domingo, 18 de mayo de 2008

Lenguaje manipulativo

FERNANDO ESCRIBE
Después de un espléndido fin de semana en Costa Lago, hemos vuelto, Julia y yo, con los ojos coloreados de sangrantes buganvillas, jacarandas malvas y moradas, adelfas rosas, y del loco verdor de las palmeras desmelenándose al viento mediterráneo…El sábado, sentado frente al mar de azul inquieto, mientras leía las mismas noticias en distintos periódicos, estuve rememorando un texto de Freud, de su libro Introducción al Psicoanálisis, donde afirma que “las palabras fueron originariamente magia, y que todavía hoy la palabra conserva su antiguo poder. Que mediante la palabra una persona puede hacer feliz a otra o arrastrarla a la desesperación, que a través de la palabra el maestro transmite los conocimientos o condiciona y modula la mente de sus alumnos, que con la palabra el orador subyuga a sus oyentes y los predispone a determinados juicios y decisiones”. Hoy entenderíamos por “orador” el presentador de T.V., el guía de un programa de radio, o el periodista de las páginas de opinión de cualquier periódico.

Es lo que se ha denominado empleo táctico-persuasivo del lenguaje, una sutil manipulación semántica, que consiste en imprimirle al significante verbal un contenido adicional no definido, muy galvanizado de corriente emocional. La intención de la palabra deja de ser descriptiva y pasa a ser táctica o manipulativa, dirigida subliminalmente a crear una actitud o una reacción a favor o en contra. Un ejemplo muy evidente en política es el de etiquetar a las personas como de derechas o de izquierdas, convirtiendo estos vocablos en arma arrojadiza, lanzada acusadoramente y despectivamente sobre el rostro de los oponentes políticos o ideológicos, con una visión maniquea de película de buenos y malos. Estos términos verbales así manipulados desenfocan el auténtico significado de actitudes y comportamientos políticos y sociales, sustituyendo, con eslóganes huecos, el interés y el esfuerzo por conocer la verdad de la que es portadora cada persona, y de calibrar el valor de sus posicionamientos, necesarios todos e insustituibles para el equilibrio de la convivencia en la polis.

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