viernes, 4 de abril de 2008

Fernando escribe

En la “entrada“ de Faustina del día 2 de abril, ha irrumpido a borbotones, como de una fuente escondida, el comentario de nuestro incógnito amigo Jose Antonio, quien, por lo que dice, se nos ha estado acercando silencioso, mirándonos desde las sombras…Hoy no ha querido contenerse porque no le gusta que “policromemos” (es su lucida metáfora) los sentimientos de envidia, si de verdad los tenemos, que son feos y herrumbrosos. Aunque acepta y asume los -para él más amables- sentimientos de “celos”. Es curioso que, en francés se denominan con una sola palabra, “jalusie”, que hace sinónimos los celos y la envidia, sea rasa o policromada.
Sin duda, y José A lo sabe, hay celos patológicos y yo os confieso , desde mi privilegiado puesto de observación clínica, que son realmente una experiencia dramática y estremecedora, la prueba fehaciente del sufrimiento humano químicamente (tal vez, hormonalmente) puro, la “pasión inútil” con la que Sartre identificaba, desde su existencialismo, el filosófico “absurdo” de vivir. Y como su caldo de cultivo es la Fantasía, se configuran en lo que técnicamente se llama Fantasma mental, tantas veces, por desgracia, aterrador y hasta asesino…

Paro también hay celos amables, como los de José Antonio, o como la envidia policroma que definió Faustina, que no son sino como un piloto que se enciende señalando caminos. Los celos normales, como todo sentimiento normal, son necesarios factores de equilibrio psíquico: tienen una función adaptativa y movilizan energías libidinales (diría Freud) para alzarse hacia las alturas deseo..., a las que ya alcanza José Antonio con las alas de su sensibilidad y bien decir.

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