lunes, 28 de abril de 2008

Antonio escribe

He pasado un fin de semana como siempre y distinto de siempre: a mí me complace ir al mar y eso he hecho. Por eso es igual que siempre. Pero normalmente abro mi ordenador y leo, escribo y miro los e-mails. Este fin de semana no lo he hecho. Solamente he disfrutado de sol y de familia, de un buen arroz con bogavante y del cariño de mis nietos.
Hoy lunes abro el ordenador de nuevo y, a modo de extraña costumbre que adopta más los tonos de una superstición, entro en el Diario Atemporal. Y he disfrutado leyendo vuestro saber histórico. Me ha complacido muchísimo saber de nuestros antepasados. Y me ha arribado a la mente un pensamiento hecho palabra: nuestra lengua fue también modificada por lo árabe. Por ejemplo, en italiano alcachofa se dice "carchofa", sin la partícula "al". Podríamos poner muchísimos otros ejemplos. Nosotros, los del Al-Andalus somos una extraña mezcla de historia -que es nuestro pasado- (y que tan magistralmente habéis retratado en esas pinceladas escritas) y de presente, que viene representado por la tecnología que usamos y los valores en los que creemos. Hace unos días escribí que las fotografías y los sueños "son cosas del pasado". Nadie sueña en futuro y nadie puede obtener una foto de pasado mañana. Ahora debo incluir también a la Historia. Sobre todo a esa historia contada por vosotros tan magistralmente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Antonio: Un escritor brasileño de finales del XIX, que se llamaba Machado (como el nuestro) de Assís (casi como el "poverello" Francisco)dejó escrito que, a su parecer, la felicidad cuando se goza de verdad es en el recuerdo, como cuando enseña a los amigos las fotos que uno hizo en si viaje a Esgipto, aunque en aquel "presente" del viaje hubiera momentos de calor insoportable, de inavasión de mosquitos, y de jauría de niños pedigüeños persiguiéndote. Él afirma que "lo menos malo es recordar" y nos alerta para que no nos fiemos demasiado de la felicidad presente, porque hay en ella siempre -dice con esta metáfora extremadamente descriptiva- "una gota de la baba de Caín".
Antonio, que sigas gozando mientras miras esas fotos familiares junto al mar, y saboreas, en el recuerdo, ese arroz con bogavante que, sin duda, te puso las manos perdidas, pringosa la barbilla y quizás hasta salpicó alguna gota indeleble en tu camisa...

Anónimo dijo...

Jean-Paul Sartre en “Las Palabras” afirmaba que “vivir es crear significaciones”. Y ninguna significación más auténtica que la de dar sentido a lo cotidiano, a lo sencillo, a la rutina de cada día. Un domingo en el que se disfruta del sol, de la familia y se paladea, además, el sabor de un buen arroz con bogavante, es una peculiar manera de vivir la vida. Trasciende la literalidad del acontecimiento. Indica una particular concepción de quien así vive. Y, sin duda, eleva el hecho a categoría existencial.

Los hechos cotidianos, que, numéricamente, podrían ser inabarcables, expresan que “somos viviendo” con lo aparentemente trivial. De esta manera construimos valor. Creamos significaciones, condensando, casi sin pretenderlo, en la sencillez del gesto cotidiano, nuestra peculiar filosofía de la vida. Desarrollamos una excelente y magistral lección en cotidianos gestos rutinarios: en ellos nos trascendemos a nosotros mismos.

Es claro que el mensaje, para que no se pierda con las continuas brisas del momento, ha de ser dicho y entendido por otros. Sólo así será un esqueje fuerte de renovados frutos. De igual manera que el color se reafirma al recibir la luz, la significación de nuestra vida brillará cuando lo sencillo-útil de nosotros se convierta en valor de vida para otros.