martes, 25 de marzo de 2008

José María, escribe

La última entrada de Fernando me sugiere una reflexión sobre las “miradas” del hombre. Lo objetivo del ser, en nuestra apreciación cotidiana, sólo es apariencia. (Lo he dicho, en otras ocasiones). Y porque, normalmente, sólo percibimos la “patencia de lo que nos rodea”, nos es posible parcelar la realidad con visiones distintas. Vemos las cosas con la dimensión que nos impone no sólo nuestra evolución interior sino también la historia personal que acumulamos en nuestra relación con lo que nos rodea.

Contemplamos, a veces, las cosas con mirada joven, “con alegría infantil”. La visión de lo que nos rodea es deslumbrante entonces, novedosa, única. Gozamos en la “superficie de la vida” y nos sentimos felices en el color radiante que produce el “neón”.

Diferente es la mirada madura, austera, secreta, de “corazón oculto”. Se da en el hombre “asceta”, curtido ya por años, por experiencias múltiples, por culturas e historias, que fueron hegemónicas, pero que ya murieron. Es este el hombre de la “vieja Europa”. No cuenta ya el “instante”. Se desea el logro de la meta estable, la perspectiva única que da auténtico sentido a lo que hay.

Existe, también, claro, otra mirada: la que llega a penetrar lo oculto, insinuado, a veces, en la palabra humana. Es música latente que, como acorde omnipresente y único, revela la belleza de infinitos mundos coralinos, guardados bajo un mar que va y que viene entre su calma y su rumor de olas. Esta mirada sabe superar los múltiples paisajes aparentes y llega a desentrañar el misterio callado, silencioso, pero enormemente bello, que el corazón soporta.

Quizás pretendamos apreciar estas miradas como simultáneas. Pero son sucesivas. Necesarias para madurar. Ninguna de ellas es mejor que las otras. Son, simplemente, miradas complementarias de un hombre que camina... Y el camino se hace de etapas diferentes. El error estaría en creer que alguna de ellas es definitiva y que es capaz de poseer la apreciación exclusiva de lo que es, en su riqueza, múltiple y real.

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