martes, 29 de abril de 2008

Fernando escribe

Del comentario de José Mª interpreto que la tarea de vivir consiste en crear sentido y significación de valor a la vida, que se expresa individualmente en la realidad psico-soma que nos constituye.
Pero es sabido que los átomos de nuestro cuerpo se renuevan cada año casi en su totalidad. Materialmente o celularmente cada año no soy el mismo: soy un ser en permanente recomposición. Igual sucede con nuestra psique y nuestro carácter: cada experiencia vivida, cada situación superada o fracasada, cada emoción suscitada, cada pensamiento recolectado, se van integrando y sintetizando permanentemente en la construcción evolutiva de lo que yo “voy siendo y haciendo de mí mismo”. Mi identidad (que es como decir mi ”Yo”) consiste básicamente en la información almacenada en mi genoma original, que es lo que me permite conservar consciencia de unidad e identidad a través e todos los cambios evolutivos de mi compuesto material orgánico y de la forma caracterial que me singulariza. Esto suena a hilemorfismo de la filosofía aristotélica: la materia y la forma que componen los cuerpos. La materia viva en evolución continua, como los ríos (“nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar / que es el morir...”) y la forma caracterial conformándose, reformándose, reestructurándose y resintetizándose en un proceso incesante hacia la “perfección”.

Parece esto de la “perfección” demasiado pretencioso y rimbombante, cuando uno se mira a sí mismo y es tan consciente de sus infinitas imperfecciones. Pero la perfección vegetal de un árbol es crecer al límite de sus posibilidades y dar sus flores y sus frutos, y su cobijo de sombras… Pues igual. Además este es el ideal ético que nos propuso el maestro Kant: hacer de uno mismo una obra de Arte, lo mismo –pienso yo- que el violín, desde su armazón de maderas frágiles y perecederas, y de sus cuerdas materiales, puede crear armonías de perfección imperecedera…

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