viernes, 13 de junio de 2008

INTELIGENCIA EMOCIONAL

FERNANDO escribe:


Amigo Antonio: Impresionante el testimonio de felicidad y de “buen metal” personal que nos has trasmitido, precisamente hoy, el día de tu nombre, Antonio que, por su etimología, significa “florecido” (un árbol florecido es signo universal de felicidad).
Aunque un ejemplo, el tuyo, vale más que mil palabras, voy a añadir un touche psicológico el concepto de Felicidad. Muchas personas orientan sus esfuerzos a liberarse de lo que no quieren ser, a evitar dirigirse adonde no quieren llegar, cuando lo importante es invertir las fuerzas en conseguir ser lo que se quiere ser y en alcanzar las propias metas. Es lo que hoy se entiende, con Goleman, por inteligencia emocional, que define a la persona integralmente inteligente, como lo eres tú, y representa al prototipo de “hombre autorrealizado” que delineó Abraham MASLOW. La verdadera inteligencia es la inteligencia emocional, no lo olvidemos, la que consiste en la capacidad de organizar nuestras emociones, y la orientación de nuestra existencia, a pesar de todas las dificultades y contratiempos, hacia el verdadero objetivo final de todo ser humano: la Felicidad. Pero a sabiendas de que la Felicidad no es solamente la meta, sino que también es el camino, inteligentemente trazado y elegido, y gozosamente recorrido...
Haciendo referencia función autorreguladora del YO, les solía proponer a mis alumnos de Psicología esta reflexión, (a partir de la experiencia de paciencia y perseverancia que todos derrochamos para aprender a conducir el automóvil) que merece mucho la pena y el esfuerzo de derrochar paciencia, ilusión y perseverancia en “aprender a autoconducirnos”, único modo de poder alcanzar nuestros auténticos y personales objetivos existenciales y seguir el camino que nos conduce a nosotros mismos. Y esto es para mí la Felicidad. Saber que dirigimos nuestra vida hacia nuestras propias metas y que avanzamos paulatinamente, con ilusión, paciencia, perseverancia y alegría, en ese camino.
Rabindranath Tagore escribió que no se sentía feliz: “Mi corazón está triste porque no sabe a dónde lo están llamando”. Cuando sepamos, con conscienca de nosotros mismos, a dónde nos llama nuestro corazón, y avancemos en ese camino, experimentaremos, como tú, eso que se llama Felicidad.

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