domingo, 27 de abril de 2008

José María, escribe

Fernando y Antonio J. me han hecho evocar la figura de uno de los más novelescos personajes de la Edad Media Española: el rey Al-Mu’tamid de Sevilla (1040-1095), que logró conquistar Córdoba y unirla al Reino de Taifas de Sevilla. Mi encuentro con el rey Al-Mu’tamid fue al investigar el origen de Linares, en una obra que publiqué hace unos años (Linares, de Aldea a Villa).

Al-Mu’tamid, intervino en la conquista de Toledo, que hasta ese momento había pertenecido a los cristianos, durante el reinado de Alfonso VI. El hijo de éste, Alfonso VII, que continuó las conquistas de las tierras andaluzas para la Coronade Castilla y, en concreto, el reino de Baiasa (Baeza) donó, algún tiempo después, “illa aldea quae dicet Linares” (aquella aldea que se llamará Linares) al Maestre de Campo de la Orden de Calatrava, Suero Díaz.

Al-Mu’tamid se enamoró y casó con Rummaykiya. Cierto día, Rummaykiya quedó asombrada porque había caído sobre Isbilyya (Sevilla) una inusual agua-nieve. Ante la admiración de su esposa, Al-Mu’tamid le prometió que todas las primaveras volvería a nevar para su deleite. Para ello, el rey plantó en la vega del Wadi Al-Kabir (Guadalquivir, el río grande), gran cantidad de guindos, perales, cerezos, manzanos, granados y mil árboles más que recordaban la belleza blanca de la nieve cuando florecían.

La tradición cuenta que Al-Mu’tamid lo hizo emulando al gran Abderraman III, que un siglo antes para engrandecer a Qurtuba (Córdoba) y, según cuenta la leyenda, para complacer, también, a su concubina al-Zahra, construyó una ciudad, posiblemente, en aquel tiempo la más fastuosa del mundo: arcos de marfil y ébano, puertas de bronce bruñido, mármoles, jaspes, fuentes y acequias, pájaros exóticos. Sin embargo, al-Zahra vivía con melancolía recordando la Iliberis granadina. Sabiéndolo el califa, y para agradarla, puebla con miles de almendros toda la llanura cordobesa (Madinat al-Zahra), para recordar la nieve que al-Zahra había visto cuando niña en los campos de Granada.

Hasta aquí la historia y la leyenda. Al-Mu’tamid poeta, por encima de todo, recreaba en los dos poemas que a continuación transcribo, sus días de gloria y también los días tristes en los que él mismo, que se creía el Elegido (Mahdí, Imán oculto, el león invencible), pasaba sus últimos días en el destierro del Magreb:

--“¿Quién entre los reyes ha llegado a los extremos de este rey valiente? / ¡Largo! ¡Ha llegado a vosotros el reino del Mahdí! / Pedí en matrimonio a Córdoba, la bella, cuando había / rechazado a los que la pretendían con espadas y lanzas. / ¡Cuánto tiempo estuvo desnuda!, mas me presenté yo / y se cubrió de bellas túnicas y joyas. / ¡Boda real! Celebraremos nupcias en su palacio, /mientras los otros reyes estarán en el cortejo del miedo. / ¡Mirad, hijos de puta, que se acerca el ataque de un león / envuelto en una armadura de valor!”.


--“Yo era amigo del rocío, señor de la indulgencia, / amado de las almas y de los espíritus; / mi diestra regalaba el día de los dones, / y mataba, el día del combate; / mi izquierda sujetaba todas las riendas que dominaban / a los corceles en los campos de batalla. / Hoy soy rehén, de la cadena y de la pobreza / apresado, con las alas rotas”.

(Pensaba introducir estas ideas como “comentario” a las entradas de Fernando y Antonio J. Sin embargo, por el interés aclaratorio que el tema tiene os las envío como entrada para todos. Siento que sea excesivamente larga pero sea así en honor de los almendros en flor…)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias José María por recordar tan magistral y rigurosamente, lo que puede recordar vagamente, y con poca exactitud, de una audición, ya lejana, en la radio.