En el excelente libro que vengo leyendo estos días, autobiografía de la escritora alemana Claire Goll, cuenta ella que, estando exiliados en Nueva York, el pintor Mondrian, a quien le encantaba esta ciudad, le comentó “con alegría infantil”, después de uno de sus paseos: “Se diría que la gente ha olvidado sus problemas al otro lado del océano. Aquí, nada de vida interior, de drama, de tristeza… Deberíamos vivir todos así, en la superficie de la vida, en la superficie de las cosas. En la vieja Europa, el interior cuenta demasiado, el corazón, las intenciones ocultas, los sentimientos secretos: los hombres quieren comprenderse. Aquí tratan de entender lo que pasa fuera, en el instante. El mundo de mañana será como Broadway, con todas las luces en la fachada…”. (Buena distinción entre comprender y entender)
…Y yo que, por mi profesión, vivo sumergiéndome cada día en los “espacios interiores”, dudo que pueda haber nada más bello, más alucinante, más estremecedor, que ese arrecife de coral que se descubre tantas veces en los fondos del corazón humano (bajo una capa tal vez de deshechos hediondos).
Creo que fue en mi libro A corazón abierto donde confesé que, cuando alguien me ha preguntado alguna vez cuál es la música que más me gusta, nunca llego a más que a esta respuesta: la de la voz humana cuando susurra sus íntimas confidencias. (Será ésta, quizás, mi ‘deformación’ profesional).
3 comentarios:
Por favor: ¿Puedes decir el título de se libro al que te refieres? Me ha resultado la cita interesante y sugerente...
La lectura de esta entrada y su final me han recordado a lo siguiente que estuve releyendo ayer, precisamente:
"Cuando trabajas, eres como una flauta a través de cuyo corazón el susurro de las horas se convierte en música... ¿Y qué es trabajar con amor? es tejer una tela con hilos sacados de tu corazón, como si tu amada fuese a vestirse con esa tela...
Khalin Gibran. El Profeta.
Amigo "anónimo":
El libro se titula "A la caza del viento", publicado por Ed. PRETEXTOS. El apellido que asume la autora es el de su marido, el escritor Yvan Goll. Es este el marido que prevaleció entre otros, y entre el cortejo de admiradores, amigos, acompañantes y amantes (uno de estos fue el poeta Rilke que también lo había sido de la bellísima Lou Andreas Salomé). Esta mujer singular había sido pintada por Chagall, Delaunay y Fernand Léger.Fue testigo excepcional de un mundo en entreguerras, manteniendo relaciones personales con James Joice, Malraux, Esnstein, Jung, Picasso, Breton, Dalí y Gala, Kokoschka, Cocteau, Stefan Zweig... Consideraba a las feministas como "guerrilleras antimasculinas", pero se sentía dichosa y privilegiada por ser mujer.
Me gusta, Antonio, compartir lecturas contigo.
Publicar un comentario