viernes, 14 de marzo de 2008

Fernando escribe

Cuando de regreso a casa después de mi diario trabajo terapéutico, me detengo en el semáforo, en los alargados atardeceres, antes de atravesar al paso de cebra de la amplia Avenida de Vallellano, si levanto la vista, veo, iluminado entre los árboles (¡ay, las jacarandas malvas del parque), el ventanal de nuestro salón encendido y, con frecuencia a Julia, haciéndome señas de bienvenida tras los cristales…
(Y en la pasada Navidad, las luces del Árbol destellando guiños de sus ojos multicolores)

Algún día, esta imagen será recuerdo; y aventará, en el que sobreviva de nosotros, llamaradas de añoranza y de felicidad.

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