Antesdeayer fue el cumpleaños de Julia, y el día 3, el de Julia Victoria. Esta, mi hija, acompasa por aquí, estos días (que acude a cita médica atrasada), sus risas y sus gritos, y lo aprovecharemos para celebrar mañana, en anticipo, sus veintiuno cumplidos. Pensándolas y sintiéndolas a ellas, a las dos, he compuesto unos versos, reflejos del estupor que me desboca la fugacidad vertiginosa de sus sendos años transcurridos…
Te lo vengo diciendo, y no lo oyes, que en el amor
no hay nada: flor de un día (te avisaron),
pelusa blanca a la mar y pelillos al viento,
nido de abandonadas gaviotas
y vencejos…¿qué quiere decir nada?
y vencejos…¿qué quiere decir nada?
Te lo vengo diciendo,
que el amor sólo es eso: fogata deshecha
y apagada, anegada de lluvias,
eco desvanecido en hebras filiformes
con voz de violines, deshilachada,
rumor de caracolas pleistocenas,
ola blanca que estalla en mil espumarajos
contra los acantilados del olvido,
nieve sucia, derretida bajo cualquier pisada…
Te lo venía diciendo: ¿Qué fue de tantas penas
en negros pozos de recuerdos ahogados,
tanto fragor de rosas encendidas,
de ternura espigada al amarillo viento
de la mies y del alma,
de tanto campo dormido en el murmullo de oro
de la luna creciente y colorada.
Te lo vengo diciendo: que es el amor
una centella errante por los cosmos,
que es súbita laguna abandonada,
volcán petrificado, y lágrima en los dedos
que dibujan caricias, las que desangran sueños
en alargados letargos moribundos.
Te lo vengo diciendo:
que es el amor clamor alucinado
de oscuras calaveras, y nudo de verdugo
en la garganta, y pálpito insistente por las sienes
dolidas del alma de la flores..
¿No lo sabes? Que el amor es inocencia de ángeles
caídos, y pecado mortal de los apóstoles
de todas las edades, y estertor de niños perdidos
por los bosques oníricos, y gemido de joven parturienta,
como granos de arroz sobre la tumba
de tantos desengaños…
Que el amor es el alfa fundadora del hélade
y la omega terminal del caos ineluctable
y el más cruel desgarro de la aventura humana,
atávico termómetro que revienta las nubes
y las diluye en aguaceros .
Te lo vengo diciendo: que en el amor
te hiciste, y en el amor se cerrarán tus párpados
en la noche de mi infinita ausencia…
y fue el amor quien alumbró tus días
con sus rosados dedos silenciosos,
y el que azuló tus ojos en las tardes doradas
y el que incendió de sueños tus crepúsculos tristes,
y alucinó con rayos tus tormentas, y apaciguó
tus encrespados anhelos de sosiego…
Que fue el amor, que sí..., ¿no lo sabías?
Te lo vengo diciendo: que sin amor
no hay nada.
2 comentarios:
Efectivamente. Sin el amor no hay nada. Nada.
¿Y qué es nada? Porque es cierto que a pesar de su carencia, respirar se puede seguir respirando, y se puede continuar viendo entre los párpados, y seguir oyendo el murmullo de la vida.
Sin él se puede seguir estando en el mundo, es cierto. Pero a medias. Porque sin él, frente a los ojos de repente se despliega un visillo gris que apaga los colores. Y la vida se convierte en un mero susurro que entra en uno con sordina.
Que nos arrebaten el amor no es morir, pero casi. Arrebatárselo uno mismo no es matarse, pero es mutilarse las entrañas.
Nada es todo a lo que se aspira cuando el amor no se decide a aparecer. O a reaparecer. Nada en mayúsculas, negrita y subrayado, es lo que resta cuando en plena floración se marcha molido a ultrajes y optamos por el vacío en vez de retenerle a nuestra vera.
El amor es presenciar la vida en su plenitud cromática, con toda su armonía. El amor es presencia, es la presencia.
La nada es, pues, ausencia. La ausencia.
Al menos, después de todo esto, algo de provecho surge: la oportunidad de haberle conocido, Fernando. Muchas gracias por invitarme a este rincón que, cual intruso, explora en busca de una verdad recuperada.
Tus reflexiones, amigo José Antonio, portan toda la conmoción de lo auténtico -la Verdad, tu verdad-, y la exaltación de lo doloroso y desgarrante, elevado, por tus palabras de Rey Midas, en belleza y esperanza... No eres un intruso, José Antonio: estás en tu casa.
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