Os contaré –como ya os había sugerido- cuál es, según el maestro Freud, ese tsunami devastador, como dice Antonio, el que arrasa, arrastra, arrebata y arruina las más altas aspiraciones de felicidad…Os reproduzco las mismas palabras Freud:
“Jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos. Jamás somos tan desesperadamente infelices como cuando hemos perdido al ser amado, o su amor.”
¿Habrá alguien que no lo haya experimentado alguna vez? Sin embargo, si algo del amor persiste, si no lo hemos convertido del todo en desamor, en odio, en desesperación, en rabia, en amargura, si queda encendida, entre nuestras manos, aunque sea una pequeña llamarada del amor…entonces, oíd lo que os dice, con su larga barba blanca, el poeta indio Rabindranath Tagore:
“Amor: cuando vienes con la ardiente lámpara del dolor en tu mano, a su reflejo yo puedo ver tu rostro…, y te reconozco como la Dicha”.
“Jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos. Jamás somos tan desesperadamente infelices como cuando hemos perdido al ser amado, o su amor.”
¿Habrá alguien que no lo haya experimentado alguna vez? Sin embargo, si algo del amor persiste, si no lo hemos convertido del todo en desamor, en odio, en desesperación, en rabia, en amargura, si queda encendida, entre nuestras manos, aunque sea una pequeña llamarada del amor…entonces, oíd lo que os dice, con su larga barba blanca, el poeta indio Rabindranath Tagore:
“Amor: cuando vienes con la ardiente lámpara del dolor en tu mano, a su reflejo yo puedo ver tu rostro…, y te reconozco como la Dicha”.
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