jueves, 22 de mayo de 2008

"MÁXIMO-SUBJETIVO"

FERNANDO, escribe:
Nuestro amigo el profesor José Mª, para hacernos comprensible sus filosóficos conceptos, nos ha puesto bajo el microscopio mental, el término “nación”.

La palabra (o monema) “nación” es, en su expresión mínima, una “imagen acústica”, igual que todos los términos compuestos por fonemas. Esta imagen acústica representa un concepto objetivo mínimo (“mínimo-objetivo”, le llama José Mª), pero que despierta en cada persona vibraciones múltiples y multiplicadoras, según sus singulares convicciones, circunstancias y experiencias. Ese mínimo-objetivo que representa la palabra nación, fue originariamente un concepto cultural, que ha ido concentrando en cada persona, o grupos de personas, una diversa “carga vivencial”, que transforma en “máximo-subjetivo” el contenido conceptual del monema nación. Quienes maximalizan políticamente el concepto de nación (cualquiera que sea), que es originariamente cultural e integrador, en sentimiento excluyente, engendran el NACIONALISMO, como “máximo-subjetivo” segregador, separatista, fanático, megalómano, ilusamente elitista y prácticamente racista.

Y yo sigo fascinado, quizás ilusoriamente, ante el pensamiento, excelsamente integrador, del poeta Miguel Hernández cuando, desde la terrible exclusión de la cárcel, comparte con su esposa los sentimientos ante el próximo alumbramiento de su hijo: “Porque la especie humana / nos dieron por herencia, / la familia del hijo / será la especie humana…”

Es una maximización subjetiva del concepto nación, integradora, trascendente, solidaria, acogedora, tolerante, a pesar de las diferenciaciones culturales que a todos –a la especie humana- nos enriquece y enaltece.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tu comprensión de los términos “máximo-objetivo” y “mínimo-objetivo”, empleados en mi anterior entrada, es adecuada, pero llamas “Máximo-Subjetivo”, y no “Máximo-Objetivo” como hago yo, al “monema” dicho, porque tu punto de vista se dirige más al sujeto que comunica que al objeto comunicado. Pones mayor énfasis en la vivencia personal, en la carga histórica que vive en la palabra, que en la palabra misma, como realidad objetiva, intercambiada en la comunicación.
Ese “Máximo-Subjetivo”, tuyo, se refiere más a la vida de la palabra: lo que significa, lo que encierra para el hablante. Por el contrario, al denominar yo “Máximo-Objetivo” a la palabra comunicada, la he objetivado, la he cosificado, la he situado como realidad impersonal intercambiable.
Creo que, en esta búsqueda conceptual, de heurística ajustada, tu conceptualización terminológica es mejor. A la carga subjetiva que conlleva la palabra, la llamas “Máximo-Subjetivo”. Yo, convirtiendo la palabra en puro objeto trasmitido, la llamaba “Máximo-Objetivo”. Filosóficamente, todas las palabras son, en la comunicación primera, “Mínimos-Objetivos”. Su “máximo” sólo viene dado, -en esto llevas razón-, por el sujeto que la comunica, que es quien la carga de significación y de vivencia.