuesta estaría cercana al análisis que nuestro amigo, el Profesor Antonio Espinosa, nos hace en su entrada del día 29 de abril: nuestros procesos neuronales, lentamente, pero de manera continua, en su proceso de enriquecimiento y evolución, van “produciendo determinadas proteínas que, formando parte de nuestras células, impulsan maneras diferentes de responder a estímulos iguales”.

El “algo más que Genoma” que apunta Antonio y “la psique, que vehicula al espíritu en forma de deseo”, de la que habla Fernando, pueden resultar premisas interesantes, sugerentes... Dejo al científico y al psicólogo ahondar más el tema. Es estimulante, sin duda, adentrarse en estos intrincados y casi mágicos vericuetos mentales, aunque el pensamiento se encuentre casi siempre con una pregunta indefinida de difícil respuesta... Preguntarse es lo humano. Quizás, a base de preguntarse... y preguntarse... vayan surgiendo, poco a poco, las repuestas.

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