lunes, 5 de mayo de 2008

SÉNECA Y LOS “CAMINOS SOBRE LA MAR”

JOSÉ MARIA, escribe:

Lejos y cerca de esa fragancia de la nueva primavera de la que nos habla Fernando, este largo fin de semana lo he dedicado a leer algunos trozos de un filósofo cordobés, a quien Nietzsche llamaba “toreador de la virtud”: Séneca y sus “Cartas a Lucilio”. En su carta XXIV escribe una espléndida, aunque desgarradora, reflexión:

“¿Hasta cuando las mismas cosas? Me despertaré, me dormiré, tendré apetito, me hartaré, tendré frío, tendré calor. Ninguna cosa tiene fin; sino que todas las cosas se ligan en círculo; huyen, se persiguen. La noche empuja al día, el estío termina en el otoño, al otoño le acucia el invierno, que es suplantado por la primavera; así que toda cosa pasa para volver. No hago nada nuevo; no veo nada nuevo; en fin de cuentas, esto da nausea...”

Este fragmento -oda al aburrimiento del devenir del todo, en mi opinión,- nos remite a la ya reiterada “apocatástasis”. Pero el pesimismo que anida en la expresión de Séneca se convierte, para él y, probablemente, también para nosotros, en profunda visión de la futilidad de lo que hay... El cambio de las cosas, que percibimos siempre con una admiración casi infantil y que nos hace indagar por doquier para entenderlo, es sólo una apariencia que habita entre nosotros mismos, porque ha habitado siempre.

En esta línea, he leído, también, la profunda visión de Heráclito, cuando se adelantaba a Empédocles, hablando de las “cuatro raíces” de las cosas:
“El fuego vive la muerte de la tierra; el aire vive la muerte del fuego; el agua vive la muerte del aire y la tierra, la del agua”...

“Todo pasa y todo queda...” decía nuestro poeta... Tendremos que seguir haciéndonos caminos “sobre la mar”, al menos para sentir que caminamos. Como dice Antonio Espinosa es ahí –“sobre la mar”- donde la paz refleja la tranquilidad de nuestra aparente mar serena.

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