JOSE MARIA, escribe:
Hay momentos en los que, si se quiere participar activamente en el debate social, es preciso expresar la opinión y el comentario. Así sucede, ahora, con el tema “liberal”, muy “traído” y “llevado” estos días entre políticos y tertulianos. Sin duda, el movimiento liberal ha sido ampliamente estudiado y ha proporcionado positivas influencias en la concepción y en el desarrollo social, sobre todo en el ámbito del Derecho Civil y Comercial. Apuntemos, ahora, algunas líneas de su pensamiento para hacer más lúcido, si es posible, nuestro criterio social.
Tuve ocasión, hace algunos años, de dictar unas lecciones sobre la Ideología del Individualismo. Partiendo del concepto, que ya he expuesto en otras ocasiones, de que toda ideología es un marco teórico que ilumina y orienta el actuar práctico del individuo, analizaba, en el curso, diversos movimientos individualistas, precursores de la posición ideológica liberal, de la que hoy se habla frecuentemente. Diferenciaba dos concepciones individualistas precursoras de cualquier movimiento liberal: la del individualismo como actividad práctica de vida y la del individualismo como convicción teórica. De hecho, en los últimos siglos, en Europa, el individualismo, en ambos sentidos, ha dominado como una clara escuela consistente de pensamiento filosófico. Penetró diferentes sectores de la vida social y en todos ellos dejó marcadas influencias: la filosofía, la política, la pedagogía, la economía... Habría que recordar nombres como Descartes, John Locke, Rousseau, Adam Smith, etc.
En la concepción individualista-liberal, la libertad personal es incuestionable. Es el eje de la vida social. En la vida política y civil los ciudadanos, iguales ante la ley, deberán tener idéntica consideración jurídica e idéntico tratamiento legal. No existen, por ello, en la sociedad, ni la discriminación ni la prebenda entre ciudadanos. Cuando hoy la globalización social ha abierto la frontera de las naciones, este principio es de especial actualidad.
El desarrollo económico, como elemento fundamental, se vincula a la capacidad de los individuos para generar riqueza. El pilar económico es la propiedad privada. Ella regula las leyes del mercado. Deberá, incluso, ser protegida por el Estado, si es necesario, con el uso de la fuerza.
Paralelamente a estas corrientes individualistas, han surgido otras que han intentado atemperar los excesos que sistemas, “exageradamente” liberales, ocasionaron en la vida social. Entre ellas habría que apuntar la importancia revolucionaria de los socialismos utópicos franceses (Fourier y Saint-Simón), el socialismo clásico de Marx y Engels, la social democracia y la vía intermedia -la democracia cristiana- de escasa influencia en la Europa actual. Todos ellos, sistemas, que subrayan total, o parcialmente, el carácter social del hombre. Hay que recordar, sobre todo dentro de la corriente social demócrata, en un sentido amplio, nombres como Adenauer, Benjamín Franklin, Friedman, Ortega y Gasset, Francois Ravel, Stauart Mill, etc.: liberales clásicos en el extenso ámbito de la cultura de Occidente.
Tuve ocasión, hace algunos años, de dictar unas lecciones sobre la Ideología del Individualismo. Partiendo del concepto, que ya he expuesto en otras ocasiones, de que toda ideología es un marco teórico que ilumina y orienta el actuar práctico del individuo, analizaba, en el curso, diversos movimientos individualistas, precursores de la posición ideológica liberal, de la que hoy se habla frecuentemente. Diferenciaba dos concepciones individualistas precursoras de cualquier movimiento liberal: la del individualismo como actividad práctica de vida y la del individualismo como convicción teórica. De hecho, en los últimos siglos, en Europa, el individualismo, en ambos sentidos, ha dominado como una clara escuela consistente de pensamiento filosófico. Penetró diferentes sectores de la vida social y en todos ellos dejó marcadas influencias: la filosofía, la política, la pedagogía, la economía... Habría que recordar nombres como Descartes, John Locke, Rousseau, Adam Smith, etc.
En la concepción individualista-liberal, la libertad personal es incuestionable. Es el eje de la vida social. En la vida política y civil los ciudadanos, iguales ante la ley, deberán tener idéntica consideración jurídica e idéntico tratamiento legal. No existen, por ello, en la sociedad, ni la discriminación ni la prebenda entre ciudadanos. Cuando hoy la globalización social ha abierto la frontera de las naciones, este principio es de especial actualidad.
El desarrollo económico, como elemento fundamental, se vincula a la capacidad de los individuos para generar riqueza. El pilar económico es la propiedad privada. Ella regula las leyes del mercado. Deberá, incluso, ser protegida por el Estado, si es necesario, con el uso de la fuerza.
Paralelamente a estas corrientes individualistas, han surgido otras que han intentado atemperar los excesos que sistemas, “exageradamente” liberales, ocasionaron en la vida social. Entre ellas habría que apuntar la importancia revolucionaria de los socialismos utópicos franceses (Fourier y Saint-Simón), el socialismo clásico de Marx y Engels, la social democracia y la vía intermedia -la democracia cristiana- de escasa influencia en la Europa actual. Todos ellos, sistemas, que subrayan total, o parcialmente, el carácter social del hombre. Hay que recordar, sobre todo dentro de la corriente social demócrata, en un sentido amplio, nombres como Adenauer, Benjamín Franklin, Friedman, Ortega y Gasset, Francois Ravel, Stauart Mill, etc.: liberales clásicos en el extenso ámbito de la cultura de Occidente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario