martes, 29 de abril de 2008

Antonio escribe

El tema suscitado es interesantísimo. A veces explico a mis alumnos la cuestión del genoma. Y siempre termino diciendo que somos algo más que genoma. Coincido con Fernando que somos seres en renovación total. Pero también coincido con José María en que "somos viviendo". Nuestros procesos homeostáticos renuevan nuestros tejidos, pero parece que hay uno de ellos, el tejido neuronal, que o no se renueva o lo hace demasiado lentamente. Un alumno me preguntó cierto día que yo explicaba el sistema adrenérgico (la noradrenalina, que en la canción de Guerra toma la expresión de bilirrubina, que es otra cosa muy distinta), ¿por qué no reaccionamos todos de la misma forma ante cualquier hecho externo? (esto significaría que por qué no todos vivimos la misma vida). Y yo le respondí que no somos sólo genoma. Explíquese profesor, me dijo. Cada geneoma tiene la facultad de producir unas determinadas proteínas y éstas forman parte de nuestas células y responde de manera diferente a estímulos iguales. Así, cada vida es diferente a cualquier otra vida, respondí. Entonces, me replicó, yo debería responder de la misma forma siempre que responda al mismo estímulo, y eso no es así. Cierto, repliqué yo. somos algo más que genoma. Y aquí viene el conflicto: unos piensan que si yo soy yo y mis circunstancias; otros que existe el alma (que sería lo mismo que admitir que existe un destino prefabricado para cada uno), otros pensamos que existe la corporeidad y que mi cuerpo tiene la facultad de fabricar mis sentimientos. No es fácil asumir qué es la vida, pero mientras resolvemos qué es la vida, lo importante es vivirla en un quehacer diario que, a veces, será intelectual, otras se transformará en un trabajo, en las más ese quehacer diario tomará el cuerpo de una conversación o de un relato en un blog como este. Finalmente, la vivencia cobrará forma de arroz con bogavante. Lo importante en la vida es que ésta sea multidimensional, que equivale a decir que lo importante de la vida es vivirla. Y lo triste es que muchos humanos no tienen opción a este carácter multidimensional de la vida.
En algún sitio he leído (posiblemente lo he escrito yo mismo) que alguien se definía como "un maniático de la vida". Ser un maniático de la vida es ser un ser afortunado. Y no todos los seres lo son.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me quedé pensando, después de leerte, Antonio, que, frente a la tesis “mecanicista” de la evolución de la materia, que va adquiriendo formas sucesivas hasta generar desde ella la vida, y después la misma materia viviente configuraría forma de conciencia de sí misma (que es la inteligencia), algunos (¿místicos?, ¿espiritistas? ¿visionarios?...) oponen otra tesis: la de la primacía originaria de una forma inmaterial (el espíritu, el pneuma de los filósofos griegos), que se fuera espesando evolutivamente en vibración primero, más tarde en energía, y después en materia animada, la cual evolucionaría en conciencia de sí misma, conformándose en psique, que vehicula al espíritu en forma de deseo: y después, sólo después, el deseo de coger, tocar y poseer se materializaría en las manos; en las piernas el deseo de desplazarse; en sistema óseo el de mantener el equilibrio del organismo material; etc., etc.
Es una teoría no científica, quizás indemostrable o peregrina, pero bella y sugerente.