lunes, 14 de abril de 2008

José María, escribe

En la entrada del Domingo 13 de Fernando, se escenifica, en poética y viajera plasmación, la realidad profunda de lo que deseaba comunicar en mi anterior reflexión sobre el tiempo: su experiencia gastronómico-cultural, recuerdo y evocación de antiguas y clásicas narraciones viajeras, recoge la idea de que en nuestro ahora, como os decía en mi última entrada, pervive el pasado como presencia viva en el presente. El almuerzo asturiano..., el vaso de sidra de barril, los impresionantes frescos de Goya, preludios iniciales del expresionismo, se guardan en su conciencia personal, convertidos en realidad de su “yo” presente. El recuerdo, igual que la vivencia que lo acompaña, no es solamente pasado. Sigue siendo presente. Igual que son presentes el sonar de los pasos de Lope, Cervantes, Góngora por las callejas de un Madrid que revive en presencia el paso clásico de los que ya no están, pero que constituyen la conciencia actual de quien revive, ahora, un ayer que aún pervive en el presente.

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