sábado, 15 de marzo de 2008

Escribe Antonio

Queridos amigos José Mª y Fernando:

Ayer tomamos el coche y hoy hemos despertado frente al mar que a mí me gusta llamar "el mar de las esquinas". Aquí casi siempre amanece el día en tonos grises, que borran elhorizonte, una línea que aquí sirve para que agua y cielo se abracen. Dentro de un rato podé ver ese abrazo, cuando el señor sol imponga su fuerza sobre el tímido "taró", una expresión local que define la niebla que viene desde el mar. Me espera un espeto de sardinas, un vaso de buen vino y una ensalada de pimientos para comer, y la fiesta de cumpleaños, de sus cuatro añitos, de mi nieta Gloria.

Reconozco mi debilidad por los amaneceres. Desde mi acristalada terraza hevisto la fuerza de la naturaleza, o su secreto. Muchas veces me hepreguntado, ¿cuál es el secreto de la naturaleza, ese secreto que lepermite durar tanto tiempo si se la compara con los humanos? He llegado auna conclusión que os va a hacer sonreír: a la naturaleza no le agradaestar siempre en primera línea, ella se oculta al menos una vez cadadía/noche; el sol se oculta por la noche y renace con toda su fuerza, lasmontañas desaparecen por la noche, como si tuvieran ojos que sólo ven enpresencia de sol, la luna necesita de la oscuridad para mostrar todo suesplendor pero, con prudencia, se retira cada mañana. Los humanos creo quesomos diferentes. Necesitamos estar siempre visibles. Por eso pasamospronto de moda, por eso nos hastiamos unos de otros. A menos que aparezcala amistad, el amor, o cualquier otra sinrazón desinteresada y generosa.En fin, no os canso más. Que tengáis un felicísimo día y unas magníficasvacaciones.

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